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Política
23 | 11 | 2015
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El “voto castigo” a 12 años y medio de gobierno del FpV

Gabriel Profiti
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Por Gabriel Profiti


El Presidente de Cambiemos nace con un significativo colchón popular para llevar adelante sus primeras medidas de gobierno, pero no puede interpretarse como un cheque en blanco.

El “voto castigo” a 12 años y medio de gobierno del FpV
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La mayoría de los argentinos hizo este domingo una clara opción por el "cambio", encarnado por Mauricio Macri, en un balotaje que clausuró con un nivel inesperado de "voto castigo" 12 años y medio de gobierno del Frente para la Victoria.

Macri, un gestor aprobado por los porteños, pero resistido por su procedencia empresarial, terminó encumbrándose en la Presidencia gracias a una saturación del electorado con el gobierno kirchnerista y su forma centralista de ejercer el poder.

El Presidente de la coalición Cambiemos nace con un significativo colchón popular para llevar adelante sus primeras medidas de gobierno, pero teniendo en cuenta que sus votos fueron sumándose a partir de distintas instancias de eliminación electoral, no puede interpretarse como un cheque en blanco.

Quedó demostrado que la mayor parte de los votantes de Sergio Massa tenían sesgo opositor y ante la disyuntiva Macri-Scioli optaron por la primera.

Además, el jefe de Gobierno capitalizó nuevamente el deseo de una mayoría en las principales ciudades y en el interior agropecuario de renovar el aire político. De ese modo, volvió a teñir de amarillo el centro del país.

Daniel Scioli nunca pudo quebrar el techo de adhesión al kirchnerismo que marcaron las encuestas, pese a que estuvo cerca de imponerse en primera vuelta arañando el 40%.

Sin cargo futuro ni estructura política propia, el gobernador bonaerense quizá sea el más perjudicado de esta debacle del FpV que se llevó consigo a su matriz, el PJ, pero es difícil que su condición de incansable permita correrlo de la política.

¿Cuánta responsabilidad tiene Scioli en la derrota? Encerrado en una difícil amalgama oficialista, primero kirchnerizó su discurso y aun así no logró un alineamiento pleno y cuando la ola del cambio se hizo evidente no pudo o no supo despegarse. Su gestión bonaerense tampoco fue carta de triunfo.

Luego de haber gobernado 14 años, entre los Kirchner y Eduardo Duhalde, el partido fundado por Juan Domingo Perón volverá a ser oposición y de cara al 2019 replanteará su liderazgo.

En ese marco, Cristina Kirchner mantuvo una dotación de leales especialmente en el Congreso y seguramente su figura crecerá si Macri no acierta con el rumbo elegido para el país. Pero el rótulo de líder de la oposición por ahora queda vacante. El cambio es brusco porque Macri, pese a que dijo que sostendrá algunos pilares de la era K, ya anticipó que modificará la política agropecuaria, hará readecuaciones impositivas, reorganizará la administración pública y también dará un giro de 180 grados en las relaciones internacionales.

Después de la experiencia kirchnerista, asociada a las izquierdas populares de Latinoamérica, el golpe de timón es conservador, aunque el nuevo Presidente buscó quitarse esa etiqueta y recategorizarse como desarrollista.

En el aspecto político, el primer tramo de la gestión será "sencillo" para el nuevo Presidente porque le alcanzará con cambiar el aire de conflictividad que vició muchos tramos del kirchnerismo. Para eso tiene previsto hacer un llamado al diálogo a todas las fuerzas políticas.

Nominará candidatos "probos" para la Corte Suprema, anunciará la creación de un nuevo INDEC y buscará remover a figuras resistidas como el presidente del Banco Central, Alejandro Vanoli, o la procuradora general, Alejandra Gils Carbó.

El mayor desafío para el todavía jefe de Gobierno será el económico: por lo pronto, debió dar marcha atrás con su intención de remover el cepo cambiario inmediatamente después de asumir y todavía no oficializó el nombre de su ministro del área.

Inflación alta, falta de dólares en el Banco Central y un déficit fiscal del 7 por ciento del PBI (según la Auditoría General de la Nación) son algunas de las asignaturas pendientes que difícilmente puedan solucionarse sin medidas impopulares.

Esa tarea quirúrgica necesita de un entramado político sólido y con gobernabilidad. Cambiemos surgió de un conglomerado de distintos partidos con dos grandes aportantes, el PRO y la UCR, pero no le alcanza para arrastrar el acoplado.


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