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Boxeo
01 | 12 | 2015
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Boxeo año verde

Gustavo Nigrelli
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Por Gustavo Nigrelli


La floja actualidad del boxeo argentino exige hacer un reseteo, una limpieza global para volver a encontrar el Norte perdido. Y en esa búsqueda, no vendría mal armar un modelo que sirva de guía para recuperar su fuente, o tener en claro lo que se pretende de este deporte para que vuelva a brillar como supo hacerlo.

Boxeo año verde
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En la época dorada del boxeo argentino, allá por los años '60 y '70, la gente hacía cola para sacar la entrada al Luna Park. Y en la propia cola se enteraba de quién iba a pelear esa noche.

No es un ataque de nostalgia, pero tan lejos estamos hoy de eso, que de repente invaden los recuerdos, y con éstos, un inaceptable escepticismo.

Es que comparado con lo que está pasando últimamente en nuestro boxeo de cada día, todo hace pensar en el Apocalipsis. Y de inmediato en recetas mágicas, manotones de ahogado, o teorías salvadoras que atenúen los males, corrijan rumbos, u operen un renacimiento.

Desde los yerros reglamentarios, la sangría de púgiles al exterior, las pésimas programaciones, los malos resultados, los malos fallos, la decadencia de figuras y de valores éticos y morales, entre otras cosas, se ha producido un combo letal del que da la sensación que no se vuelve. No al menos indemnes, ni enteros. Y mucho menos, como otrora.

Hay quienes –quizás ya acostumbrados, o peor aún, resignados a aceptar las cosas como están- impotentes, o entregados al statu quo, intentan negar la realidad, o disfrazarla. Y preguntan cómo debiera ser el boxeo argentino para que esté saludable, o nos satisfaga por completo.

El problema es que cuando eso parte de sectores dirigenciales, de poder, o empresariales, la cosa toma un color oscuro que excede el alerta roja.

Nos proponemos entonces imaginar un panorama de cómo debiera ser el boxeo para que se lo considere bueno, o en auge. El boxeo ideal, que no difiere de lo que tendría que ser el normal. Y por qué no, invitar al lector a agregar a la lista las apetencias que se les ocurra.

Incapaces de proponer el "cómo", detallar el "qué" sería el mayor aporte desde este sector del teatro. Pues entonces, que estas desordenadas premisas se tomen a modo de improvisada maqueta, como un arquetipo al que se aspira a llegar:

a) Que haya muchas más peleas semanales.

b) Que haya mucha más cantidad de púgiles profesionales.

c) Que haya mucha más cantidad de figuras a nivel local en cada categoría, al punto que cueste armar un ránking, no por escasez, sino por abundancia.

d) Que se enfrenten entre sí esas figuras en grandes veladas nacionales, al menos 2 por mes, intercaladas.

e) Que pueda alguien (promotor, entidad, programador) disponer de todo el plantel de púgiles existentes a lo ancho y largo del país para armar peleas, especialmente en el festival "de cabecera"  televisado, sin tener que luchar contra los promotores que dividen el boxeo en escuderías, y lo sesgan impidiendo que se midan sus figuras entre sí, o con las del otro, trayendo para las suyas siempre a alguien más débil, empobreciendo los festivales, o haciéndolos previsibles.

f) Que nunca falten ciclos televisivos, al menos uno fuerte por semana.

g) Que haya muchos campeones mundiales y super figuras de nivel internacional. Y a la vez, muchas peleas de títulos mundiales, no importa si acá o afuera. Si es repartido, mejor.

h) Que haya mucho dinero y sponsoreo, o un main sponsor que permita pagar buenas bolsas y llevar a cabo tales peleas. Si es posible, que no sea de la política ni de los sindicatos, sino empresas multinacionales.

i) Que vuelvan las grandes coberturas periodísticas en los medios gráficos.

j) Que haya muchos púgiles amateurs, de gran nivel, que salgan y compitan afuera cumpliendo el calendario AIBA con resultados. Que se consiga alguna medalla olímpica. Que Argentina vuelva a ser potencia amateur como otrora y el boxeo el deporte de referencia a nivel olímpico.

k) Que se llenen los estadios y de ser posible, vuelva a haber boxeo en el Luna Park de vez en cuando.

l) Que no haya más fallos ni arbitrajes localistas, o malos. Que los jueces y árbitros sean realmente sabios y neutrales pelee quien pelee, para el promotor que fuere, y en el lugar que fuere, sin favoritismos.

ll) Que vuelvan los grandes maestros a los gimnasios, no como rebusque, o por no tener otra opción después de boxear. Que su enseñanza sea realmente fruto de la sabiduría y experiencia, en pos de la formación y aprendizaje del púgil, no pensando en su bolsillo y futuro económico.

m) Que se respeten las reglas, los ránkings, y se enaltezca y prestigie el título argentino. Que el sudamericano recupere la fuerza de otrora, con ránking propio. No a los títulos regionales, al menos como ahora, sin seriedad, devaluados, irrespetados, y sin ránking.

Son algunas de las cosas que se nos ocurren como para sentir que nuestro boxeo está realmente bien. Quizás haya más, pero con éstas, o algunas de éstas, nos conformaríamos. ¿Mucho pedir? ¿Demasiado utópico? ¿No debiera ser lo natural?

Revisemos cuántas de las expuestas se cumplen hoy en día, y saque cada cual sus conclusiones  comparando a qué distancia estamos, evaluando si podremos recuperarlas o no, y de ser así, de qué forma.

Entonces cobraremos más conciencia aún de la actualidad, de cuánto nos desviamos, y hacia dónde estamos yendo.
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