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Fútbol
11 | 11 | 2015
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Selección: la hora de despegar

Eduardo Verona
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Por Eduardo Verona


Después de un pésimo arranque en las Eliminatorias donde sumó una derrota ante Ecuador y un empate con Paraguay, la Selección tiene que recuperar el orden y el juego para encontrar un mínimo funcionamiento. Los cruces frente a Brasil y Colombia testearan otra vez el nivel que puede expresar Argentina sin Messi ni Agüero y cuál es la estrategia de Martino para hacerle frente a una circunstancia muy compleja.

Selección: la hora de despegar
Foto: José Brusco
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   Apenas tocó suelo argentino para integrarse a la Selección, el defensor Nicolás Otamendi declaró: "Tenemos que pensar en lograr un buen funcionamiento de equipo". Por su parte, Angel Di María, expresó: "Hay que cambiar el chip para que salgan las cosas lo mejor posible".  

   Las dos respuestas, sin profundizar, blanquearon lo que le falta a la Selección. Que es juego colectivo con Messi y Agüero o sin ellos, como será ante Brasil en el Monumental y Colombia en el Estadio Metropolitano de Barranquilla.

   Esa ausencia de juego colectivo que Gerardo Martino siempre intentó ocultar o disimular, quedó más expuesto en las dos primeras fechas de la Eliminatoria (en la derrota 2-0 con Ecuador y en el empate 0-0 ante Paraguay) porque sin Messi ni Agüero la posibilidad del desequilibrio individual se redujo a niveles bajísimos.

   Habló Otamendi del objetivo de tener un buen funcionamiento. Funcionamiento que la Selección no tiene. Y que tampoco tuvo en el desarrollo de la Copa América, cayendo (en definición por penales) sin mostrar ningún relieve valioso en la final contra Chile. Analizando ese partido que dejó a la Argentina con las manos vacías, Martino elaboró una explicación que no lo dejó bien parado: "Neutralizamos a Chile, pero perdimos la naturaleza de nuestro equipo".

   A poco más de 4 meses de aquel episodio que le abrió a la Selección una nueva herida muy difícil de cicatrizar, el equipo entró en una etapa de franca involución. La deserción de Messi potenció la debilidad colectiva. Y se cayó el equipo. Se cayó de tal manera que hasta se puso en duda todo.

Hasta la idea futbolística que Martino había reivindicado apenas asumió después del Mundial de Brasil.

   No es Martino el que tiró por la borda la idea de alta presión, circulación y ritmo ofensivo, que salvo ráfagas no se concretó en la cancha. Es, en general, el ambiente, el que reclama otro proyecto y hasta otro entrenador, aunque las Eliminatorias recién hayan comenzado. 

   Los cruces inminentes frente a Brasil y Colombia adquieren, entonces, una importancia superlativa para los jugadores y para el técnico. Si no pega un salto de calidad muy evidente, la Selección y Martino atravesaran horas muy turbulentas. En el marco de las urgencias del fútbol que siempre se renuevan espasmódicamente, el compromiso ante Brasil no admite pasos en falso.

   Un gran paso en falso es volver a jugar mal. Y cuando se juega mal es muy probable que se pierda. La Selección juega mal porque perdió el orden. El orden colectivo. Y sin orden nada puede construirse, excepto un alto registro de inspiración individual que hoy Argentina no denuncia.

   "Hay que cambiar el chip", dijo Di María sin ahondar en ninguna precisión. ¿A qué chip se refería? ¿A ganar en lugar de perder? ¿A jugar bien en lugar de jugar mal? ¿A cambiar el sistema y la formación del equipo? ¿A cambiar la idea que expresa Martino cada vez que puede? ¿A cambiar el ataque por el contragolpe? No se sabe. La pregunta es clave: ¿Di María lo sabrá? ¿O lo que planteó el jugador del París Saint Germain no deja de ser uno de los típicos lugares comunes que abordan los jugadores en circunstancias complejas?

   Encontrar un orden para defender los espacios y elaborar juego tiene en el fútbol un punto de partida primordial: el funcionamiento que se nutre del orden. Y el orden del funcionamiento. A partir de ahí los que puedan volar un poquito, que vuelen. Aún sin las presencias de Messi, Agüero ni Tevez.

   Confirmar que la Selección precisa ganar para respirar con cierto alivio, es una obviedad gigante, aunque sea una realidad indiscutible. El tema es el camino que elige. Las formas futbolísticas que va a frecuentar. Y la capacidad de cada solista para integrar una orquesta. Y sonar bien. Porque si suena regular o mal, al Tata Martino se lo puede llevar la corriente.

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