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Vida
12 | 09 | 2012
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La angustia no tiene sexo ni edad

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Situaciones que impliquen cambios y adaptaciones, muchas veces provocan en los niños reacciones que, prestando un poco de atención, nos muestran una alteración en su esperable equilibrio y comportamiento. Sí, los chicos también se estresan.

La angustia no tiene sexo ni edad
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Aunque nos resulte extraño, también existe el estrés infantil. En la infancia se producen muchos cambios, transiciones de etapas esperables, pero sumado a esto, también existen cambios familiares, cambios de colegios o cantidad de actividades durante el día. Estos factores pueden generar en los chicos tensiones y ansiedad.

Estas sensaciones, entro otras, pueden ser provocadas por situaciones que impliquen un cambio y una adaptación derivada. Si bien no se descarta que aparezcan reacciones de estrés en los niños a partir de cambios positivos, son mucho más frecuentes en el caso de cambios negativos para ellos. El estrés se manifiesta a través de un conjunto de reacciones que pueden mostrarse a nivel físico o psicológico. Estas reacciones se producen por situaciones que el niño no puede controlar o hacerles frente, alterando su equilibrio general.

Los adultos tenemos la mala costumbre de evaluar las respuestas de los chicos frente a ciertas situaciones, comparándolas con cómo responderíamos nosotros: “No llores, si no te hiciste nada”, “cómo vas a tener miedo, es la sombra del árbol” solemos contestar frente a sus genuinos sentimientos, y de esa forma los invalidamos.

Como adultos a cargo de su crianza deberíamos cuestionarnos un poco más a nosotros mismos, ¿por qué siempre creemos que nos están “tomando el tiempo”, que son manipuladores, en lugar de creer en sus sentimientos? Es así que el estrés experimentado por un niño puede parecer insignificante para los adultos o incluso pasar desapercibido. Lo cierto es que ellos frente a situaciones que exigen cambios pequeños pueden sufrir un impacto enorme.

Las situaciones más comunes que estresan a los chicos pueden darse dentro del ámbito familiar, del escolar, o en el medio social. Abarcan un muy amplio espectro: desde el divorcio de los padres, maltratos físicos o psicológicos hacia ellos o entre los padres, sufrir cualquier tipo de abuso, nacimiento de un hermano, ambiente agresivo, muerte de un familiar, exámenes escolares, olvidar tareas de la escuela, padecer bullying, cambios de escuela, ritmo de vida muy acelerado, visitas al médico y tratamientos, dolores físicos, enfermedades, entre muchos otros.

Si bien cada niño es diferente, es decir que reacciona de distinta manera, ante situaciones que puedan provocarle estrés, somos los padres los que debemos estar atentos a su comportamiento y no caer en la simplificación de creer que un cambio se debe a que “hoy los chicos están terribles”. Ellos no van a decirnos que están estresados, nosotros debemos saber si están atravesando alguna situación que para ellos pueda ser potencialmente estresante.

Los cambios pueden manifestarse en cambios en los hábitos de alimentación, pérdida o aumento considerable del apetito, pesadillas, enuresis, alteraciones del sueño, tartamudeo, dolores de estómago o de cabeza, ansiedad, miedos, preocupaciones, tristeza, rabias, llantos, inseguridad, falta de confianza, bajo rendimiento escolar, regresión, negativa a participar en actividades habituales o falta de atención, entre otros.

Conocer las situaciones que pueden ser estresantes para los chicos, como las experiencias nuevas, miedo a los resultados impredecibles, sensaciones no placenteras, necesidades o deseos no satisfechos y pérdidas, es parte de la atención de los padres hacia los hijos, es parte de la crianza.
 
El mismo mundo y sus cambios no lo es a los ojos y razonamiento de un chico.

Los adultos tenemos tendencia a ver el universo infantil como feliz y despreocupado. Creemos que como no tienen que trabajar ni que pagar cuentas no tienen preocupaciones.

Se deben tener en cuenta los factores agravantes, como una enfermedad, la muerte de un ser querido o un divorcio, que se suman a las presiones cotidianas que los niños enfrentan y elevan el estrés.

Ayer y hoy

Hoy los chicos están muy ocupados y no tienen tiempo para jugar de manera creativa o relajarse después de la escuela. Ellos se quejan de la cantidad de actividades en las que participan o se niegan a asistir a ellas, pueden estar diciendo que están demasiado atareados.

¿Cómo ayudarlos?

Las noticias pueden causar estrés en los chicos, ven imágenes perturbadoras o escuchan sobre desastres. Controlar lo que ven por televisión es una manera de ayudarlos.

¿Qué hacer si vemos que  le pasa a  nuestro hijo?

Si nos damos cuenta que alguno de estos síntomas se manifiestan de manera recurrente, lo mejor que podemos hacer es buscar ayuda profesional.

De todos modos, los padres podemos ayudar brindándoles un hogar confiable y seguro. Ser tolerantes y comprensivos, proponer siempre el diálogo y darles el espacio necesario para que nos cuenten qué están sintiendo.

Ser selectivos en los contenidos que consumen los chicos, por ejemplo en los programas de televisión que miran o en la música que escuchan que sean acordes a su edad, que no les “roben” la infancia ubicándolos en situaciones potenciales que no puedan afrontar y que pueden producirles miedo o ansiedad. Disfrutar con ellos de ratos de diversión y relajados, ayudarlos a que compartan sus preocupaciones, escucharlos sin criticarlos.

Fortalecer la autoestima, brindarles estimulación y afecto, utilizar recompensas y estímulos positivos en lugar de castigos, permitirles hacer elecciones y de tener algún control sobre su vida.

Esto es de gran importancia, ya que las investigaciones han demostrado que las personas cuanto más sienten que tienen control sobre una situación, mejor será su respuesta.

Estimular la actividad física. Informarles de cambios necesarios de manera anticipada. Estimular a los niños para que hablen de sus emociones, ayudarlos a plantear soluciones para cambiar la situación estresante. Estimular la comunicación acogedora en la familia.

Es muy importante enseñar a los niños a ser asertivos, es decir, saber decir NO ante determinadas situaciones y pedir ayuda. Propiciar tareas y actividades que los hagan felices. Buscar ayuda profesional.



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