lunes 5.12.2016 - Actualizado hace
Fútbol
16 | 11 | 2015
Imprimir
Agrandar
Reducir

Selección: adecuarse a la emergencia

Eduardo Verona
0
Comentarios
Por Eduardo Verona


El complejo momento por el que atraviesa la Selección no permite tener demandas futbolísticas muy exigentes. A la suma de adversidades que condicionan a Argentina en el cruce inminente frente a Colombia en Barranquilla, habría que oponerle una respuesta anímica muy potente y determinada. Los antecedentes de 1997 y de 2011, cuando la Selección fue de punto y terminó siendo banca.

Selección: adecuarse a la emergencia
Foto: AP
Foto:

   ¿Qué se le puede pedir a la Selección en estas circunstancias tan complejas por las que atraviesa y en la inminencia del cruce ante Colombia en Barranquilla? ¿Un gran fútbol? ¿Un estupendo funcionamiento? ¿Grandes respuestas individuales? ¿Una gran idea futbolística puesta al servicio del equipo? ¿Formidables recursos para defender los espacios y para elaborar juego ofensivo?

   Nada de todo eso se le puede pedir en este momento. Hacerlo sería desconocer el contexto. Y observar el contexto es ver también la película completa. Es ver no lo que uno quiere ver. Es ver lo que está pasando.

   La Selección viene transitando por tiempos turbulentos. La nueva frustración que afectó al plantel al no conquistar la Copa América en Chile debilitó su estructura, aunque estas cosas no se confiesen públicamente. La debilitó anímicamente. Si a ese perfil más vulnerable se le suman las ausencias por lesiones del mejor jugador del mundo que es Messi y de su mejor compinche futbolero que es Agüero, más la derrota en el arranque de las Eliminatorias ante Ecuador y de los empates frente a Paraguay y Brasil, la síntesis queda clara: el equipo se encuentra en zona de emergencia.

   Y para salir de las emergencias no se exigen altos niveles de excelencia. Se pide, simplemente, superar la crisis. Y dar testimonio de una entrega y un compromiso acorde a las necesidades. Así está hoy la Selección. Y bajo estas condiciones deberá enfrentar a Colombia, que llega después de sacarle un empate valioso a Chile en Santiago.

   No va de punto Argentina. Pero claramente queda establecido que no es banca. Como no fue banca en las Eliminatorias para Francia 98 (lo era aquella Colombia de Serna, Rincón, Asprilla y el Pibe Valderrama que lideraba las Eliminatorias), cuando llegó entre algodones al partido en Barranquilla el 12 de febrero de 1997 y ganó 1-0 con un gol quinielero del Piojo López en colaboración, no deseada, con el arquero Faryd Mondragón.

   Tampoco fue banca el 15 de noviembre de 2011 cuando arribó a Barranquilla con la cercanía de una derrota ante Venezuela y un empate contra Bolivia. Sin embargo, luego de estar 1-0 abajo en el primer tiempo, se recompuso en la segunda etapa y derrotó a Colombia 2-1 con goles de Messi y Agüero, lo que precipitó la salida de Leonel Alvarez como técnico y la vinculación inmediata de José Pekerman.

   Por supuesto, que nunca hay ni habrá en el fútbol una situación idéntica a otra. Todas son irrepetibles. Pero hay circunstancias parecidas. La Selección, naturalmente, muy lejos está de ser banca frente a Colombia. Seguirán ausentes Messi y Agüero. Por eso pedirle al equipo que exhiba sus mejores formas y contenidos cuando lo que prevalece es la adversidad, entra en el terreno del voluntarismo o de las abstracciones futbolísticas.

   La reconstrucción de Argentina (ya dio un paso adelante con Brasil, aunque el empate no lo haya registrado) tiene que enfocarse en un punto clave: sentirse fuerte aunque no lo esté. Fuerte mentalmente. Aún sin jugar bien, de acuerdo a la lógica más purista. No es meterse atrás. No es regalar la pelota y el campo. No es tampoco tirar pelotazos para un contraataque afortunado. Es jugar en relación a lo que hoy puede jugar Argentina. Con más empuje que juego. Con más pressing que circulación. Con más polenta que elaboración ofensiva.

   Adecuarse a la emergencia es también un síntoma de inteligencia. O una señal para encarar un camino sembrado de dificultades. Los jugadores saben que no pueden estirar demasiado la cuerda. Gerardo Martino tampoco lo debe ignorar ni subestimar. Bajo el efecto de estas presiones que no son menores, la Selección cuenta con algo a favor: la posibilidad de quebrar los malos pronósticos. Como el 12 de febrero de 1997 y el 15 de noviembre de 2011. Dicen que no hay dos sin tres. Esperemos. La pelota siempre nos enseñó que nunca anticipa nada.  

         
      Embed

    
       

Comentarios Facebook