Señor director:
Los funcionarios son seres que están para aplicar las leyes, pero se consideran especiales y nos dicen cómo actuar en democracia y civilmente. En la creencia de que son casi semidioses, estos empleados nuestros, se arrogan la facultad de determinar a quién castigar y a quién no.
El poder legislativo, aprueba las leyes que le manda el ejecutivo. Luego son giradas al poder judicial para que las aplique y a quien no las cumpla, los castigue. Dado que las leyes son aplicadas por funcionarios, que son hombres y por lo tanto falibles, cuando se equivocan en un dictamen o acto, quien paga el pato es la institución. Hoy decimos (por ejemplo) que el Gobierno, que las Cámaras, que la Justicia y otras reparticiones públicas son una basura.
Pero ¿quiénes lo son? ¿Las Instituciones? No. Son los hombres que ocupan los cargos. Y ellos desprestigian a los pilares de la democracia y el gobierno. Ya nadie cree en nada y en nadie. ¡Cuántos casos hay en que una persona fue detenida injustamente! Pero, mañana al ser revisado el caso, dicen: me equivoqué y listo. Hay que invertir las cosas; quien se equivocó que sufra lo mismo. Caso contrario, no será Justicia, sino un chiste.
Ana S. Carrasco
Mendoza-Argentina