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Opinión
27 | 11 | 2015
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¿Chocolate o canela?

Gustavo Nigrelli
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Por Gustavo Nigrelli


La pelea Cotto-Canelo Álvarez tuvo más emoción abajo que arriba del ring, por las discusiones que se generaron sobre el fallo, aunque muchos por tocar de oído y otros por convicción. La deuda es fundamentar cada postura y unificar criterios, para lo cual antes es menester conocerlos y que el último recurso sea el paladar.

¿Chocolate o canela?
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Nada más apasionante en boxeo que discutir sobre un fallo polémico.

Y ésta puede originarse por un resultado contrario a la visión general (robo), o por la disparidad de opiniones de entusiastas y especialistas que no se ponen de acuerdo con el ganador, independientemente del fallo oficial.

Fue el caso de la pelea que sostuvieron el sábado pasado en el Mandalay Bay de Las Vegas el "Canelo" Álvarez y Miguel Cotto, donde los jueces vieron ganar al primero por 6, 8 y 10 puntos de diferencia, considerada excesiva para algunos, correcta para otros –como DIARIO POPULAR que dio 8 (118-110), por ganar todos los asaltos, menos el 4º y 6º-, e incorrecta para quienes vieron empate o ventaja para Cotto.

Pero para poder discutir sobre la materia es menester tener en cuenta un par de cosas: a) que todos posean un criterio unificado y válido; b) que hayan llevado la tarjeta round por round, y se pueda saber qué asaltos son los que presentan contradicciones.

En tal sentido se impone aclarar que el boxeo suele presentar dos grandes visiones: una macro, y otra micro, que es la que cuenta para los especialistas y a veces no está en concordancia con la primera.

También vale establecer las prioridades. Y en boxeo profesional, el que impera es el criterio de la "eficacia" (efecto de los golpes), por encima del "ataque" (cantidad de golpes).

Derribar al oponente es el máximo grado de eficacia, tanto que si se transforma en un KO –eficacia suprema- éste es un resultado en sí mismo y desplaza a las tarjetas.

Pero si no se llega hasta esa situación del knock down (derribe), no debe desaparecer tal criterio. Y un golpe de poder, que daña, conmueve, trastabilla, o paraliza, equivale a 4 ó 5 de los otros leves, e inocuos. Quizás a más, según el grado de efecto ocasionado, a juzgar por quien lo aprecie a través de sus sentidos, y por tanto, subjetivo.

En este ítem (eficacia) fue donde prevaleció el Canelo, que pegó menos pero dañó más (vean los rostros de ambos en un match donde no hubo fricciones ni cabezazos, lo que no es un dato desequilibrante, pero es un dato más).

En el otro estuvo ubicado Cotto, que boxeó mejor, combinó manos, pegó en teoría más, aunque no le hizo ni cosquillas al mexicano, y escapó todo el tiempo.

Ese criterio de la eficacia fue el que ponderaron los jueces, como es una costumbre en USA -a veces no respetada, pero esta vez sí-.

La pelea fue monocorde, tirando a mala. Casi toda igual, sin emoción, sin situaciones de zozobra, salvo el 8º y alguno más, siempre a favor del Canelo, por ende merecedora de ser fallada aplicando  idéntico criterio vuelta tras vuelta.

Cabe aclarar para los neófitos, que en boxeo el puntaje de una tarjeta no es como un score de fútbol, donde un 5 ó 6 a 0 es goleada, y por lo general, baile vergonzante.

En el boxeo profesional, y en el caso de los organismos internacionales especialmente, donde no hay medio punto ni se falla empate (10 x 10), es decir que el round va para un lado o para el otro, cada asalto se puede ganar por una leve diferencia, a veces mínima.

Y el acumulado luego puede dar una tarjeta monstruosa de 12 puntos sin que haya sido ninguna paliza,  si es que dominó levemente siempre al mismo. Es más; pudo haber sido una pelea pareja o aburrida -como en este caso-, aunque se la quiso vender injusta y exageradamente como peleón por parte de algunos que luego tacharon de eso al fallo.

En boxeo el score sólo marca cuántos rounds dominó cada uno, no es un partido de basquet.

Ahora bien; hay quienes vieron o evaluaron otra cosa, porque así es el boxeo. No todos vemos todos los golpes. No todos vemos los mismos golpes. Y aunque veamos los mismos golpes, no todos los evaluamos de la misma forma siempre, porque eso es subjetivo, y se acepta. Por algo hay tres jueces, y no uno solo.

No menos cierto es que ante situaciones confusas, para el televidente el relato de lo que ve condiciona, y éste inclinó la balanza hacia el boricua, arrastrando a los más inseguros.

Pero el boxeo tiene el ingrediente de la apreciación, y ésta tiene muchas aristas, en especial cuando la pelea es engañosa porque uno pega más y el otro mejor. Cuando uno (Cotto) tira muchos golpes sin mucha precisión ni poder, y el otro (Canelo) al revés.

La clave es analizar qué pasó con los golpes del boricua, en el sentido de si se vio que la mayoría pegaron en la guardia, en zonas estériles, o fueron parcialmente bloqueados. Que fueron toques que apenas valen si del otro lado no hay acción, pero que se desvanecen cuando de enfrente llega algo con poder. Si se repasa esto en un tape en los asaltos dudosos, ahí es donde uno puede rever un round, rectificando o ratificándolo.

Pero ese ejercicio no lo puede hacer un juez, que debe fallar su impresión inmediata, para lo cual no lo puede ayudar la tecnología, como proponen desde algún lugar con ignorancia.

En el boxeo la tecnología puede ayudar a determinar un fallo a pelea terminada (como en el reglamento argentino). Si fue un golpe lícito o un cabezazo, si fue bajo o no, si fue antes o después de la campana, etc. Pero no a evaluar cada asalto, donde las acciones abundan y se perdería un tiempo irrecuperable. Desagrada que de esto opinen neófitos y advenedizos.

Bienvenidas y celebradas las discusiones, las diferentes apreciaciones de colegas, jueces, árbitros y  entusiastas. Lo que exaspera es que a veces haya que soportar juicios de muchos que ni siquiera llevaron una tarjeta, o lo que es peor, ignoran cómo hacerla.

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