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Historias de vida
01 | 11 | 2015
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A la vocación docente, Néstor le incorporó mucha cancha

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Los años en los que en el quiosco de diarios en Quilmes acompañó el trabajo de su padre canillita, fueron la base de una sólida formación ética y moral que ensambló con su perfil de educador comprometido.

A la vocación docente, Néstor le incorporó mucha cancha
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A la vocación docente, Néstor le incorporó mucha cancha
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Néstor Lamendia se apasiona cuando la conversación gira hacia dos de sus temas predilectos, la educación y el fútbol, rubros en los que tiene dominio y experiencia. De hecho, quien hasta el año pasado fue director de la escuela que funciona en el penal de Villa Devoto y que ejerce como maestro de primaria desde hace quince años en el Instituto Benito González de Bernal Oeste, reconoce tener un vínculo profundo con el más popular de los deportes en el cual, aunque con humildad no lo admita, es un auténtico libro abierto.

Cómo será esa devoción que se animó a trasladar aspectos de la filosofía futbolera a la aplicación práctica como docente con resultados satisfactorios como, sin ir más lejos, los que obtuvo en el tiempo en que dio clases tras las rejas de la mencionada unidad carcelaria y en el Instituto San Martín, de Parque Chacabuco, con adolescentes en situación de encierro.

"Siempre me gustó el trabajo social y cuando surgió la posibilidad en el San Martín y en Devoto, acepté, en ese último caso con la ayuda que me dieron desde el Benito González, donde me mantuvieron el puesto", apuntó Néstor a HISTORIAS DE VIDA.

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El modo en que descubrió que tenía vocación para enseñar es digno de destacar. "Acompañé a un amigo a dar una materia previa y me quedé esperándolo en un aula vacía de la escuela. Allí en silencio, entre los bancos, el pizarrón y los rayos de sol que entraban, sentí que tenía que ser maestro. Fue -aclaró- como una revelación".

Con la indemnización que en 1999 recibió de Obras Sanitarias, donde trabajaba, y que pasó a manos privadas Néstor, que tiene 45 años, se dedicó a estudiar y se recibió en 2001 como docente de enseñanza primaria. Hoy está por terminar la especialización de Profesor de Enseñanza de Adultos y Menores.

Pero a la formación que tuvo y a la experiencia acumulada en las aulas, Néstor redondeó su perfil de educador con las enseñanzas derivadas del fútbol como un todo cultural que en su caso empezó a incorporar en el quiosco de diarios de su padre, Víctor, situado en la esquina de Rivadavia y Gaboto, en la estación de Quilmes.

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Al ángulo

"Al quiosco empecé a ir cuando de chico me castigaban por portarme mal y después seguí yendo para acompañar a mi viejo, un jubilado de la ex SEGBA que estuvo 46 años en esa parada", señaló. Las revistas de fútbol, los suplementos deportivos, las charlas con los clientes y el placer por ver fútbol hicieron el resto.

A propósito de esa relación casi carnal, apuntó que "el único prejuicio que tengo es cuando alguien me dice que no le gusta el fútbol".

Separado pero con mucho acercamiento a su hija Micaela, de 15 años, con la que suele ir a la cancha a ver a Quilmes, Néstor recuerda que una de las tantas veces que usó al fútbol como maestro fue en la escuela de la cárcel de Devoto. "Allí antes de ser director, fui cuatro años maestro de literatura y les pedía a los alumnos que sólo se identificaran con su nombre de pila y el club del que eran hinchas. Yo me presentaba como Néstor, de Quilmes, para generar un clima de igualdad".

Su concepto es que el fútbol "es una síntesis de la vida misma", a tal punto que parafrasea al ex director técnico César Luis Menotti cuando afirma que en el Instituto Benito González, "me pagan por soñar". Y no solo por eso, seguro que también le reconocen que enseña "lindo", como el fútbol con el que comulga el Flaco.

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La zamba que lo salvó de un asalto

Néstor considera que trabajar como maestro en una cárcel o en un instituto de chicos en situación de encierro "abre una gran ventana" que permite mirar hacia lo profundo. "No hago diferencias entre alumnos de una cárcel o una escuela común, en todo caso -subrayó- es dar a los chicos o a los grandes la posibilidad que accedan al derecho de tener educación".

En ese sentido, una de las grandes anécdotas de su vida fue la noche en que caminaba por Constitución y dos jóvenes lo abordaron para asaltarlo. Pero cuando se venía lo peor, uno de ellos lo reconoció a Néstor como el maestro que había tenido unos cinco años antes en el Instituto San Martín. "'Vos sos el de día muere con la noche y la noche con el día', me dijo, en alusión a la letra de una zamba que le había enseñado en el instituto", indicó Néstor.

"Era impresionante el estado en que estaba ese chico a tal punto que si él no me reconocía a mí, yo nunca podría haberlo hecho", concluyó.

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Rivadavia y Gaboto, la esquina de los códigos y valores

El puesto de diarios que su padre tuvo durante 46 años en la esquina de Rivadavia y Gaboto, en la estación de Quilmes, es para Néstor un lugar emblemático donde aprendió, asegura, "códigos y valores".

"Allí, en el quiosco veías todo y conocías al 'punga', al quinielero a los tacheros y para mí, de pibe, era la gloria cuando el Pato Fillol, que llegaba en un Peugeot 504, o el (ex futbolista de Quilmes Omar) 'Indio' Gómez venían a comprar El Gráfico", recordó.

Por esos años, el tango no solo se escuchaba en la casa de Víctor y Raquel, los padres de Néstor, sino que se extendía, en horas de trabajo y también por radio, al quiosco. "Incluso (el locutor) Jorge Bocacci destacó a la intersección de Rivadavia y Gaboto como 'Esquina tanguera' y en eso mucho tuvo que ver la radio de mi viejo que sonaba siempre con esa música", precisó.

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"De tantos años, lo que me dejó la parada de diarios fue que en la escuela aprendí los contenidos pero fue en esa esquina -puntualizó- donde comencé a incorporar códigos y valores". Uno de los hechos que rememora fue cuando el ex barrabrava de Quilmes, Carlos Alberto de Godoy, el mítico 'Negro Thompson, que era taxista en esa esquina, le mandó una carta a su padre desde la cárcel de Devoto, donde murió, en la que le confesaba que no había sido el autor del homicidio de un hincha por el cual lo habían condenado. "Me mandé muchas, pero esa, no", le escribió.

 

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