Más que nunca River no se puede seguir dando el lujo de perder porotos. Los empates no suman, restan. La suerte por ahora está del lado del Millonario, pero hay que ver hasta cuando el jugar de a ratos le va a servir al equipo de Ramón que, todavía, no está perdido.
Con Ramón Díaz en el banco del Millonario la definición del "puntito inteligente" no está escrita en el manual de estilo ramoniano. Cómo es posible que un River del Riojano no pueda imponer su estilo e historia ante los más débiles. La historia es irrefutable, no se la puede borrar con nada, pero lo que anda desdibujado en La Banda por estos tiempos es el estilo amenazador bien marcado.
Increíblemente la suerte está del lado del Millonario. Los rivales del Millo juegan mostrando sus cartas pero a este River le falta esa picardía para, sin hacer trampa, sacar provecho de los errores rivales. Si se busca ser campeón hay que meter miedo, ser letales en cada línea y tener esa viveza ramoniana que saca ventaja ante el menor titubeo ajeno. "El que se fue a Sevilla perdió su silla" dice el famoso dicho y, hasta ahora, el asiento riverplatense tiene esa mística que, por fortuna, los perseguidores no se animan a ocupar. Aunque a este tibio equipo de Núñez también le falta la rapidez para primerear los lugares de Newell's y Lanús.
No es lo mismo que a River lo corran desde atrás y que River persiga por la retaguardia. Claro, en otras épocas gloriosas. Porque hoy en día si el Millonario mira a todos desde arriba siempre hay una piedra que baja al equipo de hondazo. Incluso ni a la carrera, con suerte, se es amenazante ya que si bien al Millo no le arrojan nada para bajarlo, solito se pone palos en el Rivermóvil y de a poco comienza a desbarrancarse.
Que La Banda vuelva a brillar en un ciento por ciento respecto al juego, hace rato, es una deuda pendiente que el hincha lamentablemente ya se acostumbró a perdonar. Aunque pelear el campeonato hasta estas instancias, más siendo el único verdadero equipo grande que pisa fuerte arriba y con el aura de Ramón Díaz en el banco, para quedarse con las manos vacías es algo inaceptable e imperdonable. Terminar desperdiciando la posibilidad de volver a gritar campeón por "puntitos perdidos" molesta. Los empates ya no sirven, y el puntito "inteligente" pasa a ser "tonto" porque al paladar negro no se lo alimenta de cualquier cosa.
Con la mente en el juego los 90 minutos, los jugadores no se pueden dar el lujo de jugar de a ratos ya que lo deben hacer con los dientes apretados de principio a fin para terminar riendo últimos con el famoso "je" que, hace un tiempo que cada vez parece más lejano, tantas sonrisas sacó en las caras de los hinchas de River.
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