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Política
01 | 11 | 2015
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Camino al balotaje con los roles cambiados

José Di Mauro
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Por José Di Mauro


Al candidato oficialista no le pasó por la cabeza bajarse del balotaje. No se da por vencido, pero se muestra nervioso y obsesionado por conseguir los votos de Massa. Argumenta que hasta ahora hubo dos elecciones y que ganó ambas.

Camino al balotaje con los roles cambiados
Foto:

Erróneamente se especuló en un pasaje de la semana con la posibilidad de que Daniel Scioli se bajara del balotaje, reeditando la experiencia de 2003, cuando el ganador por dos puntos de la primera vuelta renunció a darle la chance al segundo de conseguir una gran legitimación en las urnas. Remitió también a una película más fresca en el tiempo, cuando ante otro balotaje se presionó al segundo para que se abstuviera de seguir dando pelea.

¿Tan conmocionante fue para el oficialismo el resultado del 25 de octubre como para dar pie a tamañas especulaciones? Sí. Si bien tenía claro el sciolismo en vísperas de la elección que no habían logrado un crecimiento importante en la intención de voto, los tranquilizaba la idea de un estancamiento de Mauricio Macri y una fuga de votos hacia el tercero en discordia. Pero a pesar del optimismo que trataban de demostrar, sabían que el balotaje era una posibilidad muy concreta. Y que esa instancia no sería un segundo tiempo, sino más bien otro partido, en el que el resultado estaría abierto.

      Daniel Scioli Elecciones 2015

Pero ese que era el peor escenario, se planteaba siempre desde una posición victoriosa; esto es, un resultado favorable con una diferencia importante que obligase al rival a hacer el gasto. Sin embargo el resultado del 25 de octubre fue una verdadera hecatombe para el oficialismo, que nunca imaginó terminar casi empatado y perdiendo por primera vez la provincia de Buenos Aires.

A partir de entonces, el oficialismo se dividió en un variado menú en el que convive una parte importante que considera que la elección ya está perdida; otra que quiere dar pelea, pues confía en revertir la historia, o porque no tiene otra alternativa; aquellos a los que solo les preocupa buscar responsables, y una buena parte que se dedica a pensar en el destino del peronismo, cualquiera sea el resultado del 22.

A Daniel Scioli nunca le pasó por la mente bajarse del balotaje, y claramente se inscribe entre los optimistas que confían en revertir la historia. Argumenta que hasta ahora hubo dos elecciones y que ganó ambas, antecedente suficiente para no perder la calma. Pero tal "confianza" no se transmite a su semblante, ni mucho menos a sus actos. Está nervioso y se le nota. Desde que el resultado electoral lo bajó del sitial del "favorito", el gobernador bonaerense da barquinazos en busca de un norte para su campaña.

A su alrededor predominan las voces que le sugieren tomar distancia de la Presidenta, pero no hay manera de que esa alternativa prospere, y mucho menos que vaya a tener el éxito buscado. Promediando la semana, el candidato fue decididamente en busca de los votos de Sergio Massa, y no pareció encontrar mejor manera que usar la estrategia del tigrense. En efecto, cuando el líder del Frente Renovador ya no tuvo nada que perder, radicalizó su discurso y se transformó en una propaladora de propuestas. Scioli corta camino y toma algunas de las iniciativas de Massa con el simple objetivo de atraer la mayor parte de los cinco millones de votos que obtuvo UNA en la primera vuelta.

No es tan sencillo, sobre todo cuando queda claro que aparte del componente peronista que tienen esos votos, son en gran medida opositores. Y más aún cuando los principales referentes de UNA, comenzando por su líder, se manifestaron "a favor del cambio", más allá de que -con toda lógica- el exintendente de Tigre no pronunció un apoyo formal a Macri. No lo hará; no le conviene hacerlo, pues pensando en su futuro, semejante pronunciamiento lo enemistaría con una parte de su electorado, al que aspira contener en su totalidad, aunque ahora vaya a "prestar sus votos". Porque está claro que Sergio Massa necesita que Daniel Scioli pierda el balotaje y transformarse así él en una de las figuras fuertes del peronismo, aunque esté fuera del partido.

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De por sí, Massa vivió una semana soñada cuando se mantuvo en el centro de la escena a pesar de su tercer lugar, y haber sumado apenas un punto más con respecto a lo que UNA obtuvo en las PASO. Si un desprevenido visitante llegaba al país ese día y veía la presentación de Massa el martes en el Hotel Hilton, no hubiera dudado en pensar que ese había sido el ganador del domingo. Y en realidad solo obtuvo el 21% de los votos.

Mauricio Macri disfruta en tanto de estar donde se había planteado para esta altura, pero sin duda mejor de lo que había previsto. Se presume ganador, pero sabe que no puede bajar la guardia, ni mucho menos alentar que sus votantes lo hagan. Por el contrario, cualquier relajación puede ser mortal para su destino.

Siente que sobre la hora quedó demostrado el deseo de cambio que se cansó de afirmar que predominaba en la sociedad, y destaca la estrategia que lo llevó hasta donde está. Reivindica a Jaime Durán Barba, pero sobre todo a su jefe de campaña Marcos Peña, futuro secretario general de la Presidencia -si es que gana-, quien como el ecuatoriano sostenía que una gran alianza opositora para las PASO le hubiera dejado servido el triunfo a Scioli en primera vuelta. Hay una explicación aritmética: si las PASO plantearon un escenario de 40-30-20 para Scioli, Macri y Massa, teniendo en cuenta que un tercio de los votos del tercero se supone que serían captados por el candidato oficialista, le alcanzaban a este para llegar al 46% y consagrarse en primera vuelta. Por eso es que octubre tenía que encontrar a todos los protagonistas en carrera.

Y hablando de porcentajes, llegamos a las encuestas. Desprestigiadas como quedaron después del resultado del 25, cuesta mirarlas sin desconfianza. González Valladares ya difundió una que da a Macri ganando 54 a 46, pero es el encuestador que en vísperas de la primera vuelta proclamaba que Massa había pasado al candidato de Cambiemos. Todo esto antes de que el propio Sergio Massa aclarara que "no votaría a Scioli", lo cual molestó a Felipe Solá, la única figura de la plana mayor de UNA que parece más cerca de votar al gobernador bonaerense. 

      Massa debate

Habrá que estar atentos también a los sondeos después de la reaparición pública de Cristina Kirchner, quien tras descartar que el candidato oficialista vaya a desertar del balotaje, se despachó con cuatro discursos en los que más allá de no haber incluido a Daniel Scioli, parecieron destinados a evitar que el kirchnerismo baje la guardia ante el balotaje. Parecieron también un ensayo de un eventual papel suyo como jefa de la oposición.

 

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