Se lastimó la rodilla izquierda y tuvo que salir a la media hora del primer tiempo, el uruguayo Sebastián Sosa debió ingresar a las apuradas y sufrió dos goles en los cuales no tuvo responsabilidad
Son cosas difíciles de imaginar en un partido y menos, en una final como esta. Pero lo cierto es que Agustín Orón fue a cruzar una pelota y tuvo un desgraciado incidente, al chocar con Leandro Somoza.
A partir de allí, se lo vio con claros signos de dolor en su rodilla izquierda por lo cual, tuvo que ser atendido durante un par de minutos, intentó seguir y le tocó afrontar un tiro libre, muy cerca del área y en línea recta que no arrojó consecuencias.
Pero apenas pasada la media hora, se dio cuenta de que no podía seguir y pidió el cambió. En los primeros hombros en los cuales se refugió, fueron en los de Juan Román Riquelme y allí ya no pudo contener el llanto y después, recibió una palmada de parte de Pablo Mouche.
Claro, quedaba afuera nada menos que en la gran nal. Luego, cuando fue al banco de los suplentes, se abrazó primero con Julio Falcioni y luego, alternativamente con Omar Píccoli, Javier Sanguinetti, el profe Otero y Néstor Lo Tártaro, justamente el integrante del cuerpo técnico con el cual el trabajo de Orión está más relacionado, ya que es el entrenador de arqueros. El resto del primer tiempo lo vivió con las huellas del llanto que había surcado su rostro y se fue con una bolsa de hielo cubriendo su rodilla izquierda.
Se jugó una carta. Le había llegado rápida e inesperadamente la chance a Sebastián Sosa quien ya había jugado la final de la edición del año pasado de la Copa Libertadores.
En eso tuvo mucho que ver el destino, ya que el préstamo del uruguayo había vencido el sábado pasado y de común acuerdo con los dirigentes, decidió prolongarlo hasta el día de ayer con lo cual, se jugaba una carta importante de cara a la renovación.
En la primera que tuvo que intervenir, no llegó a cortar un centro por bajo de Joao Henrique y luego, no tuvo problemas en controlar un remate recto de Alex.
Para completar el suspenso, antes de comenzar el segundo tiempo, se tuvo que cambiar los pantalones, al advertir el juez que no eran de color gris, tal como se había acordado antes del cotejo. En los goles, no tuvo nada que hacer.
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