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Panorama político
06 | 12 | 2015
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Escenas finales de un poder que se despide

José Di Mauro
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Por José Di Mauro


Los últimos días de Cristina en el poder que detentó junto a su esposo durante doce años están marcados por decisiones que impactan sobre el gobierno que la sucederá. Una insólita pulseada final donde nadie da el brazo a torcer.

Escenas finales de un poder que se despide
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A sí como dos días después de la victoria de Sergio Massa sobre el kirchnerismo en 2013, la Corte Suprema dio la nota neutralizando en parte ese efecto electoral con la constitucionalidad de la Ley de Medios, el martes siguiente del triunfo de Mauricio Macri en el balotaje generó escozor dentro de la fuerza triunfadora con otro fallo, en el que le daba la razón esta vez al reclamo de tres provincias por una reducción de su masa coparticipable, obligando al gobierno a devolver 45.000 millones de pesos. Felices como estaban, los macristas puros preferían al día siguiente no empañar el festejo amargándose a cuenta; más moderados, sus socios radicales sí advertían el tema como un problema de proporciones severas.

'La cuestión no pasa por la deuda', aclaró ante DIARIO POPULAR una legisladora radical a punto de asumir funciones ejecutivas en su provincia; se sabe que esas cuestiones se resuelven con bonos. 'El problema está en si se hace extensivo al resto de las provincias, cosa que seguramente va a pasar, porque así se desfinancia el sistema previsional', concluyó la legisladora, que evocó a continuación el comentario irónico que acababa de escuchar de un sonriente Miguel Pichetto: 'Es la bienvenida que les da el Partido Judicial'.

De todos modos, ese fallo involucraba solo a tres provincias y en el peor de los casos le restaba a la próxima administración un elemento para las negociaciones que pretende encarar con los gobernadores. Lo grave vino después, cuando la Presidenta rompió una línea de conducta histórica de los Kirchner en cuanto a desoír mandatos de la Corte Suprema: no solo acató el fallo, sino que lo amplió al resto de las provincias.

Ese DNU se publicó cuando todavía no ha sido difundido el acuerdo entre YPF y Chevron como le ordenó también el Tribunal Supremo. Tanto la difusión de esa información, como la regularización con las provincias quedarán para el próximo gobierno. Así y todo, no es la mayor preocupación de Cambiemos, que presume que podrá invalidar ese DNU, ya que reglamenta cuestiones impositivas, lo cual está vedado para los decretos. Si no lo hace el próximo gobierno a través de otro decreto, lo hará cualquier juez.

Lo cierto es que ese accionar presidencial va en línea con otras actitudes que ha venido adoptando el gobierno saliente en sus últimos días, y que va desgranando periódicamente por diversas vías. Una muestra fue la megaaprobación de proyectos en la última sesión de la Cámara de Diputados, o la anterior elección de auditores camporistas. Aunque en ambos casos le fue mal: la justicia frenó el ingreso de Julián Alvarez y Juan Ignacio Forlón a la AGN, y de los 96 proyectos aprobados en la Cámara baja el Senado solo convertirá uno de ellos en ley, la próxima semana. Ese es otro dato de fin de ciclo: la Cámara alta, donde el FpV es mayoritario, se ha mostrado más refractario a las imposiciones presidenciales del último tiempo, y sólo prosperará en el recinto el proyecto que crea Yacimientos Carboníferos Fiscales.

En ese mismo sentido debe interpretarse la insólita polémica generada en torno al traspaso presidencial. Cualquiera que se precie de conocer al kirchnerismo podría apostar seguro que el gobierno no dará marcha atrás en su intención de llevar la ceremonia de entrega del poder al Congreso de la Nación. Pero el próximo gobierno, a pesar de la conocida etapa zen que embarga a su líder, no parece dispuesto a dar el brazo a torcer en ese tema. Si bien se ha mostrado dispuesto a dar marcha atrás en determinadas cuestiones como las designaciones de Jorge Lawson como ministro de Trabajo, o Juan Cruz Avila en Políticas Universitarias, no lo hará en la decisión de recibir los atributos presidenciales en el Salón Blanco de la Casa Rosada.

Mauricio Macri piensa que como presidente designado le asiste la razón y que este cortocircuito afecta enteramente a Cristina. Dar el brazo a torcer sería para él empezar su mandato con mal pie.

Miembros del propio gobierno que por estos días se han avenido a compartir encuentros con quienes en menos de una semana ocuparán sus cargos, ven preocupados esa obcecación, aunque les sorprende menos que al resto de los mortales. Y ya son muchos los que piensan en serio que la posibilidad de que sea el presidente de la Corte Suprema quien le entregue el bastón presidencial y ponga la banda a Mauricio Macri es cada vez más concreta.

Amante de los símbolos, Cristina Kirchner se daría el gusto así de no estar ni un momento en la Casa Rosada como ex presidenta. Que no espere Macri tampoco que lo visite allí durante su gobierno.

La prevención del presidente electo respecto de compartir la ceremonia de entrega del poder con la mandataria saliente en el Congreso, tiene como antecedente el destrato que se acostumbraron a sufrir -desde los palcos poblados por militantes- los legisladores de la oposición durante el tratamiento en Diputados de cada ley 'emblemática' impulsada por el kirchnerismo.

Con todo, pensar que Cristina Fernández ha perdido su poder de fuego sería exagerado. Puede alardear en cambio de haberse mantenido al mando hasta el final. Dan cuenta de ello los gobernadores. Contra la convicción de que pasadas las elecciones podrían animarse a disputarle el poder a Cristina, la última semana no dieron muestras en ese sentido. Convocados a almorzar a la Casa de Gobierno, los gobernadores llevaron dos nombres para ocupar algunos puestos con sus pares. Querían al sanjuanino José Luis Gioja como presidente del bloque de Diputados, y al jujeño Eduardo Fellner al frente de la AGN.

Pero en la comida no hubo rebeldías y la Presidenta impuso a Ricardo Echegaray en lugar de Fellner, y a Héctor Recalde para suceder a Juliana Di Tullio en la Cámara de Diputados.

En esa Cámara juraron el viernes los nuevos diputados y en las gradas pudieron verse las muestras militantes que el nuevo gobierno prefiere evitar para la jura del próximo jueves. La Cámpora organizó una fiesta para la asunción de su líder Máximo Kirchner y un puñado de sus miembros evocaron 'a Néstor y Cristina' con fiel devoción en sus juramentos. Pero ese cuerpo cambia sustancialmente ahora hasta geográficamente: el Frente para la Victoria pasará a ocupar el lado izquierdo del recinto.

Hay dudas de cuando se comenzará a ver esa disposición, pues no hay precisiones sobre si Mauricio Macri convocará a extraordinarias. En la presentación de su Gabinete no dio precisiones sobre el tema, aunque muchos daban por hecho el inminente llamado al Parlamento para tratar una serie de leyes con las que el nuevo gobierno quiere arrancar: Ganancias, retenciones, etcétera. Sin embargo las dudas tienen que ver con lo que los propios legisladores que conformarán en pocos días el oficialismo le han transmitido a las nuevas autoridades, según confiaron a este medio fuentes radicales. Todavía tienen que verificar algo elemental: con qué disposición cuentan para conseguir el quórum, que a partir de ahora será su entera responsabilidad.

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