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Policiales
09 | 10 | 2011
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Andrea Pajon, el femicidio que conmovio al pais

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Por PAULO KABLAN

Andrea Pajon, el femicidio que conmovio al pais
La profesora Andrea Pajón fue asesinada en agosto de 2008.
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Por PAULO KABLAN    
pkablan@dpopular.com.ar

Hay casos policiales que se transforman en puntos de inflexión para la sociedad. Uno de ellos fue el crimen de Andrea Pajón, la profesora de 39 años que pidió ayuda, imploró y anticipó su propia muerte, sin que nadie la escuchara. Sólo sus familiares más directos presentían lo que, inexorablemente, terminaría sucediendo el 27 de agosto de 2008: dos sicarios, contratados por su ex marido Claudio Sartal, la sorprendieron cuando salía de su casa de Castelar, la tiraron al suelo y la ejecutaron.
Sartal, que llegó en libertad al juicio oral y público, fue finalmente condenado a perpetua y detenido en los Tribunales de Morón. Fue sentenciado por ser el instigador del asesinato de la profesora Pajón aunque, hasta hoy, no han podido dar con los sicarios, por lo que la investigación continúa abierta.
Para entender este flagelo, sólo alcanza mencionar algunas estadísticas: el año pasado se registraron en Argentina 260 femicidios, lo que implicó un aumento del 12,5 por ciento con respecto al año 2009 y son 850 los casos en los últimos tres años y medio (ver pág. 16). Se los denomina de esa manera, o femicidio, a una de las formas más extremas de la violencia hacia las mujeres: es el asesinato cometido por un hombre de una mujer a quien considera de su propiedad.
En los últimos meses de su vida, Andrea la pasó muy mal. Vivía con miedo. Sus padres, su nueva pareja y sus dos hijos tenían pánico. Sartal, desde la separación, los amenazaba permanentemente. El hombre, como tantos otros que terminaron matando, estaba obsesionado con una demencial premisa: “sos mía o no sos de nadie”.
Aquella trágica mañana de agosto de 2008 faltaban sólo 15 días para la audiencia judicial que se había establecido para poner punto final a la unión conyugal entre Sartal y Pajón. El hombre, además, sabía que tenía que compartir sus bienes con su ex mujer, por lo que se sospecha que ese fue el móvil del asesinato: resultaba más “económico” pagarle 10.000 pesos a unos sicarios que entregar la mitad del dinero y propiedades.
Las peleas en el matrimonio habían sido una constante. Ella, docente en el colegio Jesús Maestro de Castelar, estaba harta de esa vida. Una vez, cuando aún convivían, Sartal efectuó un disparo en el colchón de la cama matrimonial, en la que ella estaba recostada. Pero con la separación de hecho, la violencia fue creciendo. A cada agresión, Andrea presentaba una denuncia, que no llegaba a nada.
El 22 de setiembre de 2007, Andrea fue a retirar algunas cosas de la casa que había compartido con Sartal, en La Matanza. Ya llevaban casi un año separados. En esa oportunidad, tal como la mujer lo denunció en la comisaría de San Justo, él le dijo “te voy a matar, sos una hija de puta. No te la voy a hacer fácil, sé dónde vivís y tené cuidado porque voy a ir a hacer quilombo. Siempre fuiste una prostituta y ahora seguro tendrás varios tipos”.
Andrea, en febrero de 2008, se tomó unos días de descanso. Viajó con su nueva pareja a Gualeguaychú, en Entre Ríos. Y al llegar, se dio cuenta de que no estaban solos. Sartal los había seguido en un auto. También lo denunció. Pero, una vez más, el pedido de ayuda a la Justicia y la Policía no tuvo respuesta.
Andrea salió de su casa de Pasadores 3.600 del barrio San Juan, en Castelar. Iba con su hijo menor. El destino era el colegio. Ahí fue abordada por dos hombres, que la tiraron al piso y la balearon en la cabeza, para luego escapar sin llevarse nada de valor. Luego de 32 horas de agonía, falleció en un hospital.
En el velatorio, tanto el hijo mayor como sus familiares más directos culparon a Sartal por el asesinato. El hombre acusado, al ser consultado, declaró que a esa hora estaba en su casa, lo que era cierto. La investigación por el crimen recayó en el fiscal de Morón Marcelo Tavolaro, quien siguió todas las hipótesis posibles, pero siempre llegaba al mismo punto: el conflicto era con el marido, aunque en los primeros meses no lo pudo probar.  Fabián Duran tenía 45 años y era la nueva pareja de Andrea. Era el hombre que la acompañaba y, junto a ella, soportaba los constantes embates de Sartal. Estaba enamorado y se llevaba muy bien con la docente. El crimen atroz fue un golpe que jamás pudo superar, lo que lo mantuvo inmerso en una profunda depresión. Salía muy poco de su departamento de Berutti al 400, en Morón.
Seis meses después del asesinato, Fabián fue encontrado muerto, en su cama. El informe de la autopsia determinó como causa del deceso “edema pulmonar”. En la mesa de luz había cajas de medicamentos que el hombre consumía para paliar la depresión. Fue una víctima colateral del crimen.
Un año después del homicidio, Paula Silveyra, que había sido pareja de Sartal, se presentó en la fiscalía del doctor Tavolaro. Y contó que, en una discusión con su ex pareja, éste le reconoció haber mandado a matar a Andrea. Y además, ella aportó el nombre del presunto sicario, un tal Gaby. Se trataba de Gabriel Varas, un empleado de una casa de metales, propiedad de Sartal.
Sartal y Varas estuvieron un tiempo presos, aunque llegaron en libertad al juicio oral que se realizó este año y que estuvo a cargo del Tribunal Oral 3 de Morón, cuyos jueces finalmente encontraron culpable al ex marido de Andrea Pajón, aunque absolvieron por falta de pruebas al presunto sicario. Al analizar el expediente, los jueces Bonanno, Lafourcade y Rivera tuvieron en cuenta una serie de testimonios, especialmente los dichos de los hijos, la madre, el hermano y amigos de Andrea Pajón.
El crimen de la profesora Pajón está parcialmente esclarecido. Se sabe que la mandó a matar su ex marido, quien había anunciado en varias oportunidades “o sos mía o de nadie”. Pero aún están libres los sicarios que cobraron para matar.
El drama de Andrea Pajón, como tantos otros casos similares, terminó en un asesinato porque nadie escuchó los pedidos de quien sería la víctima. Ella sabía que la iban a matar, pero nadie hizo nada para frenar el demencial plan.

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