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Salud
13 | 09 | 2012
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Los hijos y el tiempo: compartir es la clave

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Escuela, deportes, cursos extraescolares, ¿y el juego libre? Las actividades lúdicas las realizan en espacios reducidos y dirigidas: cumpleaños con animadores que gritan más que los chicos, videojuegos, peloteros

Los hijos y el tiempo: compartir es la clave
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Los padres planificamos actividades para ellos, teñidas de divertidas y lúdicas, pero que también son educativas; en las que no hagan mucho ruido, que no ensucien la casa, y menos su ropa.

¿Se acuerdan de nuestra infancia en la que jugábamos en la calle? Ellos no sólo no van a tener ese recuerdo, sino que muy pocas veces son libres de elegir sus actividades. Muchas personas comentan que los chicos de hoy están terribles, que no hacen caso, tal vez se estén rebelando en contra de la no infancia que les estamos proporcionando.

La patria de la infancia es ese maravilloso lugar al que todos añoramos volver cuando la vida adulta duele ¿Dónde van a volver nuestros hijos? ¿Al olor de las pantallas a la hora de la siesta, al calor de los programas de TV? Hoy, el juego en la calle, en las ciudades es casi imposible.

Será que nosotros, los padres, estamos tan acelerados con nuestras propias vidas y ritmos que necesitamos que ellos también vivan a ese ritmo, entonces les llenamos siempre el tiempo libre.

Muchas personas comentan que los chicos de hoy se aburren todo el tiempo y con cualquier cosa: los chicos de hoy, lamentablemente, no saben aprovechar su imaginación y creatividad y a partir de allí inventar juegos y no aburrirse.

Los llenamos de aparatos con luces y sonidos desde que nacen, entonces les coartamos la posibilidad de que dos rollos de cartón de papel higiénico se conviertan en unos perfectos binoculares. Nosotros, sí, nosotros con las mejores intenciones sin dudas.

Los espacios seguros, libres y naturales, son el entorno normal en el que los niños deberían desarrollarse, crecer y aprender.

Están los parques, pero en la Ciudad de Buenos Aires ya casi todos enrejados, la configuración de los espacios urbanos es casi enemiga de los niños. Los niños de esta época ganaron tecnología, son más “rápidos” que nosotros, pero perdieron libertad.

Aquella libertad que nos permitía ir en bici a explorar lo que para nosotros eran otros mundos; chapotear en los charcos, juntar hojas de los árboles, jugar al “Poliladron”, al “Ring raje”.

Esos juegos que nos hacían quemar energías, y llegada la noche lo único que queríamos era dormir, por eso éramos más obedientes, no por sumisos, porque no teníamos tiempo, porque estar entremedio de los grandes era muy aburrido.

Al jugar libremente, es importante poder moverse con libertad, sin miedo a mancharse o romperse la ropa: Saltar, inventar aventuras, aprender de la experiencia. Ensuciarse, por otra parte, es signo de un aprendizaje sensorial que no lo brinda ningún libro ni maestro.

Dejémosles hacer lo que su naturaleza les pide, exige, reclama. Jugar, correr, pisar el césped, saltar, explorar, trepar a los árboles, cazar renacuajos, modelar el barro, cocinar hojitas, hacer guisos de espuma, viajar en caballito de madera por el mundo, así seguramente habrá chicos menos aburridos, menos computarizados, menos televisivos, más felices.

Verlos jugar libremente, reírse, divertirse, poner a prueba su imaginación o su creatividad permanente, saliendo airosos del aburrimiento, los niños nos enseñan que su tiempo libre es oro.

Los padres, culpa de los extensos horarios laborales, llegan cansados y no pueden ofrecerles a los chicos un espacio para jugar con mayor libertad. Ir al campo, por ejemplo.

Equilibrar los tiempos

Muchos niños de hoy no tienen tiempo de jugar porque no tienen ni siquiera un momento de quietud y soledad. La soledad, tan importante también para ellos, para desarrollar su creatividad.

¿Y la vieja calle?

Las calles ya no son espacios para jugar, tantos autos y violencia generalizada han borrado a los niños de las calles, a las pistas de autitos dibujadas en el asfalto y a los triciclos.


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