A diferencia de otros alimentos de origen animal, el pescado contiene ácidos grasos poliinsaturados en cantidades comprendidas entre un 25%-45% en los pescados, de un 40%-50% en los crustáceos y de un 30%-45% en los bivalvos (porcentajes referidos a ácidos grasos totales).

Entre
ellos se encuentran el ácido linoleico, de la familia omega-6 y los
ácidos EPA (eicosapentanoico) y DHA (docosahexanoico), de la familia omega-3.
El pescado también contiene ácidos grasos monoinsaturados y, en menor proporción, saturados.
Los pescados, y en especial algunos mariscos (crustáceos, calamares y similares), poseen cantidades significativas de colesterol, localizado principalmente en el músculo, el bazo y sobre todo en el hígado. No obstante, estos alimentos no aumentan los niveles de colesterol en sangre, a diferencia de otros alimentos ricos en colesterol, gracias a su elevada proporción de grasas insaturadas.
El consumo de pescado azul puede resultar beneficioso para aliviar los síntomas de enfermedades inflamatorias como la artritis reumatoidea. Por otra parte, en un estudio epidemiológico, recientemente Valores bajo el agua.
El contenido de proteínas en pescados y mariscos es del 15-20%, y en el caso de los pescados azules y crustáceos superan el 20%.
Del mismo modo que sucede con las proteínas presentes en las carnes y en los huevos, las del pescado se consideran de alto valor biológico porque contienen
todos los aminoácidos esenciales que el organismo necesita en cantidad y proporción adecuadas.
El pescado presenta un contenido vitamínico alto. Posee diferentes vitaminas del grupo B como B1, B2, B3 y B12, y vitaminas liposolubles, entre las que se destacan la vitamina A, la D y, en menor proporción, la E.