Señor director:
Este asunto del prologando paro de los subterráneos ha desnudado la gran decadencia de los políticos argentinos, que como todos los políticos dedican su vida a construir poder, pero que en este caso lo hacen ya sin disfraces ni disimulo, dejando a los ciudadanos como espectadores de tanta vulgaridad. El problema es bastante simple. Nadie quiere agarrar un fierro caliente.
Si se hacen cargo de los subterráneos, también tendrán que hacerse cargo de sus graves problemas. El accidente de Once demostró que este asunto no es una mera responsabilidad. Se trata de resguardar la vida, el trabajo y la convivencia pacífica de los ciudadanos.
Desde hace un tiempo a esta parte, por ejemplo, los políticos utilizan los fondos de los jubilados para financiar sus programas de gestión, o para pagar cuantiosas fortunas en publicidad que vendan a los gobernantes como exitosos. Pero muchos nos estamos cansando. A mí no me interesa si son exitosos o no. Lo que no quiero es que utilicen mi plata y mi trabajo para edificar sus carreras políticas. Hablo de políticos de nivel nacional, provincial o municipal. De todos.
Angel G. Alvarez
Parque Chacabuco