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13 | 07 | 2012
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El reloj de Federer y el raquetero de Murray

Claudio Destéfano
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Por Claudio Destéfano


El torneo de Wimbledon, cuyos organizadores son un tanto reticentes a dejar entrever a sus sponsors, también es objeto de la competencia entre las marcas por aparecer allí.

El reloj de Federer y el raquetero de Murray
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Roger Federer y Serena Williams fueron los de las sonrisas del final en una nueva edición de Wimbledon. Pero una vez más (como tantas, por no decir todas) el torneo no pasó inadvertido para la competencia de las marcas.

Mientras los jardineros en este mismo instante preparan el césped para los Juego Olímpicos, el eco de algunas movidas marketineras que funcionaron, y las que fueron penadas, aún resuenan en las gradas del All England. Con el correr de los años, los ingleses han logrado que Wimbledon tuviera para los tenistas el mismo halo de magia que Royal Ascot para los burreros finos, Twickenham para los amantes del rugby, y ni que hablar de Wembley para los futboleros.

El resultado es conocido. Federer, con la pipa en el pecho y empuñando una Wilson (tiene firmado un contrato de por vida con el suizo), pudo más que la Head de Murray (marca que que diseñó raqueteros exclusivos para sus jugadores que estuvieron en All England), y las tres tiras de Adidas, que intentó con el escocés ganar su primer Wimbledon desde Edberg en 1990

Pablo Quirno, un verdadero especialista en detectar la vinculación del tenis (su pasión, además de River) con las marcas, asegura que la facturación de Wimbledon es un secreto tan bien guardado como la fórmula de la Coca-Cola. “Como Wimbledon se juega en un club privado, no está obligado a dar cifras de sponsors. Por otra parte, es el Grand Slam que menos sponsors y estática muestra en cámaras. Recién en los últimos años los organizadores fueron un poquito más flexibles, y dejaron que se vean por las pantallas de televisión algunos sponsors como Rolex, el reloj en la cancha central, Slazenger en chiquito en las lonas de atrás y Evian, que no tiene estática en el campo de juego, pero se ve a los jugadores tomar el agua que sacan de una heladera detrás de la silla del umpire”, agrega Quirno.

A eso hay que agregar en los  últimos años a Ralph Lauren, que diseña los uniformes de los ballboys (lucen el caballito grande) y los jueces de silla y línea (que no lo lucen), siempre respetando los colores del club y del torneo que son el verde y el violeta. Tampoco se ven marcas en los cajones de los jueces de línea como el que patearon de bronca David Nalbandian en Queens (Nike) o Nole Djokovic en Roland Garros (Perrier). Esa “invisibilidad” en TV no deja que Wimbledon se quede con las manos vacías, a tal punto que las famosas  frutillas con crema que son tradición en el VIP de Wimbledon, ahora se maridan también con helado Haagen Dasz.

Aunque parecen imperceptibles, Wimbledon también tiene proveedores oficiales de seguridad (G4S), transporte (Hertz), soporte informático (IBM), champagne (Lanson), vino (Jacob’s Creek), banco (HSBC), café (Lavazza) y hasta a Sony como socio en 3D. El patrocinador más antiguo es Slazenger, que desde hace 109 años provee de 52.000 pelotas para cada edición del aristocrático torneo. Un caso de sponsor “ciego” es ESPN, que tiene los derechos de transmisión para todo el mundo de los torneos de Grand Slam.

Por supuesto que hay otras marcas que se “aprovechan” de la tradición de Wimbledon y sacan vestimenta para sus jugadores para el torneo. “En los ‘80, Fila hizo la clásica remera a rayas azules y cuello verde para Borg, mientas en Roland Garros usaba la de rayas azules con cuello rojo”, rememora Quirno. Ahora Nike diseñó toda la vestimenta de Roger Federer alusiva a Wimbledon: las remeras tenían delicados toques de verde y violeta como el suéter cardigan que usó en la ceremonia del final.

Así y todo con esta política de tradición o prestigio y bien lejana de canchas repleta de estática, Wimbledon sería el torneo que más factura de sponsors. Al menos eso refleja un estudio publicado por Sports Illustrated en 2009, donde aseguran que los ingleses juntan (con pala) cerca de 100 millones de dólares, versus 60 del US Open y 30 del australiano. “Es muy interesante cómo se financia el All England”, asegura Quirno, que en su vida profesional es especialista en mercado de capitales. “Ellos emiten bonos, cuyo ‘interés’ lo pagan ¡con entradas a Wimbledon!”.

Dos cosas curiosas no pasaron inadvertidas para el tercer ojo del marketing deportivo: a) a Serena Williams (ganadora de Wimbledon 2012) le hicieron chas-chas en la colita porque fue a una conferencia de prensa con una Gatorade cuando Evian es la bebida oficial del torneo, y b) Roger Federer se puso el Rolex para levantar la copa de campeón, y si bien Murray es embajador de Rado, a su novia en la platea se le veía la coronita de Rolex Explorer II toda vez que se tapaba la cara por un punto perdido por su chico.

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