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27 | 07 | 2012
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Vino: la bebida nacional guarda secretos

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El vino está unido a la historia de la humanidad, a su desarrollo, a sus crisis y a sus creencias. Como ofrenda, como poción o como símbolo, acompañó siempre a las religiones, y aún se mantiene vigente

Vino: la bebida nacional guarda secretos
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Para casi todos los pueblos de la antigüedad, el vino tenía un origen divino. Posiblemente, esta relación con la divinidad estuviera dada porque al fermentarse solo, vieran en ello un atisbo mágico, digno de los dioses. Esta concepción sobre el origen del vino como algo milagroso le ha permitido unirse, irremediablemente, con las creencias, con la mitología, con las religiones desde épocas remotas.

El desarrollo de la vinicultura inicia casi junto con los comienzos de aquellos seres del origen que, al volverse sedentarios, dan inicio a la agricultura con diferentes cultivos, entre ellos la vid. La historia da cuenta de que las bebidas fermentadas se han utilizado en actos rituales religiosos desde tiempos inmemoriales. Parece que en el principio facilitó los primeros contactos del hombre con los dioses. Gracias al estado alterado provocado por estas bebidas, cierta embriaguez, les brindaba un estado de éxtasis impreciso, que los acercó a la sensación de una presencia superior.  Chamanes y hechiceros velaban por estos acercamientos. Sacrificios, celebraciones e incluso el culto a los muertos eran coronados por el vino.

Después de este contacto con la divinidad, el hombre comenzó a pensar que el vino, entonces, era un regalo de los dioses. En el antiguo Egipto se creía que el proceso de elaboración del vino había sido dado por Osiris. Para el 2700 a.C., los sumerios tenían una diosa llamada Gestín, que parece quiere decir “madre cepa”. En Fenicia, una tabla escrita nos cuenta que de ofrendas se trataba al partir el pan y derramar vino frente a un altar.

Los griegos tenían un dios para cada cosa, eran politeístas, y Dioniso era el dios de la fecundidad y del vino. Las fiestas en honor a este dios se llamaban dionisíacas y eran celebraciones en las que las cantidades de vino favorecían todas las desinhibiciones de los participantes.

Algo similar ocurriría luego en el Imperio Romano, en las bacanales, como veremos más adelante. Entonces, para los griegos, el vino era un regalo de Dioniso y difundieron la unión entre el vino y las religiones por su vasto mundo conquistado. La vid y el vino comienzan a verse como sagrados, ya que era un regalo de los dioses, y se convierten, por lo tanto, en ofrendas. Las libaciones eran un gesto habitual: derramar al aire o ante un altar un poquito de la bebida que se tiene en la copa mientras se nombraba al dios al que iba ofrecido: “Por Zeus” (en la actualidad, en el Norte argentino, se realizan libaciones a diario en honor a la Pachamama).

Por su parte, los romanos adoptaron al dios griego Dioniso, al que llamaron Baco. En las celebraciones del dios Baco, llamadas bacanales, se tomaba vino sin límites, regalo de ricos, senadores y políticos al pueblo, que lo bebía en fuentes públicas especialmente instaladas para estas fiestas. Estas celebraciones se realizaban en Roma los 16 y 17 de marzo, aunque pronto aumentaron días y se expandió el culto por el Imperio, de modo que no había mes sin bacanales.

La agitación de estas bacanales era muy grande, se conspiraba, se planeaban asesinatos, cualquier cosa podía ocurrir, así que en 186 a.C. fueron prohibidas por el Senado, sin demasiado éxito porque ya que se realizaban en fechas cambiantes y de manera encubierta. Luego, Julio César las volvió a admitir.

Fueron finalmente prohibidas en el año 392 d.C., con la adopción de la religión cristiana por el Imperio Romano, cuando el Senado prohibió el culto politeísta.

Tips:
El vino no fue inventado, estaba ahí a la espera de ser descubierto. Por concentración de azúcares, la uva fermenta de manera natural. Cuando el jugo de la fruta entra en contacto con las levaduras presentes en el ambiente, se transforma la glucosa en alcohol.

El vino se expandió por el mundo como complemento de sacrificios y ofrendas, y como vehículo de fiestas y celebraciones. Llega a nuestros días de la misma manera: es utilizado en fiestas religiosas, en la mesa familiar y encuentros bastante paganos.

Viajero del tiempo

En Egipto el dios del vino era Osiris, los sumerios tenían a la diosa Gestín, “madre cepa”, para los griegos era un regalo de Dioniso, para los romanos de Baco, Noé plantó una viña tras el diluvio y Jesús, con él, selló la Nueva Alianza; el vino, el hombre y sus creencias siempre han estado en relación muy estrecha.

6.000

años a.C., aparentemente, aparecerían las primeras menciones a la vid, en el Cáucaso y la actual Armenia. De allí pasó a Egipto, luego a Grecia y Roma.

¿Es o no, divino?
El proceso de vinificación de las creencias marca cuatro instancias: gracias al vino, el hombre contacta con lo supremo, luego lo recibe como regalo de los dioses, después lo ofrece a la divinidad, y finalmente, gracias a tomarlo de manera sagrada, modifica su esencia para fundirse con la divinidad.





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