La gran novedad fue que Boca abandonó el 4-4-1-1 que había utilizado en los últimos partidos, para darle lugar nuevamente al 4-3-1-2, con la inserción del Burrito Martínez en la ofensiva.
Martino había dicho en la previa que no le iba a asignar una marca fija a Riquelme y en ese sentido fue fiel a sus palabras. Al igual que en el partido ante Vélez, ubicó a Mateo por delante de la línea cuatro. Intentó el Tata frenar el progreso ofensivo de Clemente Rodríguez mandando allí a Figueroa para que el Pelado estuviese preocupado, convirtiendo a Pablo Pérez en un volante central.
Pero eso no le dio resultado, porque Clemente se proyectó varias veces. Tampoco logró sorprender con ese par de apariciones de Cruzado por la derecha, tal como sucedió en el encuentro frente a Vélez. La Fiera Rodríguez fue nuevamente delantero, pero fue poco utilizado.
Además de la dependencia de Riquelme desde el punto de vista técnico, la otra llave que podía abrir el partido para el Xeneize era del lado de Erviti, tanto por sus condiciones técnicas, como por su capacidad de desdoble y el volante estuvo, en ese primer tiempo, presente en las dos áreas.
La novedad en el segundo tiempo no pasó por algún cambio, sino porque Newell's logró progresar unos metros en el terreno de juego. Intentó el Tata que su equipo fuera más ofensivo con la entrada de Tonso por Figueroa.
El intento que hizo Bianchi fue sin modificar el dibujo: la entrada de Acosta por el Burrito Martínez. Pero nada se modificó: Con los mismos protagonistas que en el partido de octavos ante Vélez, Martino cambió el dibujo táctico y esta vez fueron dos los hombres de punta.
Dos partidos le duró a Bianchi el experimento táctico de jugar con solamente con un delantero aunque, esta vez, al equipo le faltó un poco de profundidad.
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