Dos jóvenes sobrevivientes y sus familias, que claman por justicia y más compromiso con la violencia de género, protagonizan sendas historias cargadas de dolor y emoción. Mientras, los femicidios siguen en aumento.

El dolor, incrustado en los ojos, la piel y el corazón. Se siente, también, cuando hablan y cuentan el horror. Son los familiares de dos mujeres jóvenes que luchan por vivir, víctimas del fuego. Romina Olivera y Macarena Alba tienen historias parecidas, y un presente común: ambas se encuentran internadas en una clínica de Lomas del Mirador, a la que llegaron de emergencia tras sufrir la violencia machista en una de sus expresiones más atroces.
Por fuera, ya no son lo que eran, tampoco lo serán; sin embargo lograron evadir la muerte. Una logró salir del coma, y hasta pudo declarar; la otra sigue peleando sin descanso, todavía inconsciente pero con pronóstico estable. Entre las dos, antes de ser brutalmente atacadas, contabilizan 10 denuncias policiales por palizas. Nadie las escuchó. Son las sobrevivientes del odio, el mismo que perpetra un femicidio en Argentina cada 31 horas.
Gerardo Olivera y Teresa son los padres de Romina, una chica de 27 años que el 23 de marzo fue salvajemente golpeada en su casa de José León Suárez por su pareja, Marcos Cortez, tras lo cual resultó rociada con alcohol y posteriormente prendida fuego, causándole heridas gravísimas.
La chica es sometida a tres intervenciones quirúrgicas por semana. Lleva más de 30 desde que llegó a la Clínica del Buen Pastor, que cuenta con un destacado grupo de especialistas en quemaduras. “Está luchando, tiene sus momentos. Pero es fuerte”, dice la madre, en diálogo con DIARIO POPULAR, a metros del cuarto donde Romina descansa, tras una extensa curación.
Cortez, el agresor, estuvo prófugo casi un mes, hasta que fue cercado por la policía. “Nos dicen que le pueden dar una condena importante, a lo sumo 15 años. La verdad es que le deseo lo peor. Ahora estoy calmado, porque Romi mejoró un poco. Pensamos que se moría. Todavía le falta, pero ya habla, empezó a comer y se incorpora.
La policía trabajó muy bien después del ataque, estamos agradecidos con la DDI San Martín. El problema es antes, porque fueron ocho denuncias, y nadie hizo nada”, relató su papá Gerardo, que vive en Pilar, es remisero, y todos los días se traslada hasta La Matanza para seguir de cerca la evolución de su hija.
“Hay mucho por hacer con la violencia que ejercen los hombres golpeadores. Lamentablemente, viví todo este proceso con Romi hasta que le pasó esto. Mil veces le dijimos que se alejara de esa relación, que iba a terminar mal. Pero siempre volvía. Por una u otra razón. No pudo salir del círculo, creía que cambiaría. El año pasado, este mal nacido le dio una paliza increíble, estuvo internada una semana. Ahí me la llevé para mi casa, la cuidé, con todo lo que tengo, pero a los cinco meses se fue de nuevo, volvió con el mismo tipo. En esta pelea estuvimos solos, si hasta hay denuncias, pero nadie se ocupa como debe ser”, dijo Gerardo.
Romina actualmente pesa 40 kilos. Su mamá Teresa muestra, conmovida, las fotos de las eridas en su celular. Una en particular, con la joven sentada, y las aberrantes marcas de las quemaduras, es desgarradora. “Le hacen injertos, muchos los rechaza, y tienen que empezar de nuevo. Es impresionante lo que hacen los médicos, y ella que tiene la valentía de seguir adelante.Sus hijas la esperan, la quieren ver bien. Viene para largo este proceso Además está el tema psicológico, que también es complicado”, dijo Teresa En el mismo lugar, se encuentra también internada Macarena Alba, una maestra rural de 33 años, que el 2 de junio padeció quemaduras con fuego en la mitad de su cuerpo, durante una pelea con su pareja en General Rodríguez. “Tiene heridas de distinto grado. Con las imágenes 3D surge que las peores ocupan el 28% del cuerpo, pero en total es de 45%”, explicó Ezequiel, hermano de la mujer.
“Somos varios hermanos, y hacemos lo que podemos. Maca ya no volverá a ser la de antes. Estuvo muy mal, al borde de lo peor, pero le cambiaron la medicación y se estabilizó. Aún sigue inconsciente, no habla, pero ya balbucea”, agregó.
“La justicia no hace nada, el tipo ni siquiera está imputado. Hasta viene a la clínica y nos amenaza. Es muy duro. Maca tiene tres hijos. Uno con una pareja anterior, que está con su papá. Los más chiquitos están con nosotros. La justicia nos dio la guarda, y un cerco perimetral para que el padre no se acerque. Pero al mismo tiempo lo dejan que venga a la clínica. Es una vergüenza. Mi hermana no se quemó sola, no se quiso suicidar. Este tipo le tiró laca y la incineró. Los químicos le causaron estragos en su piel, y el humo aspirado le arruinó los pulmones. Hicimos dos denuncias por violencia de género antes de que pase esto. Pero tampoco surgió la ayuda”, dijo Ezequiel, que también posee en su teléfono fotos de su hermana, en su estado presente, sin cabello, dormida, con la asistencia de un respirador. Pero viva. Y, al igual que Romina, luchando.
El drama de Romina
Romina Olivera tiene 27 años, dos hijas, y fue atacada con alcohol y fuego el pasado 24 de marzo, en una vivienda de José León Suárez. Por el hecho, el agresor, su pareja, fue detenido un mes después, tras permanecer prófugo de la justicia. El sujeto, Marcos Cortez, tiene un largo historial de golpizas a la joven. Incluso, antes del último ataque, había sido denunciado en ocho ocasiones. Está acusado de homicidio en grado de tentativa y lesiones graves.
Macarena sigue inconsciente
Macarena Alba tiene 33 años, y sufrió quemaduras en casi la mitad de su cuerpo, con heridas gravísimas concentradas en el pecho y la zona genital. Está inconsciente desde el 2 de junio pasado, con respirador artifi cial, aunque ya balbucea. La familia de la víctima apunta como responsable a su pareja, sin embargo aún la justicia no lo imputó. Es madre de tres chicos, que fueron testigos del brutal episodio. La mujer había realizado dos denuncias por violencia.