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Fútbol
23 | 11 | 2015
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Lobbistas y lugares comunes

Eduardo Verona
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Por Eduardo Verona


Una y otra vez hasta el cansancio, la prensa le plantea a los jugadores si quieren irse a jugar al exterior. La respuesta se enfoca siempre en los lugares comunes que se refieren a la búsqueda de un destino profesional para asegurarse el futuro económico de la familia. Ese lobby mediático que propone realizarse afuera no deja de ser un pésimo mensaje.

Lobbistas y lugares comunes
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   La escena es repetida: un periodista o muchos periodistas entrevistan a un jugador de fútbol al que las cosas le están saliendo bien. Hablan del partido que pasó, del partido que se viene, del rendimiento que tuvo, del rendimiento del equipo, del resultado, de las expectativas inmediatas, hasta que un periodista termina por abordar una temática infaltable reducida a una pregunta: "¿Tenés ganas de irte a jugar al exterior?"

   La respuesta transita por los lugares comunes ilustrados desde la diplomacia y la corrección política: "Yo solo pienso en lo que tengo que hacer mañana. De todo esto se ocupa mi representante. No depende de mí. Estoy muy cómodo acá. Pero si las ofertas son muy ventajosas, por supuesto me gustaría asegurarme el futuro de mi familia".

   La nota finaliza. En el cierre de la entrevista queda una sensación inequívoca: el periodista, rehén de un lobby de época, le tiró un centro para que el protagonista deje en claro que considera seriamente la posibilidad de actuar en cualquier país de Sudamérica, Europa, Africa, Asía, Oceanía o el destino que fuera.

   Siempre el objetivo que queda en primer plano es la firma de un mejor contrato. Es la plata, en definitiva. Este es el mensaje que prevalece. El que se naturaliza. Lo naturaliza el que pregunta, el que responde y los que escuchan. Todos naturalizan que la felicidad y la realización profesional y humana se focaliza exclusivamente  en cerrar una formidable operación económica, más allá de cualquier otro tipo de horizonte.

   Esa simplificación y abstracción de otras demandas que pueden ser tan diversas como distintas son todas las personas, se instaló con la fuerza de una verdad revelada: jugador que anda bien, tiene que irse. Esa lógica del destierro obligatorio para alguien que tiene buenos desempeños (en este caso futbolísticos), es en realidad la lógica de la superficialidad mercantilista del ambiente. Y el ambiente en alguna medida no cuantificada refleja los comportamientos de la sociedad.

   La pregunta inducida ("¿Tenés ganas de irte afuera?") delata o revela también el pensamiento de quien entrevista, en una virtual dinámica de identificación. La aventura de irse para ganar más dinero no parece contemplar absolutamente nada: ni el país al que se parte, ni el club, ni el entrenador, ni los compañeros, ni la competencia, ni las costumbres, ni el idioma, ni la inserción social, ni el desarraigo, ni otros aspectos solo verificables en el nuevo destino.

   Esa búsqueda incesante de salir de acá para irse allá con el único propósito de embolsar allá lo que no se embolsa acá, no deja de ser un mensaje tan subliminal como directo. Se podrá comentar en tribunas públicas que es normal en una sociedad capitalista que la gente persiga con perseverancia notable la ruta del dinero. Y que no hay nada que objetar en esas conductas. Porque estas son las reglas de juego.

   Los jugadores repiten lo que ya repitieron tantos otros. Los periodistas preguntan lo que ya preguntaron tantos otros en circunstancias muy similares o iguales. La fantasía o la realidad de partir para satisfacer ideales económicos del club vendedor, de los representantes, los intermediarios, los dirigentes y el futbolista involucrado, cierra perfecto con aquella pregunta de tono naif, aunque no lo sea: "¿Tenes ganas de irte?"

   No estaría mal que alguna vez un jugador hiciera el siguiente planteo: "La verdad, no tengo ganas de irme. ¿Y vos tenes ganas de irte?". Sería interesante dedicarle esa respuesta a quien formula la pregunta. Por lo menos para que se filtren otras palabras. O las mismas que hace muchos años adoptaron los jugadores. 

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