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Panorama político
29 | 11 | 2015
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Una demostración de fuerza que implica un fuerte costo

José Di Mauro
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Por José Di Mauro


El Parlamento es el lugar donde más rápido pudieron percibirse las divisiones abiertas en el seno del Frente para la Victoria tras la elección. Antes del recambio presidencial podría vivirse algo similar en el Senado.

Una demostración de fuerza que implica un fuerte costo
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Sin demasiada repercusión en los medios, la Cámara Nacional Electoral emitió el jueves un escueto comunicado en el que informaba que el escrutinio definitivo de la segunda vuelta estará listo a principios de esta semana, anticipando que 'hasta el momento se desarrolla con total normalidad y sin variaciones significativas'. El tribunal aclaró además, 'ante versiones que circulan en redes sociales', no haber publicado ninguna planilla que contenga los resultados totales de todos los distritos. En efecto, desde el domingo electoral circulan inquietantes versiones referidas a un supuesto 'fraude' operado en el Correo.

Fue un cóctel perfecto para alimentar las sospechas. En los días previos se había advertido sobre una reunión en la Casa de Gobierno con un 'especialista' venido de México, creador de un mecanismo capaz de alterar el escrutinio en hasta tres puntos. Las encuestas presagiaban una diferencia amplia a favor de Mauricio Macri, que se reafirmó con los bocas de urna del domingo, y los datos conocidos en las primeras horas del escrutinio lo que corroboraban.

Tan era así que si bien ahora le critican a Daniel Scioli que haya admitido 'rápido' haber perdido, esa noche todos se preguntaban qué esperaba para reconocer la evidente derrota. En el bunker de Cambiemos se percibía cierto fastidio y se advertía que si la demora se extendía, sería el propio Macri el que saliera primero a proclamarse vencedor. Los datos que manejaban les daban una ventaja de 5 puntos en la provincia de Buenos Aires.

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Finalmente el gobernador bonaerense dio su discurso, tras lo cual, mientras en Costa Salguero el presidente electo festejaba, se produjo una llamativa disminución de la diferencia, conforme se daba vuelta la elección bonaerense. Llegó a decirse incluso que la consigna oficial era que 'el ganador no podía superar la barrera del 54'.

Atenta a lo que el escrutinio mostraba, Elisa Carrió advirtió por Twitter: '¡Ganamos, pero nos están quitando votos en el Correo!'. Fueron varios los que se lo dijeron al propio Macri esa misma noche, pero el ya presidente electo los frenó con la cuota de sosiego que viene mostrando en los últimos tiempos, aclarándoles que habían ganado y que si se embarraban en el terreno de las denuncias, no harían más que minimizar el efecto de la victoria.

Situación distinta pero en esencia similar: cuando se produjo la polémica elección en Santa Fe que terminó perdiendo impensadamente Miguel Del Sel, el propio Macri ordenó frenar las acciones legales convencido de que alargar la discusión no hacía más que exacerbar esa derrota.

'Un balotaje se gana por un voto', fue el razonamiento que se impuso y por eso tomaron en el PRO como 'ridículas' las expresiones de Aníbal Fernández que concluyó que 'salimos prácticamente empatados'. ¿Qué quiere, que repartamos los ministerios?, se preguntaron molestos en el macrismo.
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Amén de lo ajustada que terminó siendo la diferencia del balotaje, en el propio oficialismo daban por descontada desde hacía varios días la derrota, conforme lo que decían las encuestas. Por eso hablaban de esperar al día después para comenzar a ver de qué manera comenzaría a replantear el peronismo su reestructuración. Amén de lo que se propusieran los gobernadores, se estimaba que una clave estaría en ver de qué manera reaccionaría el Congreso en la semana, con sesiones previstas para el miércoles (Senado) y jueves (Diputados). No tuvo importancia lo de la Cámara alta, que dio ingreso a los pliegos de los dos nombres propuestos para la Corte Suprema por este Gobierno; una formalidad que no avanzará. Y además, habilitó el tratamiento formal de una serie de pliegos de jueces, fiscales, defensores oficiales, diplomáticos y militares, cuyo tratamiento quedaría para la próxima administración. Eso sí, aprobó la ley para crear una bicameral que investigue la complicidad de las empresas con la dictadura, pese el rechazo de los senadores macristas y radicales.

Diferente era en Diputados, donde la oposición pidió el lunes al presidente del cuerpo no avanzar con normas que comprometieran a la futura administración, lo cual fue rechazado por el oficialismo, actitud que fue en línea con la demostrada por la Presidenta durante la breve reunión que le concedió en Olivos al elegido para sucederla.

La oposición esta vez directamente no ingresó al recinto, a diferencia de lo sucedido en la también polémica sesión anterior en que se retiró, ante la imposición kirchnerista de votar los auditores camporistas. El Frente para la Victoria estuvo esta vez muy ajustado en la obtención del quórum, con ausencias propias notorias y las de aliados hasta ahora infalibles, como los santiagueños, pero contó con la asistencia de la izquierda, seducida por el kirchnerismo con la oferta de aprobar proyectos como la creación de Yacimientos Carboníferos Fiscales, la expropiación del Bauen o resarcimientos varios para ex trabajadores de diversos sectores.

Fue una verdadera exposición de fuerza del kirchnerismo, que sirvió para que la Presidenta demostrara que sigue manteniendo su poder de fuego hasta el final, aunque por lo bajo varios de los propios oficialistas se mostraban contrariados por esa actitud que los expuso malamente ante la sociedad. Más allá de que en su mayoría se trataba de beneficios para trabajadores, el argumento de la oposición tenía sentido: la creación de la empresa Yacimientos Carboníferos Fiscales supone un desembolso de 5.000 millones de pesos que no están en el Presupuesto 2016; mientras que el beneficio para ex empleados de Gas del Estado implicará una erogación de 1.160 millones. Y son solo dos ejemplos de los muchos incluidos dentro del casi centenar de proyectos aprobados.

Con todo, el kirchnerismo no pensó que le costaría tanto sancionarlos, y tras haber perdido el quórum, por primera vez en doce años vivió la situación de estar al borde de una inédita derrota. En el camino se habían ido tres diputados de La Rioja, uno de los cuales había reasumido ese mismo día -llevaba más de dos años de licencia por ser ministro provincial-. Esa misma mañana el gobernador electo de La Rioja había sido uno de los mandatarios que se reunieron con Mauricio Macri: una señal de por donde y cómo avanzarán las negociaciones en el Congreso que viene.

La pírrica aprobación del centenar de proyectos no implica que todos sean ley. De hecho, la mayoría y los más controvertidos son medias sanciones. Falta que completen su recorrido en la Cámara alta y para eso la Presidenta les pidió el jueves a los senadores -al recibirlos en la quinta presidencial- un último esfuerzo, sesionando el 9 de diciembre, un día antes del recambio presidencial. Y si bien allí el oficialismo suele estar más holgado, ya esta última semana se advirtieron rebeldías al fracasar el FpV dos veces en su intento de emitir dictamen para el proyecto de ley de Juventudes, impulsado por La Cámpora, que ya tiene media sanción de Diputados.

De todos modos, si esa catarata de proyectos es convertida en ley el nuevo Presidente podría vetarlas, o bien no promulgarlas. A menos que la Presidenta tenga preparada como sorpresa de despedida la publicación de las mismas en el Boletín Oficial al día siguiente. El mismo día de su adiós formal al poder.

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