sábado 10.12.2016 - Actualizado hace
Opinión
03 | 11 | 2015
Imprimir
Agrandar
Reducir

Darse cuenta

Gustavo Nigrelli
0
Comentarios
Por Gustavo Nigrelli


La realidad del boxeo argentino se vio reflejada en la 28º Convención de la OMB y también la de la región Sudamericana. Llena de buenas intenciones, lo que le falta a la OMB es ponerlas en práctica, cosa que hoy en día depende más de las posibilidades que de la voluntad.

Orlando Salido (México, pelea del año).

Sergey Kovalev (Rusia, boxeador del año).

Rocky Martínez (Puerto Rico, pelea del año).

Juan Francisco Estrada (México, supercampeón AMB/OMB mosca).

Donnie Nietes (Filipinas, supercampeón minimosca OMB).

Terence Crawford (USA, campeón welter jr OMB).

Naoya Inoue (Japón, campeón supermosca OMB).

Krzysztof Glowacki  (Polonia, campeón crucero OMB, vencedor de Marco Huck).

Y quizás alguno más.

Todos presentes en la 28º Convención OMB que se realizó la semana pasada en Orlando, Florida, invitados, distinguidos y galardonados por sus recientes logros a lo largo de 2015, o por su trayectoria.

¿Argentina? El único que ligó algo fue el tandilense Matías Rueda (campeón latino pluma OMB, 3º en el ránking), premiado como el boxeador latinoamericano del año, pero no presente en la Convención. Y su mánager, Mario Margossián, destacado como promotor latino del año, quien sí acudió.

¿El resto? Cero al as.

Eso habla a las claras de la crisis que está viviendo el boxeo argentino, que se desmoronó de golpe en 2015, pero que ya daba indicios en los últimos tiempos, sin que muchos quisieran verlo, aferrados a logros efímeros, con poca base.

Nuestro país era líder en la OMB, con campeones como Narvaes, Chacón, Barrios, o el Tyson Ramírez, más las muchas mujeres y los muchos clasificados de primera línea, que convertían la sesión del Comité de Clasificaciones en algo esperado, fuente de información para la nutrida prensa nacional, con alto grado de presencia allí, que marcaba agenda y definía los pasos futuros a corto y mediano plazo de gran parte de nuestro boxeo.

De allí salían chances mundialistas, posiciones expectantes de privilegio, defensas, unificaciones y demás planes interesantes, que infundían esperanzas y obligaba a estar atentos y motivados.

Quedó un sabor amargo en ésta al ver la concurrencia quizás record de todo el mundo, y la notable ausencia argentina.

Hubo que conformarse con ser testigos de cómo otros podían cambiar figuritas, o acordar fechas y rivales, mientras nosotros –salvo Rueda, aún verde- no teníamos cómo competir.

Lo único a conversar podía ser la revancha de Omar Narvaes frente a Inoue, que quizás se haga el año próximo. Pero estamos hablando de alguien de 40 años, y su mánager, Osvaldo Rivero, volcado últimamente hacia la FIB, tampoco estuvo.

Más allá de lo que atañe al boxeo argentino en particular, repercutió gratamente la preocupación de la entidad, encabezada por el presidente "Paco" Valcárcel, de combatir los records y las peleas "truchas" que están proliferando en todo el mundo a través de medios digitales como boxrec o fight fax, con el fin de jerarquizar la calidad de los campeones y retadores que aspiran a peleas internacionales, títulos mundiales, o regionales de la entidad.

El año pasado se había puesto el acento en los fallos, en la justeza e imparcialidad de los mismos, combatiendo los localistas.

Ignoramos si se arregló o no –se han hecho seminarios al respecto, aunque con notorias falencias reglamentarias en sus sistemas de puntuaciones-, pero al menos se marcó un rumbo y se trató de unificar criterios.

Falta que acierten en la escala de puntuación, ya que el piso de 10 x 6 cuando no hay límite de caídas en un round, genera la aberración de que para ellos caer 2 veces, ó 3, es lo mismo. Nada más injusto.

Máxime cuando piden que un round donde no hubo caídas se falle 10 x 8, si es que la cantidad de golpes dados así lo amerita, y más aún cuando al no permitir el medio punto, piden que un round se falle 10 x 9 siempre, aunque no haya diferencias apreciables. Si se quiere ser tan exactos y justos, 2 caídas no pueden valer lo mismo que 3.

Pero este año el tema reglamentario central fue el peso, para lo cual gastaron una sesión entera.

Y volvieron a mostrar vacíos reglamentarios.

Pusieron la lupa en cuidar el exceso cuando uno de los dos púgiles, o ambos, no dan la categoría y bajan bruscamente, para evitar ocasionar trastornos en su salud. Y explicaron obviedades de cómo se define el título en esos casos –algo re manido-, además de los métodos para controlarlo previamente sin que se llegue con la soga al cuello el último día.

Pero la regla no aclara cuál es la diferencia tolerable para que pueda llevarse a cabo una pelea en esos casos, ya sea con un kilaje fijo, o un porcentaje, algo que recordamos sucedió en el choque de La Hiena Barrios vs Mike Anchondo, donde hubo casi 3 kg de diferencia entre ellos, y 2,100 kg por encima del límite superpluma (59 kg) de parte del yanqui.

Por más multa que se pague, o decisión que se tome, ¿hasta qué kilaje de ventaja permite la OMB que una pelea se realice? 

No puede quedar eso sujeto a la Comisión local, ya que quizás ésta no lo contemple. O quizás no posea la misma preocupación que la OMB en ese tema.

Tampoco puede analizarse "caso a caso", como le planteó en privado a DIARIO POPULAR el Secretario del Comité Ejecutivo, el boricua José Izquierdo, porque eso sería injusto. Las reglas deben ser iguales para todos y es menester que sean escritas.

Pero hay algo peor. No está contemplado el límite inferior, es decir, cuánto menos del límite puede pesar un boxeador.

Para ellos, mientras no se exceda de la categoría en disputa, todo es legal. Con tal criterio, un mosca puede pelear con un pesado –absurdo, pero posible con esas reglas, además de peligrosísimo-. O algo más disparatado aún: dos welters pueden pelear por el título mediano.

Créase o no, algo así ha pasado hace poco, aunque en el CMB, pero puede pasar en la OMB si no se regula, cosa que al parecer no tienen pensado: Miguel Cotto peleó con peso de superwelter por el título mediano ante el australiano Daniel Geale, y Manny Pacquiao con peso de welter por el superwelter ante Antonio Margarito.

Con agregar que ambos púgiles deben estar dentro de los límites mínimo y máximo de cada división cuando hay título en juego, suficiente.

La OMB está llena de buenas intenciones que a veces fallan en su práctica.

Sin ir más lejos, este sábado peleó en nuestro país por el latino crucero de la entidad, un brasileño de nombre Mohamad Said, de 41 años y un record engañoso de 42-9-1.

Said es de esos púgiles alimentados con perdedores de dudosa procedencia y en otros pesos, que Valcárcel detesta y quiere combatir. Obvio, perdió por KO 2 ante el paraguayo Isidro Ranoni Prieto.

Está visto que la tarea es más que difícil, porque con un buen record todo se enmascara. El problema es que ponerse tan exigentes hoy, es no poder organizar peleas, y eso atenta contra el boxeo, pudiendo ser más nocivo el remedio que la enfermedad.

No obstante urge denunciarlo y estar atentos, aunque parezca que se juegue el papel de alcahuetes, porque no hacerlo nos pone en el de cómplices.

      Embed


Tags

Te puede interesar

.

Comentarios Facebook