En 71 años no ha tenido tiempo de aburrirse: fue refugiado, sindicalista, trabajó en distintas fábricas y líneas ferroviarias, estuvo desocupado, escribe poesía y montó un vivero al costado de un paso a nivel, en Morón.
Con su perfil de croata acriollado a fuerza de años de duro trabajo en fábricas del conurbano bonaerense e intensa lucha sindical en el rubro ferroviario, Martín Jakovcevic brilla con luz propia en el vivero que como una suerte de vergel en medio del cemento levantó a un costado del paso a nivel más transitado de Morón, en 9 de Julio y la vías del Sarmiento.

En ese ámbito convertido también en un puesto donde se comercializan hortalizas y plantas, Martín ha cosechado en los últimos 18 años el afecto de centenares de vecinos que lo ponderan por su rol de banderillero, la anteúltima ocupación de su vasta foja de servicios ejercido hasta que entró de lleno en el tema de la huerta.

En esa lonja de 30 metros de tierra paralela a las vías que usufructúa con permiso, Martín compartió con HISTORIAS DE VIDA que la vitalidad aportada por la tarea natural de atender el vivero fue el antídoto con el que buscó superar la angustia y dolor de los diez accidentes de los que fue testigo ocurridos en las inmediaciones de su puesto de trabajo en tantos años de actividad como banderillero en ese lugar.

"Me tocó ver cosas muy feas y esos dramas los mitigué con el vivero" nacido, precisó, en otro paso a nivel que tenía por entonces a su cargo, sobre la calle San Martín, a metros de donde está hoy, una fría tarde de invierno cuando encaró una limpieza a fondo de la casilla donde se guarecía y sus inmediaciones.

Como lo hizo desde siempre en sus años de operario en la Siam Di Tella o la General Motors, o como cuando empezó a incursionar en el sindicalismo donde llegó a ser parte de la comisión normalizadora de la Unión Ferroviaria tras el final de la dictadura militar, Jakovcevic le puso el alma a la huerta y la bautizó con el nombre de un tocayo de notable peso histórico: el activista estadounidense por los derechos civiles Martin Luther King, asesinado en 1968.

Del Adriático al Docke

Martín nació hace 71 años en la isla de Yolta, Croacia, en el mar Adriático. Tras el final de la Segunda Guerra Mundial fue refugiado en Palestina y en 1954 llegó con su familia a la Argentina, donde se instaló en Dock Sud.

Empezó a trabajar en la Siam de Valentín Alsina, ingresó al Partido Comunista donde aprendió a leer y escribir a los 18 años y abrazó la vocación sindical que explotó cuando en 1980 comenzó a trabajar en el Ferrocarril Urquiza.

También había incursionado en la General Motors y durante dos años estuvo desocupado, en un recorrido que incluyó su rol de banderillero en Morón, donde construyó su historia reciente y a la que le añadió su interés para escribir poesía.

"He tenido una vida muy vertiginosa y toda esta historia la edifiqué a pico y pala", apuntó, seguro de haber tomado el camino correcto cuando tras aprender el idioma, leer todo cuanto podía sin que su condición de obrero le significara un contrapeso.

"Realmente el saber ocupa lugar y en verdad, uno muy importante", considera Jakovcevic, que transmite ese concepto cuando una maestra de la Villa Carlos Gardel acerca a sus alumnos al vivero para que conozcan su pensamiento. Martín siempre les hablará como a todos del valor inconmensurable del trabajo que a su modo de ver, por más que pierda espacio como cultura, es lo que le da sustancia al hombre.

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