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Panorama político
24 | 10 | 2015
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El fantasma de un resultado que dé lugar a las dudas

José Di Mauro
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Por José Di Mauro


Hay un ganador cantado que sin embargo no tiene asegurado el objetivo que busca. Y que si logra consagrarse en primera vuelta sin un resultado que no deje dudas, podría abrir la caja de Pandora de la judicialización.

El fantasma de un resultado que dé lugar a las dudas
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Podría concluir este domingo el dilatado cronograma electoral 2015, que se inició allá por abril pasado, en la provincia de Salta. El potencial tiene que ver con la posibilidad de que la definición se traslade al 22 de noviembre, fecha prevista para una segunda vuelta. Hablamos de la elección presidencial; ninguna de las once provincias que hoy eligen gobernador tiene sistema de balotaje.

Pero si bien se han escuchado múltiples quejas por la profusión de elecciones realizadas a lo largo del año, no ha sido este el más prolífico en la materia. Once fueron las provincias que desdoblaron la elección de sus autoridades con respecto a la elección nacional, lo que hizo que durante este 2015 hayamos tenido comicios en doce domingos. ¿Récord? Para nada, sin ir más lejos en 2011 quince fueron los domingos de elecciones y catorce las provincias que decidieron no hacer coincidir los comicios con los nacionales. La misma cantidad que en 2007, año en el cual hubo doce domingos electorales.

Lo curioso es que todos recuerdan 1999 como el año en el que con un guiño de Carlos Menem, los gobernadores peronistas decidieron masivamente desdoblar sus elecciones, cuestión de desligarse de la suerte de su candidato, Eduardo Duhalde. Siempre se le endilgó a ese factor una cuota parte de la derrota del candidato oficialista, pero lo cierto es que no fue récord, sino más bien la media que se mantendría en adelante: 14 gobernadores se eligieron esa vez en fecha diferenciada, y los domingos de elecciones fueron once, menos que lo que se ha vuelto una costumbre.

Salteamos 2003, cuando lo que se desdobló fue la elección presidencial, realizada antes de las de gobernadores. Ese año la fiebre electoral sí fue récord: se votó 17 domingos.

Así las cosas, queda claro que el presente año no se tocó ningún extremo, aunque el nivel de las quejas así lo infiriera. Y fueron muchos los candidatos que se quejaron por ello, deslizando que eso va a cambiar en el futuro. Si fue una promesa, será incumplida: aunque esos candidatos lleguen a la presidencia, las provincias tienen potestad sobre las fechas de sus elecciones, a partir de lo que establecen sus propias cartas magnas. El deseo de un presidente de cambiar eso, queda reducido al nivel de sugerencia. Sin ir más lejos, la presidenta Cristina Kirchner pidió a los gobernadores oficialistas que no desdoblaran y siete de ellos lo hicieron.

      Cristina Kirchner cadena nacional

Hay además un nivel de gataflorismo importante en la materia. Muchas veces se 'lamentó' que la provincia de Buenos Aires siempre haga coincidir la elección de sus autoridades con la convocatoria nacional, de modo tal de beneficiarse por el efecto arrastre. No fueron pocos los que lo remarcaron en esta oportunidad, en la que el corte de boleta históricamente acotado en ese distrito ha despertado tanta expectativa.

En estas elecciones también se hizo hincapié en el sistema arcaico de votación, y muchos dan por descontado que en 2017 eso se modifique. No habría que hacerse ilusiones. Es más bien un deseo de la oposición; ante la consulta puntual de este medio la semana pasada, el candidato oficialista no mostró que esa sea una prioridad para el caso de que gane. Ni qué decir a nivel provincial, donde igual que con las fechas elegidas para votar, sus gobernantes tienen la potestad de elegir el sistema. Y cada uno optará por lo que más le convenga. Pasará el tiempo y seguiremos asistiendo a un festival de boletas electorales, alentadas por sistemas absurdos como la ley de lemas o el 'acople'.

La única novedad será si por primera vez los argentinos deben elegir a su presidente en una segunda vuelta. En rigor, si así sucede, no será la primera vez que el resultado lo mande, pero sí la primera en que se ponga en práctica. Todos recuerdan la elección de 2003, cuando Carlos Menem ganó la primera vuelta por un 24,45%, contra el 22,24 de Néstor Kirchner, y a sabiendas de que se exponía a una derrota 70-30 en el balotaje, renunció al mismo. Pero hay otro antecedente en 1973, cuando los militares habían instrumentado por primera vez el sistema de balotaje, por el cual para ganar en primera vuelta había que pasar el 50%. Héctor J. Cámpora sumó un 49,56%, contra el 21,29 de Ricardo Balbín, que obviamente renunció a una segunda vuelta que no tenía mayor sentido.

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No es el caso de esta elección, en la que no hay dudas sobre quien vaya a ser el ganador, pero sí respecto de que pueda consagrarse este mismo domingo. Las encuestas que siguieron haciéndose a lo largo de la última semana, cuando ya no podían difundirse, exhibieron las mismas dudas, con un muy finito margen entre la posibilidad o no de que haya segunda vuelta. Pero las encuestas más fiables no son las que manejan los candidatos, sino las que encargan las empresas, por cuanto las mismas no pretenden que les digan lo que quieren oír, sino lo que va a pasar. Una empresa de primera línea, de capitales extranjeros, manejaba el jueves datos que hablaban de una definición en segunda vuelta, según pudo saber DIARIO POPULAR ese día.

En un año signado por elecciones poco transparentes que pusieron en tela de juicio los diversos sistemas electorales vigentes a lo largo y ancho del país, un resultado tan cerrado es la peor noticia que puede esperarse para este domingo. Las declaraciones del director nacional electoral, Alejandro Tullio, no dan lugar a expectativas positivas. Si bien pasadas las PASO -cuando la demora en la difusión de resultados constituyó un verdadero papelón- él había adelantado que ya con menos candidatos sería muy diferente en octubre, los últimos días volvió a infundir dudas, anunciando que recién para las 23 se brindarán este domingo los primeros resultados. Ya no es como antes, que finalizada la veda a partir de las 21 comenzaban a revelarse los resultados; ahora, previendo que los resultados de los principales centros urbanos -que suelen ser los primeros en definirse- serían adversos al oficialismo, se esperarán 'datos consistentes' de todo el mapa electoral, según adelantó Tullio, un radical que está en el cargo desde el 29 de mayo de 2001, cuando lo nombró Fernando de la Rúa, y es por lo tanto el funcionario de más tiempo de permanencia en un cargo nacional.

Con todo, el problema no es la hora, sino el margen de diferencia que puede marcar el triunfo en primera vuelta, o el acceso a un balotaje. Si son muy acotados habrá que esperar cuanto menos una semana para definir si hay o no segunda vuelta, sostuvo el propio Tullio. En el sciolismo esperan lograr un triunfo en primera vuelta que no deje margen de discusión, aunque tal vez pidan demasiado. El peor resultado sería sobrepasar por poco el 40% y tener una diferencia superior a diez puntos, pues tan escaso margen daría lugar a dudas sobre la legitimidad del ganador. 'El peor resultado sería no ganar', fue la seca respuesta.

Habría algo peor: que eventuales denuncias y un margen muy estrecho dieran lugar a una judicialización del resultado. El peor de los mundos, sin duda.


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