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Rodolfo Ranni: “El personaje ni me roza”

Sergio Pjaseczny
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Por Sergio Pjaseczny


Dice que algunos se toman demasiado en serio el oficio de actuar, y que él se desprende de los roles sin dificultades. Hay que estar atentos, indica, a que la persona maneje al papel y no al revés. Además, comenta que percibe demasiada violencia social en el aire.

Rodolfo Ranni: “El personaje ni me roza”
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Piensa que cada ser humano acciona frente al miedo conforme a las circunstancias que se le presentaron en la vida. Admite que desde que es padre sus temores personales ocupan un segundo lugar. Lo atemoriza la violencia de la vida cotidiana, pero no vive paranoico en torno a la realidad. Habla Rodolfo Ranni, un actor que no permite que los problemas que lo circundan se suban junto a él al escenario.

l Para usted, ¿qué es el miedo?

-Es algo que paraliza. Cuando yo era chico, vivía en Italia y había estallado la Segunda Guerra Mundial. Por ese entonces, mis miedos tenían que ver con la guerra, con los cuentos de los ancianos y con escuchar las conversaciones con mis abuelos que hablaban del hombre sin cabeza y cosas por el estilo.

l ¿Sus miedos personales pasaron a segundo plano?

-Sin duda. En última instancia, el temor a que le suceda algo malo a un ser querido, también es un miedo personal, porque es uno el que lo siente, más allá que no tengan que ver con la propia humanidad.

l En ese orden de cosas, ¿cuáles son sus principales preocupaciones?

-Que le pase algo a una de mis hijas.

l Cuando alguien le comenta que tiene miedo, ¿qué hace?


-Si noto que está muy preocupado, intento minimizar sus temores mediante el diálogo. Trato de ayudarlo de la mejor manera, más allá del consejo.

l ¿Usted manifiesta sus temores?

-En general, no los expreso.

l ¿Recurre a la terapia por este tema?

-Jamás hice terapia.

l ¿Se las arregla solo?


-Sí, porque así fue mi vida. Creo que esto tiene mucho que ver con lo que nos toca vivir. Uno se tiene que acostumbrar a lo que va sucediendo y manejarse según las circunstancias que la vida nos pone por delante.

l De la realidad cotidiana, ¿algo lo atemoriza?

-¡Qué sé yo! Salís a la calle y no sabés qué te puede ocurrir. Vas con el auto, alguien te choca y no sabés en qué puede terminar las cosas, porque en la sociedad existe un grado de violencia en el aire. Creo que esto tiene que ver con la situación del país, con la cotidianeidad de la gente, con la falta de trabajo, con proyectos no realizados y con deseos insatisfechos.

l ¿Vive paranoico por estas cuestiones?

-Para nada, pero estoy alerta. Mi trabajo tiene que ver con la observación y noto que la gente está esperando que le prendan una mechita para saltar por algo.

l ¿Cómo influyen estas situaciones en el momento de actuar?

-No deben incidir. Yo no llevo nada de mi vida personal al escenario.

l ¿Deja sus miedos en la puerta del teatro?

-Sí. Puedo estar volando de fiebre, pero me meto en el personaje y se me pasa, porque el personaje no tiene fiebre, pero salgo de escena y vuelvo a volar de fiebre.

l Mientras está en escena, ¿su vida queda entre paréntesis?

-Tal cual, casi en un estado cataléptico conciente.

l El escenario, ¿sana?

-No lo sé. Todo depende de cómo tomes el laburo. Yo hago como Pedro López Lagar: "Me pongo la gorra y salgo de escena". Termina la función, me saco la gorra y me voy a mi casa. No me roza nada de lo que sucede en escena. Uno deber estar muy atento para que el personaje haga lo que uno quiere y no que el personaje haga de uno lo que él quiere.

l ¿Toma al escenario como una extensión de su casa?

-No. Es sólo un ámbito de trabajo. Algunos se lo toman demasiado en serio, otros necesitan relajarse antes de salir a escena, hay quienes deben pasar la letra aunque hayan hecho mil funciones. No es mi caso. Yo laburo con la repentización.

l ¿Usted no siente que se le va la vida en lo que hace?

-¡Qué se me va a ir la vida! Lo que ocurre en el escenario no tiene que ver conmigo. Es más, debe ser así. Si el personaje tiene que ver con uno, se pierde el placer de actuar.

l ¿Ha sufrido pánico escénico?

-No, pero con los años me pongo más nervioso en un estreno. Es más, me gustaría que estrene otro y yo pudiese presentarme al día siguiente (risas).

l ¿Le pasa sólo en el teatro?

-Sí. En el cine laburé con los más grandes directores y siempre tuve gran libertad creativa. En la tele, me muevo como pez en el agua. Estudio la letra en el momento y digo lo que está escrito. Si me das el libro tres meses antes, ni lo abro.

l ¿Es como un desafío?

-Sí, porque ante el apremio, no me queda otra que aprender la letra. Una vez que digo mi parlamento, no queda nada dentro de mí.

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