sábado 10.12.2016 - Actualizado hace
Opinión
17 | 11 | 2015
Imprimir
Agrandar
Reducir

El partido perfecto de Argentina

Eduardo Verona
0
Comentarios
Por Eduardo Verona


Acosada por los malos pronósticos y por los buitres que esperaban una derrota de la Selección para proclamar que ellos tenían razón y que Martino debía ser despedido, el equipo nacional ganó muy bien, jugó un partidazo y mostró una gran personalidad en un contexto muy complejo. Colombia quedó minimizada.

El partido perfecto de Argentina
Foto:

Los viejos y nuevos buitres que frecuentan el fútbol argentino se estaban frotando las manos. Aguardaban una derrota categórica de la Selección ante Colombia para salir en todas las tribunas mediáticas a proclamar, golpeándose el pecho, que ellos tenían razón. Que ellos lo habían dicho mucho antes. Que el ciclo de Gerardo Martino había concluido envuelto por los vapores de un gran fracaso. Que Martino era un desastre, un improvisado, un paracaidista y cualquier pavada por el estilo.   

   Esos mismos buitres, que se alimentan de carroña y que son rehenes de las autoprofecias que habían elaborado esperando la caída de Argentina en Barranquilla, ahora se quedaron pedaleando en el aire. Tristes porque Argentina ganó. Con bronca porque Argentina jugó muy bien. Con la sangre en el ojo porque Martino quedó bien parado.

   Fue un partidazo de la Selección. Desde el principio hasta el final. Porque así hay que jugar esta clase de partidos. Denunció una personalidad formidable la Selección, a pesar de las adversidades que se le fueron sumando desde el mismo arranque de las Eliminatorias con aquella derrota inesperada frente a Ecuador en el Monumental y con las ausencias obligadas de Messi y Agüero.

   En estas circunstancias donde prevalecen las urgencias y los microclimas ásperos y en algunos casos contaminados por pronósticos apocalípticos que surgen del ambiente del fútbol argentino, es cuando tienen que aparecer las grandes respuestas. Que no solo tienen que nutrirse de las capacidades técnicas y de las lecturas estratégicas. Las grandes respuestas también fluyen del temple, el orgullo y el compromiso que asuman los jugadores.

   Y eso se vio en el Estadio Metropolitano de Barranquilla. Un equipo argentino muy convencido. Muy firme. Muy seguro. Muy ganador. Muy determinado. Por todo eso quedó empequeñecida Colombia. Por la superioridad individual y colectiva que expresó Argentina. Por la inteligencia para aplicar un plan agresivo para recuperar y después manejar la pelota. Por el control territorial, conceptual y emotivo del encuentro. Por las llegadas claras de gol que generó en el primer tiempo y en el segundo, cuando le anularon al pibe Dybala (entró por Higuaín a los 24 minutos del complemento) un gol legítimo por una posición adelantada que no existió.

   La solidez de Argentina fue un dato insoslayable del partido. Y habría que internarse en el túnel del tiempo para recordar un contexto tan desfavorable con una producción de la Selección tan valiosa como la que ofreció ante Colombia. El 1-0, en realidad no reflejó el desarrollo. Quedó corto, demasiado corto en relación a las diferencias futbolísticas que se manifestaron.

   ¿Por qué creció tanto Argentina cuando parecía estar contra las cuerdas, luego de cosechar 2 puntos en 3 partidos de las Eliminatorias? Porque esto responde a la memoria genética del jugador argentino. En la gran dificultad, la gran actuación. En la inminencia de cierto abismo, la rebeldía consecuente con las mejores tradiciones. Esto sí es Made in Argentina.

   En esa área, precisamente, se instalaba la posibilidad de una recuperación estupenda que nunca tuvo altibajos ni le dio chances concretas al rival para fantasear con dar vuelta la historia. La impotencia de Colombia quedó al desnudo en los pelotazos que tiró y en las infracciones que cometió.

   A ese nivel de impotencia lo llevó la Selección interpretando las necesidades del partido. ¿Qué tipo de necesidades? Achicar y agrandar los espacios según lo requirieran las circunstancias. Achicar para defender. Agrandar para atacar. La sincronización fue perfecta, salvo detalles que no alteran lo sustancial. Porque lo sustancial fue el funcionamiento. Y es sugestivo. En zona de emergencia, Argentina tuvo funcionamiento. Lo que no había tenido antes. El funcionamiento fue el orden, la sensibilidad para alternar los tiempos, las pausas, las aceleraciones. La dinámica del partido, en definitiva, que no pasa solo por meter la quinta a fondo y pretender funcionar a máxima velocidad.

   El golazo infernal de Biglia (su actuación fue brillante), cortando a pasos de su propia área una pelota que le ganó a Teo Gutiérrez, pasó por Banega, después por Lavezzi y la terminó el propio Biglia en la boca del arco adversario después de recorrer 80 metros esperando la última habilitación, quizás mostró el espíritu, la concentración y la efectividad de Argentina para bancarse un cruce que podría haber sido decisivo para el Tata Martino.

   Por lejos, este fue el mejor partido bajo la era de Martino. Y uno de los mejores de los últimos tiempos. Puede parece exagerado. Creemos que no lo es si contemplamos la dimensión real del contexto. Y el horizonte que no pocos se atrevían a pintar de negro.

   Los buitres se quedaron con las ganas. Como siempre, van a esperar que algún día se derrumbe todo para gritar que ellos la tenían clara. Que sabían más que los demás. Que a Martino había que echarlo porque de fútbol no entiende nada. Argentina les tapó la boca. Ganó muy bien. Jugó mejor. Las buenas noticias no pueden esconderse. Están ahí. Al alcance de cualquier mirada. Y de cualquier análisis.

      Embed


Tags

Te puede interesar

.

Comentarios Facebook