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Panorama político
22 | 11 | 2015
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Cuando ya no hay lugar para las especulaciones

José Di Mauro
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Por José Di Mauro


El dilatado cronograma electoral llega a su fin y determinará quién se hará cargo de los destinos de la Nación en menos de tres semanas. Fue una campaña que se hizo demasiado áspera en su último tramo.

Cuando ya no hay lugar para las especulaciones
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Cuando a principios de 2015 anticipamos que este año electoral marcaría un extenuante ejercicio del voto popular para los ciudadanos, no exageramos. De hecho, en este mismo espacio se advirtió que los porteños podrían llegar a votar nada menos que seis veces, todo un record. Es por el plus que introdujo al esquema electoral la instancia de las PASO.

Como sea, el cronograma llega este domingo al final. Pase lo que pase, el derrotero que determinará quién asumirá como nuevo mandatario dentro de 18 días, concluye de una buena vez.

De manera inédita un presidente de la Nación surgirá de una segunda vuelta en la Argentina, y por primera vez en doce años no tendrá el apellido Kirchner. Será hombre, a diferencia de los últimos dos períodos; y contrariamente a lo que sucede desde el regreso de la democracia, no será abogado. También es seguro que será hincha de Boca, pasión que comparten ambos rivales.

Hasta este último tramo de la campaña electoral, se suponía que entre ambos eran más las cosas en común que las que los separaban. No podría decirse lo mismo hoy, después de las cuatro semanas que mediaron entre la primera y la segunda vuelta, que tuvieron una aspereza inusitada, sobre todo por parte de uno de los contendores. Abierta una grieta entre ambos, más allá de que los mensajes entre los dos vuelvan a ser amables a partir de esta misma noche, ya nada será igual.

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Si hasta es posible que exista un ofrecimiento del ganador al vencido, porque corresponde a los tiempos que quieren imponer, pero no se vislumbra una vuelta a la cordialidad que imperaba entre ambos. Al menos de parte de Mauricio Macri, muy molesto por el tratamiento que le dispensó Daniel Scioli estas semanas. Los antecedentes no dan como para esperar una reconciliación. Vale remitirse a la relación del jefe de Gobierno con Francisco de Narváez, quien buscó recientemente por todos los caminos recomponer la alianza alcanzada en 2009, pero Macri no quiso saber nada. En privado, el ingeniero dice haberse sentido defraudado no una, sino dos veces, y no quiso dar una tercera oportunidad.


Igual, la obsesión de este domingo no pasa por recomponer una relación personal de años, sino por cuál de los dos sucederá a Cristina Kirchner, quien sorprendió a propios y extraños al minimizar al máximo su presencia pública. En rigor, desapareció de escena las últimas dos semanas, limitando su presencia a su cuenta de Twitter, desde donde fustigó por ejemplo al juez Claudio Bonadío por allanar el BCRA, y reivindicó a su esposo en el Día del Militante. Ese mismo día reiteró su llamado a votar a @danielscioli.

Hay dos versiones sobre su pase a segundo plano: una que la atribuye a un pedido del candidato, para poder despegar su imagen de la Presidenta en busca de votos massistas, y la otra -que nadie puede certificar pero se presiente como más que probable- es el deseo presidencial de no contaminarse de una eventual derrota. Ambas explicaciones tienen una alta cuota de credibilidad.

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La reforma política impulsada por el kirchnerismo en 2009 estableció entre otras cosas un límite para la difusión de encuestas durante la semana previa a los comicios. Para evitar sanciones, las consultoras acatan la medida, pero siguen exhibiendo en privado los números que toman hasta el último día. Máxime ahora en que están tan cuestionados sus datos, no quieren quedar peor expuestos con números de la semana previa a la elección, por eso entregan sus mediciones a los medios que se arreglan para hacerlas conocer sin entrar en mayores detalles. Con eso parecieran resguardarse todos, aunque el riesgo no parece ser tan grande si se tiene en cuenta al fin y al cabo que no se conocen sanciones por la difusión -acertada o no- de los ganadores un minuto antes de las 18, como sigue haciéndose.

La cuestión es que las encuestas siguen circulando y pareciera haber una coincidencia general en el resultado que tendrá esta elección. Favoritos y presuntos derrotados manejan los mismos datos y sólo difieren los márgenes de distancia. Sobre los mismos radican las principales dudas. Al cabo de esta jornada se verificará si la campaña radicalizada desarrollada por el oficialismo tuvo el éxito que por ejemplo consiguió en Brasil el año pasado. Si bien se presume que en un sector bien determinado parece haber calado el mensaje, no habría modificado la tendencia.

El objetivo de los dos candidatos quedó claro en sus respectivos cierres de campaña. Mientras Daniel Scioli hizo dos actos, en Mar del Plata y La Matanza, confirmando el objetivo de buscar en la provincia que gobierna los votos que le brinden el triunfo -por algo concentró en el Conurbano la mayor parte de la campaña para el balotaje -, Mauricio Macri cerró en Jujuy, donde la oposición acaba de arrebatarle por primera vez al peronismo la gobernación. Claro que lo hizo con una buena parte de votos de Sergio Massa, que son los que busca el candidato de Cambiemos en el Norte del país, donde en las PASO Scioli hizo su mayor diferencia, pero el 25 de octubre Macri logró achicarle cien mil votos. Hoy la apuesta es quedarse con la mayor parte de los votos massistas; que son votos peronistas, es verdad, pero que ya en dos elecciones sucesivas no optaron por el FpV.

Dijimos que la mayor apuesta del sciolismo está en el Conurbano. Fuentes oficialistas que conservan el optimismo recuerdan que en las elecciones de agosto y octubre Scioli venció allí a Macri, y que ahora no estará Aníbal Fernández en las boletas propias, ni María Eugenia Vidal en las de Cambiemos. Pero admiten por lo bajo que hay muchos intendentes derrotados que ya no le prestan atención a esta elección, y ganadores que tienen otras urgencias. Empero, hay distritos donde sus intendentes quieren hacer la mejor elección aunque no abriguen demasiadas esperanzas de victoria sciolista, porque piensan en el día después, cuando en caso de derrota comience la reconstrucción del peronismo provincial y ellos quieran tener un buen poder de fuego. E incluso para negociar en el futuro también con Vidal.

La gobernadora, mientras tanto, mantiene reserva sobre los nombres de su futuro gabinete. La orden la dio directamente Mauricio Macri, y se hizo extensiva a la ciudad de Buenos Aires, donde el jefe de Gobierno electo lleva cuatro meses sin poder determinar qué equipo lo acompañará. Pasa que la conformación de los gabinetes depende de esta última elección, pues en caso de triunfo de Cambiemos habrá tres gabinetes a cubrir. Y si bien durante la última semana creció la confianza en la victoria, los nombres se guardan bajo el más estricto hermetismo, cuestión de mantenerlos a resguardo de críticas en plena campaña y, sobre todo, evitar que el conformismo de los nominados o la decepción de los postergados afecte la atención máxima que deben dispensarle a la elección más que trascendental de este domingo

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