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Melina Fleiderman: “No tolero rendir cuentas”

Sergio Pjaseczny
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Por Sergio Pjaseczny


La conductora se define como una mujer nada rebuscada, que tiene como principal objetivo ser buena compañera. Cree que lo logra, pero admite que lo que no soporta es que le pasen factura o le tomen examen. “Ahí se desmorona mi empatía”, reconoce.

Melina Fleiderman: “No tolero rendir cuentas”
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Admite que no se orienta con facilidad dentro de las grandes estructuras empresariales. Se reconoce perseverante, pasional y emocionalmente estable. No le gusta que le pasen factura y la apaga la gente con mala onda. Intenta pensar cada cosa que dice y trata de que la razón le gane la pulseada a sus impulsos. Habla Melina Fleiderman, quien asegura que no existe distancia entre lo que se ve de ella y lo que ella es como persona.

l A lo largo de su vida, ¿ha intentado ser una adorable esposa, una buena madre, una amorosa hija, una gran amante y una excelente profesional?

-Sí, pero lo que más traté es ser una buena compañera.

l ¿Y cómo le salió?

-Bien. Pienso que soy buena compañera porque soy muy perseverante y muy paciente con mis relaciones. No soy rebuscada. Me considero una buena mina. De hecho, estoy en pareja desde hace más de diez años. Soy mamá de mucha paciencia y tengo amigas de toda la vida.

l ¿Qué la enciende?

-Me enciende el buen humor de la gente y la buena energía.

l ¿Qué la apaga?

-La mala onda, la gente caracúlica.

l ¿Para qué aspectos de su vida piensa que necesitaría un GPS?

-Necesitaría un GPS para manejarme por la ciudad, porque soy muy despistada y para orientarme dentro de las grandes estructuras empresariales, porque nunca sé a quien debo recurrir para obtener tal o cual fin.

l ¿Qué le sorprende de usted misma?

-Mi perseverancia. Soy muy tenaz.

l ¿Cómo se siente cuando advierte que la está por tapar el agua?

-No dejo que eso suceda, porque me angustia. No me banco esas situaciones.

l ¿Combate contra eso?


-Sí. Hago psicoanálisis desde hace dieciocho años.

l Y dígame Fleiderman, ¿cómo cree que se encuentra psíquicamente?

-Bien, aunque aún no me dieron el alta (risas).

l Anímicamente, ¿es estable o ciclotímica?

-Soy estable, tengo muy buen humor, pero soy leche hervida. Soy calentona.

l ¿Dice todo lo que piensa?


-Antes, decía todo lo que pensaba. Ahora, intento pensar todo lo que digo. Con los años, aprendí a poner en práctica este ejercicio.

l Con la madurez, ¿mermaron sus impulsos?

-No del todo, pero eso es lo que intento (risas).

l ¿Con qué imagen graficaría el desamor?

-Con un emoticón, con la carita triste y lágrimas.

l ¿Y al amor?

-Con la imagen de una familia.

l ¿Podría citar un pro de la monogamia?

-Lo bueno es que uno termina eligiendo todos los días a esa persona y no porque la haya elegido para toda la vida.

l Esa elección es efímera, ¿tan sólo dura veinticuatro horas?


-Si, y hay que renovarla día tras día, lo cual es un esfuerzo.

l ¿Y qué es lo malo?

-Que la monogamia es algo que está impuesto, no es natural y como toda cosa impuesta hay que trabajarla.

l En su casa, ¿qué cosas están prohibidas?


-En mi casa, muy pocas cosas no se pueden hacer. Están prohibidos los malos modos.

l ¿Qué momento de su vida la gustaría repetir para vivirlo con su experiencia actual?

-Mi primer trabajo como movilera en televisión.

l ¿Cómo fue?

-Fue para un programa en América. Tuve que cubrir el nacimiento del primer bebé del año y tuve que ocuparme de todo. Fue mi primera experiencia periodística y en vivo. Si bien estaba muy nerviosa, se notaba que había en mi una capital para pulir debajo de tanto desorden. Hoy, ese móvil, lo hubiese hecho mil veces mejor, pero lo recuerdo con mucho cariño porque tuvo la adrenalina hermosa del debut.

l ¿Por qué cree que vale la pena convivir con usted?

-Porque a mi lado nunca te vas a aburrir.

l ¿Cómo reacciona cuando le pasan factura?

-Me irrita muchísimo. No soporto la gente que me pasa factura. Se desmorona mi empatía. No tolero rendirle cuentas a nadie.

l ¿Cuál es su dique de contención?

-Mi marido. Es muy contenedor.

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