sábado 3.12.2016 - Actualizado hace
Fútbol
02 | 11 | 2015
Imprimir
Agrandar
Reducir

Boca le ganó a los fantasmas

Eduardo Verona
0
Comentarios
Por Eduardo Verona


Estaba acosado Boca por las conquistas de River y por las grandes exigencias del presente. Su consagración no fue compatible con una estupenda medida de fútbol, pero pudo liberarse de obligaciones y urgencias que siempre condicionan todas las respuestas. En ese escenario de alta complejidad ganó lo que lo desvelaba. Ganó un título. Y ahora puede construir o no un perfil más atractivo y convincente.

Boca le ganó a los fantasmas
Foto:

   Los fantasmas del Apertura de 2006 quedaron en primer plano cuando Boca tenía la mesa servida y se terminó quedando sin nada después de caer ante Belgrano y Lanús y luego en aquella final ante Estudiantes en la cancha de Vélez. Los fantasmas más actuales también lo visitaron cuando River lo despachó en la Copa Sudamericana de 2014 y la Copa Libertadores 2015. Eran los fantasmas que acosaban al Vasco Arruabarrena,  al plantel y a la dirigencia presidida por Daniel Angelici, en el caso que la conquista del  campeonato sufriera una postergación por unos días o definitiva.

   Todos esos fantasmas juntos también forman parte de la dinámica del fútbol de todos los tiempos. Existió antes. Existe ahora. Esa emotividad existencial que es un componente inevitable del juego, venía cerrándole algunas puertas a Boca. Con Carlos Tevez. Y sin Carlos Tevez más aún.

   Lo arrinconaban las obligaciones al equipo. Quizás por eso, Rodolfo Arruabarrena en varias oportunidades había anunciado la posibilidad muy cercana de pasar fin de año desvinculado del club. ¿Qué era eso? Miedo al fracaso. Comprensible miedo. Que si se supera queda como un estigma olvidable. Si se pierde, en cambio, como le pasó en el 2006 a Ricardo La Volpe, queda como una marca imposible de borrar. Por eso La Volpe sigue siendo consultado por la prensa en estas circunstancias. Porque protagonizó como entrenador lo que no quiere protagonizar nadie.

   Esa pesada carga del pasado y del presente acompañaba a Boca. A su gente. A sus jugadores. A su cuerpo técnico. Y a su dirigencia, presionada también por las próximas elecciones en diciembre. ¿Qué hubiera ocurrido si Boca hubiera sufrido contratiempos insalvables en esta marcha hacia su consagración? Una auténtica hecatombe. Y una búsqueda desesperada de chivos expiatorios para saldar las viejas y las nuevas frustraciones.

   No brilló Boca durante las 29 fechas de 2015. No deleitó a nadie. No sumó adhesiones extrapartidarias. No denunció ser un equipazo capaz de articular dosis más pequeñas o más grandes de muy buen fútbol. La verdad es que desde el arranque de la temporada se advertía con claridad absoluta que no estaba para complacer ese tipo de demandas. No por ausencia de buenos jugadores. No porque Arruabarrena se haya perfilado como un conductor sometido por la especulación.

   Pero convivían en Boca presiones muy complejas de desactivar. Presiones que el ambiente multiplicó desde el primer partido. Estaba, en definitiva, entre la espada y la pared el equipo. Era la vuelta olímpica o Devoto. La frase extraída del folklore de la calle parece un despropósito. Y lo es. Pero no se puede negar la existencia del despropósito.

   Con ese panorama tuvo que lidiar Boca. Cada empate un drama. Cada derrota una tragedia. Cada triunfo un alivio. No más que eso. Pesó demasiado el entorno. Influyó demasiado el contexto. No ver eso es no ver una parte de la realidad inobjetable. ¿Qué hizo entonces Boca? Hizo lo que pudo. Que lejos estuvo de ser algo muy atractivo. Lo fundamental en este marco de altas exigencias y grandes dificultades, fue que ganó lo que deseaba ganar.

   Allí, precisamente, se concentra la medida que puede enorgullecer a Boca. Cumplir con el objetivo. Quedarse con esa chapa siempre insuficiente de gloria. Para respirar tranquilo, por lo menos durante unos días. Pocos días, porque lo espera Rosario Central en la final de la Copa Argentina.

   Ese salto de calidad que prometía el regreso de Tevez no se cumplió en función de los sueños y los ideales previos. Tevez fue importante. Pero su aporte no fue arrollador. Intentó liderar adentro y afuera de la cancha. Y de a ratos lo consiguió. En esos ratos, Boca estableció ventajas. Y sumó puntos decisivos. La consagración que logró Boca en el 1-0 frente a Tigre habla de una modestia indisimulable. Y de un desahogo que solos los protagonistas pueden definir.

   Si la conquista de Boca es la puesta en marcha de una etapa de mayor plenitud y alcance futbolístico, se verá en los próximos meses y en las próximas competencias. Y si llegó a su techo, también. Nada puede anticiparse. Y esto es lo que mantiene vivo al fútbol.
      Embed



Comentarios Facebook