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Fútbol
02 | 12 | 2015
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Arbitros: peor imposible

Eduardo Verona
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Por Eduardo Verona


La aventura que vienen emprendiendo los árbitros sumando horrores a la hora de dirigir los partidos, encontró ahora con el dúo Laverni-Navarro a otros protagonistas no deseados que le permitieron convalidar un gol ilegítimo a Lanús por una posición adelantada flagrante, en el cruce ante Gimnasia. El desconcierto y la ineptitud abrumadora de los árbitros jaquea al fútbol argentino.

Arbitros: peor imposible
Foto: Santiago Viana
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   ¿Hasta cuándo hay que bancarse la ineptitud galopante de los árbitros argentinos? ¿Hasta cuándo hay que soportar que los árbitros terminen decidiendo el rumbo y el resultado de los partidos? ¿Hasta cuándo hay que escuchar las excusas y las justificaciones de árbitros incapaces de asumir en plenitud errores imposibles de digerir? Cerca, demasiado cerca quedó el desastroso desempeño de Diego Ceballos y el línea Marcelo Aumente en la final entre Boca y Rosario Central por la Copa Argentina. Aquella noche desangelada en Córdoba, el tándem Ceballos-Aumente definió todo a favor de Boca. Hoy ambos están suspendidos.

   El pasado sábado, en Lanús-Gimnasia, Saul Laverni y el asistente Cristian Navarro, protagonizaron otro escandaloso arbitraje. El gol de Lanús conquistado por Maxi Velázquez (cinco jugadores de Lanús estaban en clarísima posición adelantada, aunque Navarro lo relativice subestimando y pretendiendo confundir a todos) a 7 minutos del cierre del partido, expuso una vez más el nivel general que por estos años ubica a los árbitros argentinos en el escalón más bajo de la historia.

   El dúo Laverni-Navarro es un emergente de la crisis terminal del arbitraje argentino que parece empeñado en llevarse puesto todo y en no advertir la verdadera dimensión del daño que están provocando. Y de las secuelas que ese daño promueve.

   ¿Qué tendrían que advertir los formadores de árbitros, los árbitros y el Colegio de Arbitros que insólitamente está conducido por el presidente de Racing, Víctor Blanco, un verdadero paracaidista en la función? Que ya superaron todos los límites. Que peor no se puede dirigir. Que están jaqueando al fútbol argentino. Que en cualquier momento y en cualquier partido pueden armar un zafarrancho infernal desconociendo el reglamento y la interpretación del reglamento. Que no son confiables. Que no son solventes. Que no son creíbles.

   Repiten los árbitros, como en las últimas horas lo hizo Laverni, que "somos humanos y nos podemos equivocar como cualquiera". La frase instalada como un lugar común no aporta nada sustancial. Es una pavada de manual. Nadie piensa que los árbitros son seres extraterrestres. Nadie imagina que provienen de alguna galaxia más cercana o más lejana. Nadie sospecha que pueden ser zombies que llegaron a la Argentina con el propósito de sumarle más problemas a todos los problemas estructurales del fútbol nacional.

   Por supuesto que son humanos. Y por supuesto que los humanos nos equivocamos. ¿Pero tanto? No son cositas que se les pasan por alto. Son vulgaridades que los árbitros naturalizan como errores inevitables. O como simples errores de observación que habría que pasar por alto en virtud de las presiones a los que son sometidos.

   La realidad que estalla a los ojos de cualquiera que frecuente el fútbol es que los árbitros están a la deriva. Sujetos a todos los microclimas. Subordinados a las voces del desconcierto. Porque esto es lo que transmiten diariamente: un absoluto desconcierto. A la hora de dirigir. Y a la hora de declarar. En el marco de ese desconcierto ingobernable que los viene persiguiendo desde hace años, lo único que intentan es seguir zafando. Pero no zafa nadie, por más que el ambiente ayer le haya arrojado flores a Germán Delfino y hoy a Patricio Loustau.

   No se salva nadie del naufragio. Son víctimas del sistema y victimarios del sistema. Protagonistas no deseados. Esta vez Laverni-Navarro (también suspendidos), salieron a escena. Convalidaron un gol ilegítimo que los debería avergonzar, en lugar de buscar un atajo para transferir responsabilidades.

   Laverni, desde la soberbia y el autoritarismo que siempre lo caracterizó, dice que el arbitraje argentino "es bueno". Se está autocalificando. Las conclusiones están a la vista.   
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