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Fútbol
21 | 10 | 2015
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La reconversión de Tevez

Eduardo Verona
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Por Eduardo Verona


Se fue a Brasil hace una década siendo un punta que jugaba en la zona de fuego. Volvió de Italia hace 4 meses confirmando que esa función forma parte de su pasado. Prefiere arrancar de atrás, ir menos a los bifes y al contacto con los defensores para tener otro panorama y otro espacio. Perdió gol. Se reconvirtió en una segunda punta con chapa europea, pero con un menor caudal de agresividad ofensiva.

La reconversión de Tevez
Foto: NA

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La reconversión de Tevez
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   ¿Por qué ya no quiere ser el primer punta Carlos Tevez y elige  arrancar desde atrás, como lo manifestó sin reservas en el ámbito de la Selección hace unos días? Porque cumplir la función de un 9 clásico demanda movimientos con y sin la pelota (especialmente sin la pelota) y energías para entrar y salir de la jugada que hoy Tevez no tiene.

   ¿Qué prefiere, entonces? Intentar armar en tres cuartos de cancha. Jugar a espaldas de los volantes rivales y encarar de frente a los defensores, aunque está claro que encara mucho menos que hace 4 o 5 temporadas. Encara menos porque a sus 31 años (el 5 de febrero cumple 32) fue resignando el cambio de ritmo que le permitía encontrar la luz suficiente y el timing justo para desequilibrar.

   Sigue desequilibrando Tevez porque su instinto ofensivo no lo perdió. Pero sus niveles de desequilibrio son claramente inferiores a su etapa de esplendor. Ahora precisa más espacios para hacer pesar su freno y su manejo. Por eso va de segunda punta. Porque allá arriba, metido entre los centrales adversarios, como jugaba en su primera etapa en Boca con el Maestro Tabárez y después con Carlos Bianchi y el Chino Benitez, tenía que ir a romper defensas recibiendo de espaldas o tirando diagonales para abrir surcos para él o para sus compañeros.

   Hoy, advierte Tevez que no está para bancarse esas complejidades futbolísticas. Y esos rigores de la fricción permanente, del cuerpo a cuerpo y de luchar para ganarse cada centímetro de terreno. Para jugar en el área o en las proximidades hay que ir a 100 pelotas para poder quedarse con 10.  Y ya no quiere frecuentar esas búsquedas. ¿Por qué no quiere? Porque alejándose de la zona de fuego, que siempre es el área rival, puede disponer de otro panorama y de marcas menos estrictas y asfixiantes. Tirarse atrás es también una señal de que físicamente le rehuye al contacto.

   No es un caso excepcional el de Tevez. Según van pasando los años, extraordinarios jugadores se han ido retrasando en el campo para encontrar otra lectura del juego. Como por ejemplo, el alemán Franz Beckenbauer. De volante lujoso de ida y vuelta en el Mundial de Inglaterra en 1966, pasó a ser libero en Alemania 74. O el holandés Ruud Krol. De volante o marcador de punta pasó a ser el libero de Holanda en Argentina 78. O Daniel Onega. De ser 9 pasó a ser un media punta con capacidad para armar y distribuir. O Javier Mascherano. De volante central pasó a ocupar un rol como integrante de la línea de fondo de Barcelona. O Bochini, quien apareció en el arranque de los 70 como una especie de falso 9 (al estilo de Messi en el Barcelona de Pep Guardiola) y se transformó en un 10,  abastecedor serial y brillante de todos los delanteros que arribaron a Independiente.

   La reconversión estratégica de Tevez obedeció a una mirada propia de sus posibilidades físicas, después de una década de actuar en el exterior, entre Brasil (Corinthians), Inglaterra (West Ham, Manchester United, Manchester City) e Italia (Juventus). Una década de altísima exigencia con 148 goles convertidos en 307 partidos. Esos números estupendos nunca son gratuitos. Llegan también con daños colaterales, en algunos casos insalvables. Gabriel Batistuta y sus tobillos infiltrados hasta lo desaconsejable, pueden dar fe.

   Tevez no regresó de Europa entero. Nadie que juegue 10 temporadas en el exterior y vuelva a los 31 años, está entero. Ni la Bruja Verón que la rompió en Estudiantes después de su retorno del Viejo Continente en la segunda mitad de 2006. Hizo la diferencia en el fútbol argentino y fue la bandera del Pincha en la conquista de la cuarta Copa Libertadores en 2009, pero no estaba entero. 

   Aquellos momentos estelares de Tevez girando a espaldas del arco y dejando defensores imantados al piso para irse al gol inminente, forman parte de la religión del 9 que se observa en las imágenes de Youtube. No es que hoy esos registros futbolísticos sean imposibles que los repita. Pero hasta él los ve y los adivina muy lejanos. Son goles o golazos de antes. Cuando se movía en la dimensión de un 9 impetuoso y vertical que iba siempre a los bifes.

   Ahora prefiere que Calleri vaya a los bifes. Y que en la Selección vaya otro a colonizar el área ajena, como lo hacía Morata en la Juventus mientras él intentaba aparecer llegando desde atrás más liberado. Este es otro Tevez. Más frágil. Más vulnerable en el plano físico. Más dependiente del aporte colectivo. Alguien para aliviarle la carga dirá más inteligente. Más moderno en su manera de interpretar el juego. Más maduro, en definitiva. Son lindas palabras. Suenan atractivas.

   Pero el gol no tiene contra en el fútbol. Y Tevez tiene menos gol que antes. El arco le queda más lejos. Y esta realidad ni él la oculta. Porque quiere tener el arco más lejos. Y transferir la responsabilidad del gol. Aunque no sea un enganche. Aunque no sea un 10, a pesar de que lleve el 10 en la espalda como lo hacía Riquelme o Maradona. Pero los números en el fútbol suelen no reflejar verdades clamorosas.

   En la memoria colectiva, Tevez sigue siendo 9. Aunque no quiera jugar más de 9.            

  
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