
En sus últimas seis visitas a Boca, el Rojo consiguió imponerse en dos e igualar en cuatro. Esta vez, de la mano del Tolo Gallego, vuelve a con la necesidad a cuesta y sueña con cortar una racha de trece partidos sin victorias.

Para
Independiente La Bombonera viene resultando un terreno de resurrección.
Más allá de significar un clásico de esos que todo hincha quiere ganar,
la visita a la casa del Xeneize se transformó en los últimos tiempos en
un viaje de placer. Es que en los últimos enfrentamientos el Diablo
ancló en La Boca con urgencias y necesidades y cuando levó anclas lo
hizo con el equipaje lleno de alegría. Por tal motivo el periplo del fin
de semana vuelve a ilusionar a todo el pueblo del Rojo que sólo piensa
en quebrar la malaria de trece fechas sin triunfos y comenzar a alejarse
del descenso.
Está claro que para el Diablo la Pascua no es
ninguna celebración, pero por esta vez va a hacer la excepción. Mire la
tabla que mire, sea de promedios o de posiciones, maldice una y mil
veces. La situación es apremiante y no queda otra que ir a La Boca a
matar o morir, a cortar con el prolongado Via Crucis (ya lleva trece
estaciones) y bajarse de una buena vez de la cruz que lo tiene
agonizando.
Dicen que la fe mueve montañas, a eso aspira el Tolo
Gallego, quien suma discípulos de entro los lesionados para cambiar la
historia. Por eso les pedirá a Jonathan Santana y Fabián Vargas que se
levanten y anden, ya que son considerados pilares para la batalla en el
medio. El Tolo aparece como el único técnico capáz de multiplicar los
puntos, de guiar al equipo rumbo a la Tierra prometida, esa donde el
promedio no lastima, pero por el momento el Rojo es pura plegaria.
Pero
por Avellaneda todos confían en que Gallego pueda separar las aguas en
este Mar Rojo tempestuoso y el equipo consiga atravesar con éxito el
desafío que sugiere medirse ante Boca, rival al cual días atrás
Independiente le demostró quien es el verdadero Rey de Copas. Gallego no
se lava las manos, pondrá en cancha lo mejor que tenga y los suyos irán
por una victoria que permita volver a creer. Que así sea.