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Opinión
19 | 10 | 2015
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El peso de la historia

Gustavo Nigrelli
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Por Gustavo Nigrelli


Matías Vidondo reactivó una chance histórica el sábado en el Madison Square Garden, al combatir por el título mundial pesado (interino AMB), frente al cubano Luis Ortiz (PKOT 3). La diferencia entre ambos marca de algún modo la que existe respecto a las potencias, y comparándola con la pelea pionera (Firpo-Dempsey) no se ha avanzado nada.

El peso de la historia
Ringo Bonavena
Foto:

La categoría pesado, aunque haya dado origen a la era profesional en el boxeo argentino con la pelea Firpo-Dempsey, históricamente nunca fue la más apta antropométricamente para nuestros púgiles.

De hecho, además de Firpo, sólo dos compatriotas habían llegado a disputar un título mundial pesado hasta el último sábado, y hacía 26 años que esto no ocurría, desde que Daniel Neto PKOT 2 frente al italiano Francesco Damiani.

El otro fue el Gran Ringo Bonavena en su match contra Joe Frazier, aunque algunos la cuestionan como tal, porque fue sancionada sólo por la NYSAC (Comisión Atlética de Nueva York), en disidencia en aquel entonces con la AMB, aunque tenía sus propios campeones. 

Bonavena fue el único que hizo los 15 rounds y perdió por puntos.

Los otros dos lo hicieron en el mismo round (el 2º), y en el caso de Firpo, tras haber caído un total de 9 veces: 7 en el 1º y 2 en el 2º, la última por toda la cuenta.

Claro que en aquel entonces no existía la regla de las 3 caídas, ni la de tener que irse al rincón neutral a para esperar los 8 segundos de la cuenta de protección, por lo que se podía pegarle al rival ni bien éste se incorporaba, volviendo a tumbarlo, como hacía Dempsey.

La hazaña fue -según se comentó años más tarde- que Firpo subió a pelear con una costilla fisurada (la izquierda), y pese a eso también derribó a Dempsey, incluso fuera del ring, cuando tampoco existían las 4 cuerdas (sólo 3), ni las verticales que impiden que éstas se abran.

Por allí cayó Dempsey, más producto de una mano con empujón que por un golpe neto, aprovechando en el atropello su mayor porte físico.

Nunca quedó claro si existía la regla de los 20 segundos para volver al ring de quienes caían fuera de él, ni cuántos tardó Dempsey en volver, porque las cintas parecen editadas. Pero todo indica que lo hizo a tiempo, con ayuda de los de abajo que lo devolvieron al ring cual resorte, algo que hoy en día es ilegal y sería motivo de descalificación.

Lo cierto es que al regresar, Firpo no pudo liquidarlo pese a que lo sirvió ni bien pisó la lona, porque lo estaba esperando entre las sogas con un bollo que tenía preparado bien desde atrás, y luego continuó el dominio del Matador de Manassa.

En la Buenos Aires de 1923, sin TV y con una incipiente radio cuyo sonido llegaba a duras penas, el mensaje se deformó tanto a través de la distancia entre quienes se agolpaban a las puertas del Palacio Barolo (luz verde, ganador Firpo, luz roja, perdedor Firpo), que se tomó la caída de Dempsey como una victoria del argentino, cosa que se creyó y festejó por largos minutos.

La verdadera y decepcionante noticia luego fue resistida y tomada por muchos como un robo americano más, falacia tan alimentada que transformó en leyenda tanto a la pelea como al personaje, cuya fecha quedó inmortalizada como "El Día del Boxeador".

A esta historia nos transportó la pelea del pasado sábado del neuquino Matías Vidondo, nada menos que en el Madison Square Garden de Nueva York, como una mueca paradojal del tiempo.

Vidondo fue el 4º argentino. Intentó ganar el pesado interino AMB vacante frente al cubano Luis Ortiz en el mítico escenario, donde tal vez se haya hecho una de las mejores veladas del año –sino la mejor-en la que intervinieron los dos que se disputan el Top One libra por libra del momento, abandonado por Floyd Mayweather: "GGG" Golovkin y el Chocolatito González, que mostraron estar a la altura.

Y en concordancia con la historia, Vidondo cayó por KOT 3.

Al menos duró un round más que dos de sus predecesores, aunque bien pudo haber perdido en el 2º, porque cayó y lo salvó la campana.

El rápido KO sufrido frente a un hombre de 36 años, que pese a un invicto de 22-0-0, 19 KO marcha 8º en el ránking del organismo, de algún modo refresca la memoria y nos sacude las pilchas. Marca la diferencia que hay entre nuestro máximo exponente y uno de elite internacional, pero no el mejor.

Vidondo es nuestro máximo exponente no sólo por su tamaño y peso (casi 120 kg), sino porque en sus últimas peleas venció a los dos mejores pesados de aquí: "La Mole" Moli y el "Gordo" Marcelo Domínguez. Y en cierta forma –salvo excepciones- el pesado de un país marca su nivel, que a veces es el desnivel que existe respecto del potencial mundial.

Cabe acotar que no cualquiera pelea por una corona ecuménica de la máxima división, con la oferta existente entre las potencias.

Ni Moli, ni Domínguez lo hicieron, y en el caso de Neto se trató de un "vuelto" que le debían a Tito Lectoure. Neto era entonces el campeón argentino crucero –no había pesado- por lo que se "engordó" al pobre bonaerense para que se haga unos mangos.

A Vidondo también le salió esta chance "de chiripa", sin roce internacional –jamás había salido del país-, con una inactividad de un año, y con 38 pirulos sobre el lomo. Fue porque se cayeron otros rivales del cubano, apuntado para hacerle sombra a Wladimir Klitschko, el monarca unificado AMB/OMB/FIB. 

Por eso, el mérito de conseguir la chance supera con creces al mérito deportivo, aunque el neuquino trató de compensarlo con toda la dignidad que pudo. Le duró un solo round. Como si en un siglo no se hubiese avanzado nada, o como si el principio y el final se juntaran.

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