La iniciativa, presentada por el intendente Julio Pereyra, busca inculcar a través de los alumnos las normativas viales para prevenir accidentes.
De la ceremonia intervinieron chicos de las escuelas primarias 2, 10, 21, 23, 44 y 51, docentes, autoridades educativas y padres.
Al respecto, el mandatario comunal resaltó la importancia de la tarea de los niños de contribuir a "cambiar los malos hábitos" de la sociedad en relación a la seguridad vial.
"La hacemos entre todos"
"Cuando se cumplen las normativas, las cosas siempre andan mejor. La seguridad vial la hacemos entre todos, y hoy ustedes (los alumnos) van ayudar en este tema, convirtiéndose en agentes de tránsito para decirles a los más grandes cuando estén haciendo las cosas mal. Esto es apostar a la vida y aprender juntos", resumió Pereyra.
Por su parte, el secretario de Cultura y Deportes, Mario Rodríguez, resaltó la importancia de la continuidad de este programa, "ya que lo que se busca desde el municipio es que la población cambie sus hábitos culturales a la hora de manejar, y eso es un trabajo que se debe realizar en conjunto y con tiempo".
También estuvieron presentes la jefa distrital de Educación, Claudia Allerbon; la secretaria de Seguridad Vial y Movilidad Urbana, Doctora Mariana Corrales, la directora de la Escuela Primaria 9, Gabriela Gómez; y diferentes funcionarios públicos.
Comenzó en 1997
El Programa de Educación Vial "Boleta de la Vergüenza" comenzó en 1997 tras la decisión del intendente Julio Pereyra de apuntar a prevenir, educar y concientizar a los automovilistas y peatones el respeto por las normas del tránsito.
La particular experiencia, permite que los niños de cuarto año de las escuelas primarias, junto a personal de la Secretaría de Seguridad Vial y Movilidad Urbana municipal, ayuden a prevenir accidentes de tránsito fortaleciendo valores éticos, tales como el respeto por el otro y por las normativas viales.
El objetivo es que los alumnos previamente se capaciten y aprendan las reglas de circulación, para luego realizar una experiencia real en la vía pública, en la que se conviertan en "agentes de tránsito" para dialogar, aconsejar y también detectar infractores. Estos últimos serán los que reciban la sanción moral y a quienes les provoque vergüenza.