El nuevo disco de Scissor Sisters. La banda volvió a dichas fuentes, con falsetes incluidos, y con su primer álbum hizo bailar hasta las momias.

Desde que Scissor Sisters editó su homónimo álbum debut allá por 2004, cada nuevo trabajo fue tomado con singular expectativa. Primero fue la versión de Comfortably Numb, de Pink Floyd, incluida en aquella placa, la que los hizo sonar por todos lados. ¿Qué tenía de nuevo esta banda neoyorquina poco profeta en su tierra y con un arrollador éxito en el Reino Unido?. Nada. Todo lo que ofrecían ya se había hecho: esa combinación de sonidos retros, música disco, glam-rock, pop y funk ya había sonado fuerte en los ´70, con figuras como Bee Gees y Donna Summers, como estandartes.
Scissor Sisters volvió a dichas fuentes, con falsetes incluidos, y con su primer álbum hizo bailar hasta las momias. Amplió la oferta con la edición de Ta-Dab, en 2006 y apadrinados por Elton John (colaboró en el hitazo I Don’t Feel Like Dancin) las “hermanas tijeras” se convirtieron en la banda de sonido de cuanta fiesta (esto mucho más allá de cualquier inclinación sexual) existiera. Elogios de la crítica, ganancias millonarias y varios premios aparecieron en su camino hasta que la salida de Night Work, en 2010, echó mucho de lo conseguido al cesto de la basura.
Pero como un paso en falso lo puede tener cualquiera, una vez más la expectativa se renovó cuando se supo que Magic Hour estaba por ver la luz. Concretado el lanzamiento de este cuarto trabajo, que incluye bonus tracks remixados y un DVD con Jack Shears explicando corte por corte más un “detrás de escena” de canciones como Only The Horses y Baby Come Home -dos de los mejores temas del disco, los más bailables y aquellos que recuperan la diversión asegurada de los primeros tiempos-, Scissor Sisters sube la apuesta pero vuelve a quedar a mitad de camino entre la satisfacción garantizada de los comienzos y el fiasco que significó Night Work.
Desde la banda surgió una idea que terminó por mezclar las cosas: convocar a un seleccionado de productores estrellas (Calvin Harris, The Neptunes, Pharrel William y el alemán Alex Ridha, entre otros) para darle el “filo” que habían perdido. Lo cierto es que el disco es como un sube y baja. Una vez más son las canciones bailables (Only The Horses, Baby Come Home, Inevitable) las que posicionan a la banda en su mayor esplendor.
San Luis Obispo es una canción suave con aires hawaianos y Shady Love -elegida single de difusiónnace como un rap y muta en un tema pop bailable con la voz de la cantante invitada Azealia Banks. The Secret Life Of Letters es una cálida balada al piano y Somewhere un tema pop hiperpoblado de sintetizadores (están presentes en casi todo el disco). Magic Hour flaquea cuando la banda se arriesga a la experimentación (Let’s Have a Kiki) o en ese híbrido llamado Keep Your Shoes On. La cantidad de manos puestas sobre la producción le jugó en contra. Tal vez sea tiempo de “afilar las tijeras” como corresponde, para no tener que elogiar siempre a Scissor Sisters como la banda que versionó alguna vez aquel viejo clásico floydiano.