martes 6.12.2016 - Actualizado hace
Fútbol
19 | 10 | 2015
Imprimir
Agrandar
Reducir

Arruabarrena y la jaula de los leones

Eduardo Verona
0
Comentarios
Por Eduardo Verona


En la última recta, a Boca y a Rodolfo Arruabarrena lo visitan incertidumbres que solo se desvanecen ganándole a Tigre en La Bombonera. En estos momentos que anticipan dudas, vale recordar que el Vasco no se privó de atravesar circunstancias que lo empujaron a la crítica muy dura, como las dos eliminaciones ante River en el plano internacional. Allí, en la jaula de los leones, trascendió los peores pronósticos.

Arruabarrena y la jaula de los leones
Foto:


   Entró dos veces a la jaula de los leones Rodolfo Arruabarrena. La primera vez fue el 26 de noviembre del año pasado cuando Boca, en el Monumental, cayó en semifinales de la Copa Sudamericana ante River con aquel gol de Pisculichi acariciándola al segundo palo de Orión. La segunda oportunidad fue el 14 de mayo de 2015 cuando Boca, en octavos de final de la Copa Libertadores también fue eliminado por River en aquella noche tan recordada por los daños colaterales del gas pimienta.

   Esas visitas, no deseadas, a la jaula de los leones le dejó al Vasco Arruabarrena la fuerte sensación de que se avecinaban tiempos de definiciones. O Boca ganaba un título, entre otras cosas para sostener las aspiraciones políticas y la reelección de Daniel Angelici o las exigencias lo iban a arrojar a un costado del camino.

   Salvo aquella noche del aquelarre violento frente a River en La Bombonera cuando el partido se suspendió antes de que arrancara el segundo tiempo y el Vasco entró en colisión directa, primero con Marcelo Gallardo y después con el presidente de La Banda, Rodolfo D´Onofrio, nunca lo asaltaron al técnico de Boca presiones que lo terminaran desbordando. Y eso que estuvo en jaque.

   En la propia aldea de Boca cayó preso de descalificaciones que manejó sin perder su foco. Lo señalaron como tibio, irresoluto, ambiguo, incapaz, mediocre, subordinado al poder que ejercen los jugadores, insolventa tácticamente, muy permeable a ciertos futbolistas influyentes en el plantel (Orión, Cata Díaz, Gago, ahora Tevez) y demasiado sensible a las demandas del Tano Angelici.

   Esa catarata de golpes bajos, sin embargo, no le quemaron las energías al entrenador. Que no es un gran entrenador, pero tampoco un habitante de los lugares comunes. Se está construyendo Arruabarrena en un medio que cada vez se parece más a una picadora de carne.

   Sabe mentir Arruabarrena. El mismo lo confirmó en el diario Olé el 3 de septiembre de 2014: "Muchas veces en las conferencias de prensa y en las notas, el ochenta por ciento de lo que te dicen los técnicos es mentira". Esas mentiras más o menos piadosas que integran el show mediático, también forman parte de la colosal venta de humo que promueven los técnicos para construir su propio marketing.

   En esa lógica donde todo se compra y todo se vende, el Vasco no cultivó las malas artes. Tampoco entró en batallas innecesarias. Ni se comparó con éste o con aquel, aunque la pésima herencia que recibió después de la salida de Carlos Bianchi lo habilitaba para hablar de un colapso que nadie podía anunciar, teniendo en cuenta la chapa de héroe futbolero que acreditaba el Virrey en el universo xeneize. 

   Arruabarrena tuvo que reemplazar a Bianchi. Ahí, en la urgencia. En la adversidad. En la tempestad. Con la obligación de ir levantando alguna pared. Algún refugio. Por esos días, declaró: "Hay que tener una idea. Si morís, al menos que sea con una idea". ¿Cuál es la idea que reivindicaba el Vasco? Jugar a partir del control de la pelota. A veces Boca lo hizo. A veces no. Lo complicaron los rivales. Y también se complicó solo. "Es que son pocos los jugadores que saben leer el juego y elegir en el momento indicado lo mejor. En general, acá se traslada mucho la pelota y se quieren gambetear a todos. No es así. El fútbol es mucho más simple y efectivo cuando tocás y pasás", comentó dibujando su perfil mientras dirigía a Tigre en abril de 2011.

   No cambió de postura Arruabarrena. Ni cambió su manera de comunicar, aunque en los últimos meses, durante los partidos, se empilchó de tipo formal con saco y corbata. Es cierto, no conduce a un buen equipo. Boca no lo es. Y lo volvió a denunciar en la caída del último domingo por 3-1 ante Racing. Aparece en un encuentro y se desdibuja en el siguiente. Fue una constante en el 2015, más allá de que las consagraciones internacionales de River lo empujaron a frecuentar los apuros y los atajos que en el fútbol se traducen en grandes desprolijidades.

   El Vasco, sin embargo, no desbarrancó. Se mantuvo en zona de equilibrio. Para después intentar equilibrar al equipo. Y si uno no afila demasiado el lápiz, podría consignarse que en alguna medida lo logró. Que se bancó las histerias ajenas (en especial, de la prensa) con serenidad. Sin desbordes. Sin demagogia. Sin circo.

   Y aunque no mostró una imagen totalmente convincente, no claudicó. Porque no se despersonalizó ni aun a pesar de que  Riquelme le tiró unos bombazos que le estallaron en su propia vereda. Sin embargo, su respuesta fue siempre contemporizadora.

   Es verdad, no lo distingue a Arruabarrena el gran talento. ¿Pero quiénes son los grandes talentos del fútbol argentino que ejercen como entrenadores? El Vasco, en general, la llevó bien. Aunque en la jaula de los leones la pasó mal. Esas experiencias no se olvidan. Y si unos las supera, fortalecen. Y si no las supera (a Boca lo esperan Tigre y Central en Rosario), la realidad siempre puede ser peor que la ficción.        

      Embed


Comentarios Facebook