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19 | 10 | 2015
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“El blues de los plomos”: el show nunca debe esperar

Maximiliano Acosta
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Por Maximiliano Acosta


Próximo a pegar el salto del cine al canal Encuentro, el documental ahonda en las sombras del rock, en aquellos héroes anónimos que se encargan del armado del escenario, la afinación de instrumentos y la comodidad de los artistas. Relaciones que trascienden la música. Un mundo escondido detrás del telón. “Los plomos se ponen la camiseta del músico y la defienden”, cuenta Paulo Soria, uno de los directores

“El blues de los plomos”: el show nunca debe esperar
Crédito: Blues de los plomos-prensa
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"Ellos están siempre a la sombra del rock", sintetiza Paulo Soria, uno de los directores del documental "El blues de los plomos". Próximo a estrenarse en la pantalla del canal Encuentro, el film describe un mundo desconocido de pasiones, trabajo y música que se esconde detrás de cada show y antes de que la banda se presente sobre el escenario. Los plomos, el lado hasta el momento desconocido de los recitales de rock.

"El blues de los plomos" es una canción popularizada por León Gieco, pero que salió de las vivencias del Negro Aníbal Forcada, un plomo, o más que eso: un fanático de Gieco, uno de los pocos (quizás el único) al que se cumplieron los deseos: ser fan, plomo y tocar en un escenario con su ídolo, y su propia canción.

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Pero en el "universo de los plomos" hay más que interminables jornadas de trabajo, que incluyen pruebas de sonido, viajes en flete rodeado de instrumentos pesados, la descarga de cajas y hasta el armado de la batería. Existen relaciones, un romanticismo. "Se ponen la camiseta del artista y la defienden", describe Soria, en diálogo con DIARIO POPULAR.

"El plomo se acerca no sólo a laburar, sino que se siente representado por el discurso salvavidas del músico en sus letras", comenta.

El proyecto audiovisual, que cuenta con los ricos testimonios de Gieco, Litto Nebbia y hasta de Ricardo Iorio (preciosa amistad con Jota), saca a la luz, a su vez, la "gran familia" que es una banda, pero no sólo por sus integrantes. Es una comunión casi eterna, que saltea las fronteras musicales.


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