martes 6.12.2016 - Actualizado hace
Fútbol
07 | 12 | 2015
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Racing: prendiendo velas

Eduardo Verona
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Por Eduardo Verona


Pasó Racing. Y se quedó afuera Independiente de la Copa Libertadores. Estos son los datos objetivos. Lo subjetivo es que Racing volvió a jugar en un nivel muy discreto, dependiendo de los pelotazos a Bou y de las atajadas de Saja, aunque le hicieron dos goles en el palo que debía defender. Independiente superó a su rival en elaboración y llegadas. El árbitro Loustau fue permeable al microclima.

Racing: prendiendo velas
Foto: José Brusco
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   Hay dos escenarios para analizar un partido: desde el resultado o desde el juego. El resultado es siempre inobjetable. El que ganó, ganó. El que perdió, perdió. Y punto. No hay mucho más. Es la dictadura de los números. En el fútbol esa dictadura se extendió como una mancha venenosa. Y se identificó como el resultadismo. Es la exaltación suprema de la victoria. Y la condena de la derrota.

   Mirar el juego ya es otra historia. Es abrir ventanitas y ventanales para quedarse con rendimientos, jugadores, jugadas, llegadas, elaboración, recursos individuales y colectivos, calidades, manejo de los tiempos y quizás, merecimientos, aunque este último rubro suele ser bastardeado por los tecnócratas en nombre de la eficacia en el área propia y en el área ajena.

   Pasó Racing y clasificó a la Copa Libertadores 2016 por diferencia de goles. Independiente se quedó afuera. ¿Fue mejor Racing que Independiente durante los 180 minutos de los dos partidos? No, de ninguna manera. Pero en el plano de los resultados que obtuvo de visitante y de local, anotó un gol más que Independiente: 3 para la Academia y 2 para el Rojo. ¿Y entonces? ¿Hay que acomodar las interpretaciones porque Racing logró su objetivo? ¿Hay que decir que aquel que gana siempre es el mejor para no quedar en posición adelantada, teniendo en cuenta el peso de las cifras? ¿Hay que encontrarle virtudes ocultas al que en el marco de las sumas y restas sacó una pequeñísima ventaja que terminó siendo definitoria? ¿Hay que dorarle la píldora y reconocer que fue superior al adversario, cuando en realidad no lo fue?

   El mérito de Racing fue incuestionable. Ganó afuera 2-0 y cayó de local 2-1, cuando su adversario estaba con 9 jugadores, por las expulsiones de Méndez (absurda e injusta la tarjeta roja que le sacó Patricio Loustau) y Ortíz, bien sancionado. Este fue el mérito excluyente de Racing. Este fue el foco que alumbró su clasificación. Porque en las circunstancias del juego y todos sus matices, fue inferior a Independiente, que por otra parte no construyó una gran producción. Pero convirtió a Saja en la figura del partido.

   ¿A qué quiso jugar Racing en su estadio? Al contraataque para la velocidad y la potencia de Bou, que en varias oportunidades y sin compañía, resolvió bien y desequilibró con naturalidad. Había anunciado Diego Cocca (dirigió su último partido en la Academia) antes del clásico que no iban a cambiar su identidad, "porque atacar está en nuestro ADN".

   Vendió humo Cocca. Hace ya demasiado tiempo que dejó colgado en un perchero la circulación y la elaboración. No le interesa, aunque después a la hora de las declaraciones tenga un discurso donde privilegia los contenidos ofensivos. La verdad es que Racing vive del contraataque, aunque los 3 goles que le haya convertido a Independiente no hayan sido producto del contragolpe. Pero el contraataque expresa su línea de acción. Y su búsqueda permanente, que entre otras particularidades le permitió salir campeón en el segundo semestre de 2014.

   Independiente tenía que ir al frente para descontar el 0-2 del primer cruce. Y fue al frente con determinación, a pesar de todos los contratiempos que padeció durante la semana, hasta cerrar con el inexplicable accidente doméstico que acusó Vera horas antes de concentrarse y que lo marginó del partido. Mauricio Pellegrino, por esas horas, caminaba por las paredes. Y hasta amenazó seriamente con ponerle punto final a su ciclo en Independiente después de un par de entrenamientos donde advirtió falta de compromiso para encarar una instancia decisiva. A esto se le sumó la extraña lesión de Vera. Independiente daba todas las señales de ir camino a una boleta con efectos de alto impacto que hubieran precipitado la renuncia del entrenador.

   Pero creció Independiente en la gran adversidad. Y aunque en el segundo tiempo no tuvo el protagonismo que si manifestó en la primera etapa cuando le generó media docena de situaciones de gol que varias de ellas frustró Saja, siempre apostó por el juego y la llegada masiva, tocando con paciencia para encontrar los espacios.

   ¿Qué le faltó? Mayor agresividad y precisión en los últimos metros. La agresividad y la precisión se la dan los intérpretes. No los técnicos. Ni el voluntarismo. Ni las palabras previas o posteriores. Ese déficit lo pagó muy caro, por encima de las intervenciones de Saja, que es un arquero que en la última etapa de su carrera demostró que gana puntos. Independiente, en cambio, con el Ruso Rodríguez tiene a un arquero del montón. Que da rebotes al medio del área. Que no sale nunca a cortar una pelota parada. Que transmite inseguridad. Y que acostumbra a quedarse congelado cuando un rival se eleva y cabecea. Esa diferencia en el nivel de los arqueros, también influyó claramente en la chapa final de los dos encuentros. Subestimar o relativizar esos aportes tan distintos sería invisibilizar lo que se reveló en la cancha.

   El 2-1 de Independiente le quedó bien al desarrollo. E incluso, Cuesta tuvo la chance en el cierre de clavar el tercero, con dos hombres menos. ¿Patricio Loustau? Le gusta demasiado protagonizar los partidos. Lo seducen las luces. Pero se equivoca con una perseverancia (no deseada) notable. Ve lo que no existe. Se subordina a los entornos. Y lo alteran los microclimas. Por eso y no por una acción violenta, expulsó a Méndez. Habría que recordar que Loustau es un árbitro de este tiempo crítico del fútbol argentino. Uno más. Eso sí: tiene buena prensa. Aunque muchos de sus fallos van a contramano de lo que sucede, sobreactuando un perfil de autoridad y conocimiento que no acredita.   
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