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Boxeo
12 | 11 | 2015
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Errores de cálculo

Gustavo Nigrelli
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Por Gustavo Nigrelli


La política de salir afuera a buscar mejores bolsas a cambio de un mayor riesgo boxístico dejó a César Cuenca sin corona y, quizás, al borde del retiro. ¿Es negocio? Pero a la vez el chaqueño entró en la variante "argentina" de "dar las hurras" pronto sicológicamente, tras algún logro.

Errores de cálculo
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La primera pregunta a formularse es por qué el chaqueño César Cuenca, con lo que le costó llegar al título mundial, tuvo una 1ª defensa tan dura de su corona superligero FIB (ante Eduard Troyanovsky), siendo que se trataba de una optativa.

Dura en los papeles –que después se cristalizó en el ring-, con un rival de esa envergadura: un ruso invicto, alto, largo, pegador, ordenado, y para colmo, de visitante. 

Jamás Cuenca había enfrentado a alguien así en toda su carrera. Ni el "Pumita" Olmedo, con su pegada y juventud se le parecía, ya que su boxeo era mucho más tosco, frontal y desalineado.

Obvio, la respuesta a esa pregunta está implícita: por la plata.

Seguramente debió haber habido una muy buena bolsa, lo cual redunda en una muy buena razón, quizás la principal. ¿También la única?

¿No era preferible –sin desecharla- hacer una primero en Chaco, de local, aprovechando el momento político/eleccionario, con Capitanich de Gobernador, frente a uno de esos que andan por ahí sin tanto peligro?

Sin abusar, en un contexto donde todo se justifica en pos de una campaña electoral, dinero no iba a faltar. Menos para un hijo dilecto de la provincia como es Cuenca.

Pero echando una mirada al ránking FIB, no había demasiados accesibles para elegir, salvo que se rankeara a alguno de apuro -como suele suceder-, total qué le hace una mancha más al tigre.

La idea era asegurarse una de local, y luego sí salir a por todo frente al ruso Troyanovsky, también como optativa y con opciones de revancha –tal como se firmó ahora- mientras se definían los dos primeros lugares del ránking FIB que aún están vacantes e iban a determinar la obligatoria.

Todo a fin de que a Cuenca le dure algo más su reinado, por el que tanto esperó.

Es que, mirando las cosas objetivamente, de ningún modo el chaqueño podía vencer a Troyanovsky (PKOT 6), y menos con su actitud previa, llena de desidia en lo estratégico, pensando en que era una pelea más, en que "no me gusta mirar videos", "miro un par de rounds y listo", "nunca lo hice y no me fue mal, así que no lo voy a hacer ahora", etc.

Cuenca y su equipo debieron haber tomado los recaudos del caso, que tal vez lo hicieron, pero no se notó. Excluyamos a Cuenca; su equipo técnico, seguro.

Sin embargo, o no lo hicieron, o se equivocaron de cabo a rabo al salir a esperarlo al ruso, que ni necesitaba acercarse para llegarle desde afuera como quería y lastimarlo.

Jab y rectos sin arriesgar nada, o sea, el boxeo más simple y cómodo que acostumbraba a desarrollar el ruso, Cuenca se los sirvió en bandeja, pensando en que bastaba con apelar a un llamado divino para que la cosa cambie, por el solo hecho de estar él en el ring.

Hay una sola forma de combatir a esa clase de púgiles: la corta. El cuerpo a cuerpo. La guerra y el oficio, donde ahí sí Cuenca prevalecía, aunque no fuese su naturaleza boxística. Después que pase lo que pase. Pero jamás darle la distancia y el tiempo para que los maneje, máxime sin contar con una pegada que lo ayude a dar vuelta todo en un rapto fortuito.

Pero no. Extrañamente, su DT, Mario Tedesco –tal vez hoy el mejor del país-, no pareció ver eso, o al menos, su pupilo no dio muestras de intentar hacerlo.

Desde el rincón tampoco se escuchaban indicaciones al respecto, y a cambio los hijos de Tedesco (Patricio y Mauro) hablaban más que el padre, quien los hizo callar.

Fueron los mismos muchachos que patotearon al árbitro David Fields -quien paró la pelea correctamente cuando Cuenca se negó a seguir- queriéndoles levantar los brazos (uno de cada lado), al grito de "vos la ganaste", como si estuviesen en la cancha, en gesto vergonzante. Ya tienen antecedentes de ese tipo, más que en rincones mundialistas. 

Y fue el mismo árbitro que recibió un inmerecido insulto racista por parte de alguien de la delegación argentina.

Al fin Cuenca salió del país a pelear por una buena bolsa, como pedían los muchos opinólogos de internet. Y así le fue. ¿Eso querían?

Se trajo seguramente una buena cantidad de dólares que irá gastando, y seguramente tendrá una revancha que volverá a perder, ya por menos plata. Un negoción.

Cuenca decía en la previa, tras haber conquistado el título, que le quedaban 2 años más de carrera y se retiraba, pase lo que pase.

Como buen argentino, en vez de pensar que su vida boxística empezaba a partir de ahora, al revés,  pensó que ya se estaba terminando. Y terminó apenas le bajó esa idea de la cabeza a la boca.

Por eso, ni bien sintió una mano y cayó al piso tras un atropello, prefirió adelantar el regreso sin arriesgar. Y a este paso, adelantará también su retiro, porque qué va a hacer ahora 2 años más, ya sin títulos, ya sin otras chances interesantes.

Decisiones empresariales, orientación táctico/estratégica, ejecución de planes, consejos propios y extraños y desempeño del rincón, elaborados todos erróneamente, no pueden dar como resultado algo bueno.

Lo que hay que saber es si fue un mal día, o es un estado actual de situación. Si el desconcierto fue ocasional, o conceptual. Si la cosa se pensó así, contemplando esas posibilidades, o si todo fue una sorpresa. Y si habrá oportunidad de recuperarse para demostrar lo contrario con la humildad de ayer, para lo cual es preciso un acto de contrición y limpieza a fondo.

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