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Internacionales
15 | 11 | 2015
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La Ciudad Luz, aturdida por la oscuridad de la locura

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Por una vez, París perdió el glamour. Calles vacías, centros turísticos cerrados, bares sin clientes ni murmullos. El horror le cambió la fisonomía. Y llenó de tristeza los rostros de sus habitantes y turistas

La Ciudad Luz, aturdida por la oscuridad de la locura
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El día después de los atentados mostró a una París consternada, con los principales centros turísticos cerrados, las calles y el metro prácticamente vacíos y los comercios casi invisibles.

Tristeza era lo que se reflejaba en los rostros de las pocas personas que viajaban en los vagones de metro de una ciudad en estado de shock.

Excepcionalmente, la Torre Eiffel, ícono de la capital francesa, se encontraba cerrada y los escasos turistas merodeaban por la zona, desubicados.

"Teníamos planeado este viaje desde hace tiempo y ayer al oír las noticias pensamos que nuestro avión no saldría (...). Al final llegamos esta mañana y vemos que es una ciudad fantasma", comentó Minerva Fernández, una turista española.

Entre policías y militares, se podía contar las personas que deambulaban por la Plaza del Trocadero, y en las inmediaciones de la Torre había algunos autobuses vacíos aparcados, "algo nunca visto", según los vendedores callejeros.

Dorikas Santana, una residente dominicana, contó: "Es doloroso sobre todo para los inmigrantes como nosotros, cuya situación se ve empeorada, ya que quizás se van a violar muchos derechos y acabaremos pagando otros como pecadores".

El horror vivido anteanoche en París se siguió respirando en las calles, tras el asalto a una de las zonas de fiesta más concurridas en las proximidades de la plaza Republique y bastante cerca de la redacción del semanario satírico "Charlie Hebdo", blanco de otro ataque terrorista el pasado enero.

En la Opera de París, una zona muy frecuentada por los turistas, un matrimonio francés que llegó a la ciudad para visitar a su hija, admitió: "Jamás habíamos visto la capital así, triste, desesperadamente calmada (...). Venimos de la Provenza (sureste de Francia) para ver a nuestra hija que precisamente vive en el barrio donde ocurrió todo", se lamentó Eric Gilbert.

En la entrada del mítico Louvre, un cartel indicaba: "Por razón de duelo nacional decretado por el Presidente de la República, el museo permanece cerrado".

Los comercios y cafeterías que no tenían las persianas bajadas prácticamente estaban vacías, las cadenas de comida rápida desiertas y en los pasillos del metro de algunas estaciones reinaba un silencio sepulcral.

Pese a todo, los parisinos sacaron a pasear al perro, compraron el diario y salieron a correr, mientras militares con ropa de combate patrullaban visiblemente en las estaciones ferroviarias.

"Tengo miedo de mirar a la gente en la cara, de lo que puedan pensar o hacer. Yo soy árabe. ¿Se da cuenta?", dice Fatima, en un bar.

Un cliente, Luc, de 46 años, afirma: "No logro entender. Nos dicen que desbarataron atentados, que detuvieron gente y ahora hay tipos que le disparan a todo el mundo en una sala de conciertos en pleno París. No es normal que no seamos capaces de proteger esta ciudad".


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