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Fútbol
23 | 10 | 2015
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Argentinos, brillo y consagración

Eduardo Verona
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Por Eduardo Verona


Un 24 de octubre de hace 30 años, Argentinos Juniors conquistaba la Copa Libertadores en la final ante el América de Cali. Aquel equipazo que conducía José Yudica y que contaba, entre otros, con Olguín, Batista, Videla y Borghi, confirmaba en el plano internacional la vigencia de un fútbol brillante, que le permitió después enfrentar de igual a igual a la Juventus de Michel Platini.

Argentinos, brillo y consagración
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A excepción de Claudio Borghi, los últimos técnicos que dirigieron a Argentinos Juniors, entre los que se encuentran Ricardo Caruso Lombardi, Gabriel Schurrer, Leonardo Astrada y hoy Pipo Gorosito, todos repitieron una consigna: "El objetivo tiene que ser sumar puntos para salvarse del descenso". ¿Qué decía el viejo maestro José Yudica hace exactamente 30 años? "Ahora lo que nos queda por delante es salir campeones del mundo en Japón".


   La primera frase que abrazaron varios entrenadores de distintas líneas y estilos, es actual. O muy cercana. La segunda, nos hace recorrer el túnel del tiempo para remontarnos a la noche del jueves 24 de octubre de 1985, cuando Argentinos Juniors conquistó la Copa Libertadores en el tercer partido ante América de Cali, ganando 5-4 en la definición por penales, después de terminar igualados 1-1. Las distintas necesidades y circunstancias de hoy y de ayer sirven para describir las fotos y los paisajes de la vida y del fútbol.

   La realidad histórica, la que está escrita en los libros, indica que no fue campeón del mundo Argentinos como lo idealizaba el 24 de octubre de 1985 el Piojo Yudica y el plantel (cuya base la integraban Vidallé; Villalba, Pavoni, Olguín, Domenech; Videla, Batista, Commisso; Castro, Borghi, Ereros), porque en la final de la Copa Intercontinental, Juventus, con el francés Michel Platini como intérprete de la teórica superioridad europea que subestimaba el potencial del conjunto argentino, se impuso por penales 4-2, luego de protagonizar ambos equipos un partido brillante de 120 minutos que finalizó 2-2.  

   Más allá de la estupenda demostración de Argentinos frente a Juventus que todavía perdura en la memoria de los que vieron el partido, el otro recuerdo imborrable que fue la conquista de la Copa Libertadores obtenida en el Defensores de Chaco, de Paraguay, no sufrió fisuras.

   Aquel Argentinos que había eliminado en primera ronda a ese Ferro macizo de Carlos Timoteo Griguol, Fluminense y Vasco Da Gama y en semifinales a Blooming y a aquella versión inolvidable de Independiente (con Bochini, Marangoni, Giusti, Villaverde, Trossero y Clausen, entre otros, conducidos por el Pato Pastoriza), tenía la virtud esencial que siempre distinguió a los grandes de todos los tiempos: fútbol de alto vuelo.

   Hasta Yudica, muy austero y prudente para observar y calificar las virtudes propias, afirmó años después apelando a una convicción que jamás abandonó: "Ese equipo de Argentinos que tuve la fortuna de dirigir, jugaba de memoria".

   El vínculo con la memoria futbolera para tocar y hacer circular la pelota con gran volumen técnico y relieve ofensivo ya lo había reivindicado Angel Labruna durante 1983, cuando estuvo al frente de Argentinos. Al año siguiente, Roberto Marcos Saporiti sucedió a Labruna (fallecido el 19 de septiembre del 83 cuando contaba con 64 años) y ratificó ese estilo con juego y muy buenos resultados. Se consagró campeón del Metro 84 superando por un punto a Ferro y de inmediato Saporiti viajó a Colombia para conducir al Junior de Barranquilla. Varios años después, Saporiti confesó que fue un error haberse ido. Llegó Yudica para continuar la obra que estaba en marcha y a los 7 meses fue campeón del torneo Nacional de 1985 con un 2-1 sobre Vélez en la cancha de River.

   Argentinos denunciaba a nivel doméstico que era un verdadero equipazo. Lo significativo es que ese equipazo también consolidó su prestigio en el plano internacional. Y pulverizó el viejo estigma (de autor anónimo) de que para ganar partidos trascendentes y títulos de alcance sudamericano había que resignar convicciones, ideales y principios. Pero no resignó nada Argentinos. Ni aquí ni en el exterior. Fue fiel a sí mismo. Y logró unanimidades.

   Aquella noche de hace tres décadas en el cruce decisivo ante el América, en el que jugaban Falcioni, el Flaco Gareca, Cabañas y ese duende fenomenal que fue Willington Ortiz, Yudica se enojó feo con el Bichi Borghi, cuando con el arco servido en bandeja tiró una rabona frustrada que hubiera estampado el 2-0 parcial. La respuesta inmediata de América fue contundente: centro al corazón del área chica y empate de Gareca con un cabezazo al segundo palo de Vidallé.

   "Es que Borghi al que siempre consideré un jugador extraordinario, prefería tirar una rabona que meter un gol. En ese sentido era un irresponsable. Y yo se lo dije en los vestuarios, como se lo dijeron otros muchachos que se lo querían comer", afirmaba Yudica. Después, el 1-1 se prolongó hasta el show de los penales. El último fue un toque suave del Panza Videla a la izquierda de Falcioni

   "El crack del equipo y el más vago de todos era Videla. Jugaba cuando quería. En muchas cosas del juego, de la pausa, de la pelota exacta al espacio, se parecía a Riquelme. La verdad es que ahora a la distancia veo que ese Argentinos jugaba como lo hacía el Barcelona de Guardiola". Es cierto, parece una exageración lo que afirmó Yudica. Pero en su contexto, esas palabras del entrenador  que hoy tiene 79 años, no suenan desenfocadas. Porque brilló aquel Argentinos. Y dejó una estela inolvidable. 

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