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01 | 02 | 2012
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Costumbrismo argentino

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el camarin

Costumbrismo argentino
Costumbrismo argentino
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El historiador, médico psiquiatra y dramaturgo Pacho O’Donnell se abandona abiertamente a la comedia costumbrista con El Arco de Triunfo, que apunta a analizar el espíritu nacional, y que con dirección de Daniel Suárez Marzal acaba de estrenarse en el teatro porteño Regina-Tsu.
Con la idea de analizar aspectos de la realidad argentina, el autor fija fechas precisas para el devenir de sus personajes, y el año 2001 como el de partida a Europa de un joven (Nacho Gadano) en busca de mejores oportunidades. La obra comienza cuando el hombre vuelve, aparentemente en la actualidad, ya que sus padres (Ana María Castel, Miguel Jordán) afirman que todo se está encarrilando en el país, aunque no hay mucha referencia a la hecatombe social que vive el Viejo Continente.
Todas son grandezas en el relato del recién llegado, que afirma tener una empresa en desarrollo en París y que su mujer ocupa un lugar importante junto a un empresario estadounidense, mientras sus padres y un amigo (Ariel Pérez De María) lo halagan e intentan tender cabos hacia él. Hay también una novia de barrio (Victoria Onetto), toda voluptuosidad y franqueza, que debería ser su verdadero cable a tierra y cuya figura misteriosa -¿acaso la conciencia del emigrante?- es un oasis frente al tratamiento verista del total. Si bien el autor ya utilizó un humor sesgado en obras como Escarabajos o Lo Frío y lo Caliente, cuya impronta era otra, aquí incursiona en el diálogo llano y expositivo que se emparenta con piezas como Made in Lanús, de Nelly Fernández Tiscornia.Allí también había tensiones entre los que volvían y los que habían permanecido en el país como una forma de dilucidar la elusiva identidad nacional que la Argentina viene persiguiendo desde su origen como patria.
Aunque todos festejan y suponen vivir en el mejor de los mundos -aquí todo mejora y allá no habrá crisis que logre demoler 2.000 años de historia-, algo se desliza en forma inquietante, pese a los juegos repetidos entre los amigos y los tangos que intentan recuperar algún pasado venturoso.
Se sabrá de algunas cosas que no salieron como se quería: que el tío magnánimo que iría a recibir al muchacho en Europa no estaba en las mejores condiciones de hacerlo y que la pujante empresa del argentino se reduce a un negocio honesto pero poco glamoroso.
Lo que pasa con el texto es que todo ya parece haber sido visto y oído, por lo que el camino elegido es el del costumbrismo más televisivo -aunque hay heterodoxia en la escenografía de Sol Boleggui y María Eugenia Cerrato- y la búsqueda de una complicidad con el espectador que, hay que sincerarse, no tarda en llegar.
Se nota, sin embargo, algún resbalón en el diseño de los personajes secundarios, con unos padres que nada cuestionan del exilio de su hijo y que cobran carnadura sólo por el empeño y el oficio exhibidos por Castel y Jordán.
Hay también oficio en el trabajo de Suárez Marzal, que debe luchar contra las excesivas entradas y salidas de los personajes, y se nota un gran esfuerzo -positivo- de Gadano por escapar a su perfil televisivo. El Arco de Triunfo se ofrece en el teatro Regina-Tsu (Santa Fe 1235) de jueves a sábados a las 21 y domingos a las 20.

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