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Política
23 | 11 | 2015
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Una diferencia más exigua que la necesaria

José Di Mauro
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Por José Di Mauro


La alegría desatada con el triunfo de Cambiemos no pudo ocultar cierta decepción porque la diferencia con el FpV no fue la que en principio parecía ser y se esperaba. El futuro gobierno necesitaba una mayor distancia para reforzar su autoridad.

Una diferencia más exigua que la necesaria
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El principal deseo de Mauricio Macri para la primera vuelta era forzar el balotaje. Cuando no solo se alcanzó ese objetivo, sino también logró achicar la diferencia con el Frente para la Victoria a un porcentaje mínimo y -sobre todo- la hazaña de ganar la provincia de Buenos Aires, se llegó a la conclusión en Cambiemos de que la presidencia estaba al alcance de la mano.

Al final, Marcos Peña terminó teniendo la razón: él decía que la elección presidencial podría definirse en la primera vuelta. Ese vaticinio sonaba exagerado, pero a la postre se verificó certero, pues con los resultados que se dieron ese día, el 25 de octubre Mauricio Macri se aseguró la presidencia de la Nación que acaba de alcanzar.

Así se percibía a partir de las caras que podían verse ese día en el bunker del FpV, montado en el Luna Park. El lugar nacional y popular elegido para celebrar el derrotero de Daniel Scioli hacia la presidencia fue utilizado en las PASO y en la primera vuelta, pero desechado para el balotaje no solo por cábala. Ya se presumía lo que venía.

La recomendación de los gobernadores aliados a su par bonaerense fue abocarse a la provincia de Buenos Aires, pues del norte se ocupaban ellos. El candidato hizo caso, como así también a los que le recomendaron desacartonarse y acercarse más a la gente durante sus recorridas. Eso hizo: se sacó la corbata y emuló a Sergio Massa estrechándose en abrazos y besos con cientos de personas en cada recorrida durante su extenuante campaña. Tomó cierta distancia del gobierno nacional -sobre todo al hacerse  cargo de buena parte de las promesas del líder del Frente Renovador-, cosa que le habían sugerido también los gobernadores ya para la primera vuelta. Pero  también hizo caso a quienes sugirieron iniciar lo que se denominó "campaña del miedo".

Si bien el gobernador bonaerense prometió el primer día de la campaña para el balotaje ser "más Scioli que nunca", la campaña negativa al frente de la cual se puso lo mostró totalmente distinto al que siempre se vio. Esa actitud terminó desperfilándolo y exhibiendo un perfil inédito del gobernador, pero evidentemente rindió sus frutos en el resultado final, al propiciar una diferencia más exigua de lo que mostraban la mayoría de las encuestas y hasta los boca de urna de este domingo.

Ese mismo primer día post primera vuelta DOS pidió debatir con  su rival, y apostó todas las fichas al resultado de ese evento realizado la semana pasada en la Facultad de Derecho, pero el milagro no se dio: no consiguió revertir en esa confrontación la tendencia prevista para el domingo siguiente.

El triunfo de Macri tuvo sus méritos. El hasta hoy jefe de Gobierno porteño dio una serie de pasos firmes que cimentaron el camino al éxito que acaba de lograr. El primero fue la decisión de impulsar como candidato a sucederlo al que él había elegido y no a quien recomendaban las encuestas. Jugarse abiertamente por Horacio Rodríguez Larreta en detrimento de Gabriela Michetti, fue una fuerte y riesgosa apuesta que terminó saliéndole bien en las PASO porteñas. Más allá de que luego el triunfo acotado en el balotaje porteño haya tenido al PRO con el corazón en la boca, muchos le reconocieron entonces a Macri haberse recibido de líder político con esa jugada. Pero hubo otros aciertos que tuvieron más que ver con el éxito de este domingo. Como la apuesta a un acuerdo con Elisa Carrió y la UCR.

El primero, pues le sirvió como señal para un sector que hasta entonces le resultaba refractario y le dio al líder del PRO una muy útil pátina de institucionalidad; en cuanto al trabajoso entendimiento con los radicales, fue el elemento que le sirvió al macrismo para suplir sus problemas de territorialidad. Por eso fue muy justo Macri al agradecer ayer, en primer lugar, a Elisa Carrió y Ernesto Sanz.

El apoyo del presidente del radicalismo le permitió desarticular un entendimiento que avanzaba entre un sector amplio del partido centenario y Sergio Massa. Quedó sin efecto la gran interna abierta que propugnaba el líder del Frente Renovador con muchos dirigentes de la UCR. Tras ello, Macri resistió a pie firme las presiones para alcanzar un acuerdo con el massismo y mantuvo contra viento y marea su apuesta a la candidatura de María Eugenia Vidal.

Esa tozudez le permitirá a Cambiemos administrar conjuntamente la Nación, la Ciudad de Buenos Aires y la provincia de Buenos Aires. Algo que nadie hasta ahora había conseguido a través de las urnas. Es uno de los elementos que esgrimirá el futuro oficialismo a la hora de alegar gobernabilidad.

Precisamente el de la gobernabilidad es un factor que le quita el sueño al próximo gobierno. Por eso es que apostaban a lograr una diferencia importante que le diera una legitimidad mayor para implementar las medidas más controvertidas que deberá llevar adelante Mauricio Macri. Los  bocas de urna primero y los primeros datos difundidos alimentaron esa ilusión, que se fue reduciendo conforme avanzaba el escrutinio. Paradójicamente la mayor disminución se dio a partir de que Daniel Scioli asumió su derrota y durante el discurso del presidente electo. Allí pasó de 7 puntos de diferencia a 4. Luego bajaría otro punto.

Otra cuestión con la que deberá lidiar el próximo gobierno es el Congreso, donde el Frente para la  Victoria será primera minoría, aunque Diputados no se presenta como un bastión inaccesible, pues allí con la suma de aliados podrá hacerse uerte Cambiemos. El problema es el Senado, donde el FpV llegará a tener 40 miembros, más de los que tiene en la actualidad.

El PRO tiene apenas 4 senadores, la UCR bajará a 10, y con aliados sumarán 16, por lo que le será más que complicado a Cambiemos hacer pie en ese cuerpo, donde deberán negociar con el Peronismo Federal, y apostar a grietas que puedan producirse en el Frente para la Victoria.

Esas grietas, eso sí, inexorablemente sucederán pues está todo listo allí para arrancar con los pases de factura.


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