Este investigador folklórico, adoptado por la cultura gitana y a quien Sixto Palavecino consideró su hijo espiritual, subsiste con el esoterismo mientras lucha para rescatar del olvido la herencia de los pueblos que son minoría.
Gabriel Conti libra a diario un desafío enorme como defensor de la lengua quichua, investigador del canto ancestral de pueblos que son minoría, impulsor de la cultura rom y estudioso del tarot y la quiromancia, dos actividades estas últimas que le permiten ganarse trabajosamente la vida. Sin embargo, ninguna dificultad conspira contra la serenidad y la templanza adquirida desde que mutó de su perfil de rockero del conurbano al de folklorista comprometido.
En ese cambio, mucho tuvo que ver la influencia del músico santiagueño Sixto Palavecino, quien llegó a considerar a aquel joven nacido en San Martín como el hijo espiritual con el cual completó una obra soñada: la versión bilingüe, en quichua y español, del Martín Fierro.
"Trabajé 16 años con don Sixto hasta su muerte en 2009 y como él, terminé siendo un defensor a ultranza del quichua, la lengua de tradición oral que se habla, por ejemplo, en 14 de los 27 departamentos de la provincia de Santiago del Estero", precisó Conti a HISTORIAS DE VIDA. De hecho, el último disco de Palavecino, 'Dulzura quichua', toma su nombre de una chacarera que tiene música del violinista y letra del propio Gabriel.
Además, en los últimos 25 años, Conti se especializó como investigador folklórico dedicado, dijo, "a los pueblos del mundo con hondas raíces" donde al quichua le añade otro perfil: difusor de la cultura del pueblo gitano, rom como prefiere denominarlo.
En la FM Folklórica de radio Nacional donde tiene un programa los viernes de 20 a 21, Conti también rescata tradiciones musicales y literarias que le permiten aseverar que "el canto y la poesía sobre la lluvia, por ejemplo, tiene la misma esencia en la estepa mogol, el bosque letón o en campos de Entre Ríos".
Pero como los ingresos por el ciclo radiofónico resultan escasos y a veces el pago por derecho de autor no suma demasiado, Conti echa mano a aquello que aprendió con las mujeres gitanas que le legaron la práctica de la quiromancia. Por eso confiesa que en la actualidad "vivo del tarot y -metaforiza- arañando".
Alma gitana
No es menos atractivo su vínculo con los rom, nacido de haber compartido en la niñez muchas horas con compañeros de escuela de ascendencia gitana que terminaron, al igual que lo hizo Palavecino, adoptándolo espiritualmente cuando de chico vivió con su familia en la localidad de Cobos, a 23 kilómetros de Mar del Plata.
"Ya de joven me volví a encontrar con Loyla, un hermano rom que había hecho en aquella oportunidad y cuya su familia me consideraba un 'balardó, es decir adoptado por ellos", explicó.'
Conti, Danosh como lo bautizaron los gitanos, fue parte del primer programa de radio que la colectividad rom tuvo en Radio del Pueblo y a partir de allí enhebró charlas y conferencias destinadas a reflejar la identidad del pueblo que, señaló, es la única nación reconocida por la ONU que carece de territorio propio pero tiene bandera e himno.
"Me aceptaron como soy porque al igual que don Sixto, creo que ven sinceridad en mi corazón", especuló quien entre el quichua, la cultura rom, la búsqueda del folklore profundo del mundo, la quiromancia y el tarot dibuja su destino.
Es que su vida, aunque hoy venga con la mano cambiada, tiene bien marcadas las líneas que garantizan las convicciones que lo ennoblecen, para siempre.