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Música
09 | 11 | 2015
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Los desafíos de Octafonic, una banda de música hecha por músicos

Producción: Nicolás Rotnitzky / Diseño: Martín Ernesto García
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Por Producción: Nicolás Rotnitzky / Diseño: Martín Ernesto García


La interesantísima banda que encabeza Nicolás Sorín estalló el viernes a la noche en Niceto. La compleja propuesta que ofrecen en Monster se sostiene, incluso, arriba del escenario.

Los desafíos de Octafonic, una banda de música hecha por músicos
Foto: Pablo Astudillo
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En el último tiempo, los recitales se redefinieron. Antes, los conciertos en vivo eran la excusa para imitar el repertorio del disco y ver a la banda, ahí, en carne y hueso. Significaba salir de la comodidad de los parlantes para llevar al grupo del disco a un teatro, boliche o estadio. Hoy en día, el vivo tiene que ofrecer algo distinto, algo diferente. Para los más exigentes, algo superador.

Octafonic no entra en esa última premisa. Cada vez que se suben a un escenario, como el último viernes en Club Niceto, sus desafíos pasan por aquellas viejas excusas: imitar la complejidad de sus arreglos, de sus canciones. Monster, el primer y único disco del grupo que encabeza Nicolás Sorín, es un álbum indefinible: ellos mismos deberían explicar qué tipo de música hacen porque, por suerte, en un ambiente musical que busca cada vez más estereotipos, ellos no son encasillables.

      Octafonic 2

Entonces, en realidad, los desafíos de Octafonic eran dos. Primero, sonar en vivo a la altura del disco. Reproducir un sonido que parece irreproducible. Inimitable. Y vaya si lo lograron: Octafonic, en vivo, son nueve elementos sueltos que componen un todo armonioso, climático, que por momentos lleva al éxtasis. Y a la sorpresa: es realmente impresionante cómo suenan. Octafonic no tiene un guitarrista, un saxofonista, o un baterista. Octafonic tiene un músico que toca la guitarra, otro músico que toca el saxo, y otro músico que toca la batería. Todos dominan tempos complejos, de partitura. Y lo hacen a la perfección.

La segunda dificultad es afrontar un recital con 12 canciones. La sortearon fácil: agregaron dos temas de "What?", el disco en el que están trabajando, y algunos pasajes de música instrumental.

Sin dudas, es un grupo para disfrutar en vivo. En Niceto ofrecieron un juego de luces atractivo, con una puesta en escena interesante. Ellos, los músicos que hacen música, se vistieron de saco y corbata, como si estuvieran listos para un casamiento. Lo vivieron así: empezaron correctos, sobrios, y terminaron con las corbatas en el suelo y las camisas desabrochadas.

Ver a Octafonic es un viaje con despegue, vuelo, vuelo alto, vuelo todavía más alto, a más altura, para aterrizar más tarde, en la casa, en el sillón, en la cama, o en una sobremesa. Ellos garantizan el disfrute; el regreso a la calma va por cuenta del consumidor. 

      Octafonic 3

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