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02 | 07 | 2012
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Había una vez un potrero

Claudio Destéfano
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Por Claudio Destéfano


En su columna de hoy, Claudio Destéfano añora esos potreros que, al igual que todo lo referido al deporte, se ha modernizado hasta volverse irreconocible.

 Había una vez un potrero
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Como el viejo potrero de barrio se transformó en torre habitacional o playa de estacionamiento, el tradicional canchero que dejó de hacer progresar sus bíceps ni bien cambió la cortadora de mano por la que consume gasoil, ahora huele en el ambiente que tendrá que empezar a bucear en Google de qué se trata el césped sintético que, como la zambita andariega, viene llegando. Cuando hoy nos decidimos por la práctica de cualquier deporte, del fútbol al tenis, del golf al running, de manera imperceptible estamos alcanzados (y por qué no avanzados) por frenéticas e incesantes innovaciones tecnológicas, tanto sea en el calzado elegido, en la raqueta adoptada, los palos de golf seleccionados y ni que hablar de las prendas que se llevan en el bolso.

En el fútbol tal vez se observa con mayor claridad, cuando a los coleccionistas se les cae un lagrimón al ver un “manto sagrado” de piqué y números de pañolenci, y los adolescentes adictos a la Play solo conciben camisetas elaboradas con botellas de plástico reciclado que protejan no solo su propio arco, sino también el Medio Ambiente. Incluso, hasta en todos estos casos, el usuario final puede tener, sin saberlo, algún elemento que pudo haber sido utilizado hasta en el mismo transbordador espacial, como por ejemplo las fibras de Kevlar.

La pilcha no es lo de menos”, dicen ahora los que juegan, pero el césped sintético no escapa a esta premisa y fue, en los últimos años, uno de los productos usados en el deporte con la mayor cantidad de incorporaciones tecnológicas. Sportlink International es una empresa de origen brasileño que puso un pie en la Argentina con sus campos de césped sintético. Y no fue con chiquitas, pues hizo pata ancha con el campo de entrenamiento de Boca Juniors, el único equipo del país que logró la máxima catalogación de la FIFA, y está en negociaciones para instalar el césped en otro de los grandes clubes del país.

Hace un tiempo ya, la institución que preside Joseph Blatter desarrolló el “FIFA QUALITY CONCEPT FOR FOOTBALL TURFT”, un programa que garantiza las mismas condiciones de juego para una superficie artificial. Y tener esa aprobación implica que Boca, en el césped artificial que tiene en Casa Amarilla, esté en condiciones de desarrollar cualquier tipo de competencia oficial, con validez internacionalmente reconocida. Entre los clubes que tienen campos de entrenamiento con césped artificial figuran el Bayer Leverkusen y el Borussia Dortmund en Alemania, el Parc des Sports en Francia, el Cremonese en Italia, Atlético Nacional de Medellín y el Complejo Uruguay Celeste en Montevideo, entre otros. Aldo Chelo, Director General de Sportlink Argentina cuenta que es vital la homologación de la FIFA de campos de fútbol “1 STAR” y “2 STAR” (éste último tiene el club de la Ribera), porque de esta manera se observa que el avance en el suelo tiene el cielo como límite, debido a que la misma Federación que rige los destinos del fútbol mundial convalida sistemas como el Infill System, que consiste en algo tan simple como el llenado de gránulos de caucho, entre las fibras del césped sintético, obteniendo así una superficie que presenta una gran semejanza a la del césped natural, asegurando un pique de la pelota en el campo de juego de gran calidad y confort para los participantes.

Un mes atrás, aunque varios jugadores top hicieron pucherito, el rumano Ion Tiriac logró demostrar en el Master 1000 de Madrid que se puede poner en cancha polvo de ladrillo azul, en el laboratorio de Penalty se está desarrollando una pelota de voley que suena cuando pasa la línea de juego (una especie de Ojo de Halcón, pero en el mismo balón) y cada vez con mayor velocidad empieza a ganar espacio el césped artificial, que ya es moneda corriente en mundiales juveniles, en el soccer estadounidense y en varios países en el mundo. A los cancheros, por lo que se vislumbra, no les quedará otra que mejorar sus bíceps en el gimnasio del club, y pispear las nuevas tecnologías de las carpetas sintéticas que, por un lado,  están a la vuelta de la esquina y, por otro, que implicarán un mantenimiento tan distinto como eficiente.

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