La decisión de desalojar a un felino que hacía 13 años vivía en la Universidad de La Matanza, dio lugar a una movida conmovedora de estudiantes que tejieron un vínculo increíble con el animal hoy viejo y enfermo.
Hecho un ovillo frente a la estufa en el que desde la semana pasada es su nuevo hogar en Laferrere, el gato viejo y achacado aguarda la llegada de los nuevos dueños que lo ha adoptado. Todo indica que añora el movimiento intenso del que se calcula fue durante más de diez años su hábitat exclusivo, la Universidad Nacional de La Matanza (UNLaM), donde logró establecer un sólido vínculo afectivo con estudiantes, docentes y autoridades que lo cruzaban por pasillos, aulas y dependencias de la sede modelo de San Justo.
Cómo habrá sido la onda que pegó este felino de tupido pelaje blanco y marrón claro que nunca le faltó comida, cobijo ni voluntarios para llevarlo al veterinario cuando la salud le jugó una mala pasada, y que hasta tiene un perfil en Facebook de autor anónimo que el fin de semana pasado virtualmente estalló cuando saltó la noticia que el gato había sido prácticamente desalojado de la universidad.
Bolón, tal el nombre del animal emblema de los estudiantes de Matanza, como sintetizan el nombre de la institución, fue conminado a dejar las instalaciones justo ahora que sus aproximados 13 años le han mermado su posibilidad de subsistencia por sí solo, hecho agravado por un cáncer de piel manejable con tratamiento que le afecta particularmente los ojos.
Aunque no pueda contarlo con palabras a HISTORIAS DE VIDA, Bolón expresa desde su mirada lastimada que la expulsión de la que era su casa encuadra en una injusticia: fue otro gato del que reserva sus datos el que aprovechó una ventana abierta para entrar en el despacho de un funcionario y orinar en un escritorio. En todo caso, interpreta Bolón, un error tanto humano como animal.
Claro, pesó sobre sus espaldas la autoría de algunas deposiciones en canteros y oficinas en las que circunstancialmente quedó encerrado algún que otro feriado largo.
Cuando el viernes el portal de noticias 24 CON publicó una nota que contaba que Bolón había sido desalojado por molestar, a partir de allí y del boca en boca en los pasillos de la universidad, el perfil de Facebook El Gato de la UnLAM recibió centenares de visitas, muchas de las cuales testimoniaban rechazo a la medida.
Cuando todo indicaba que el gato iba a dar con sus huesos a algún baldío tal la orden impartida de una autoridad que debía ejecutar personal de seguridad, Valeria, una ex alumna y ahora empleada de UnLAM, que junto a sus compañeras le venía dando asilo a Bolón en la oficina del Centro de Opinión, tomó la decisión de adoptarlo para, así, rescatarlo de lo sería sin duda un final triste y solitario que no merecía.
El gato de todos
La decisión fue celebrada en el "face" y entre quienes se habían preocupado por la suerte de Bolón, incluso graduados que lo conocieron allá por 2002 cuando el gato recalaba en el viejo bufete universitario. En los recuerdos de todos están la terrible sarna que lo afectó en 2005, los aportes económicos de autoridades de la UnLAM para comida y veterinarios, y tantas tardes al sol junto a los alumnos en los bancos del gran corredor de la universidad.
Ahora en Laferrere su memoria gatuna concentra imágenes fuertes del que fue hasta el viernes un mundo repleto de afecto. Como el de Valeria, por ejemplo, que le extendió el salvoconducto para que Bolón encare ya más solo y contemplativo los caminos de su séptima vida.