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08 | 12 | 2015
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Cuando los perros ayudan a curar a las personas

Graciela Pitta
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Por Graciela Pitta


La ancestral relación entre perros y hombres creció tanto que desde hace algunos años los animales comenzaron a interactuar en la asistencia terapéutica. Los adiestradores se ocuparon de prepararlos y hoy existen perros de terapia y de visita, que son los que acompañan temporalmente a personas que están atravesando por un proceso de rehabilitación física o psicológica.

Cuando los perros ayudan a curar a las personas
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Tanto los perros de terapia como los de visita brindan compañía y afecto a las personas. Sin embargo, las características y objetivos de estos dos tipos de perros son diferentes.

Los perros de terapia, según indican los especialistas, forman parte de un programa terapéutico a través del cual se busca la rehabilitación de una persona, y se utilizan como herramientas terapéuticas considerándolos dentro del plan de rehabilitación. Por eso, generalmente interactúan con una sola persona por vez, y esa interacción es planificada y supervisada por un terapeuta profesional.

En cambio los perros de visita, son animales que asisten a lugares en los que la gente necesita afecto y compañía, tales como hospitales y residencias geriátricas. En esos lugares pueden interactuar con varias personas y no necesitan los lineamientos de un plan de rehabilitación, ya que en numerosas oportunidades realizan visitas a personas que no están en terapia, como por ejemplo a los abuelos de las residencias geriátricas. En ese caso simplemente ayudan a mejorar su calidad de vida a través de la compañía y el afecto.

En general los perros de terapia y los perros de visita producen el mismo efecto sobre las personas a quienes ayudan, pero en el primer caso su función es estructurada y persigue un objetivo concreto que es ayudar a gente que atraviesa momentos difíciles o a personas con necesidades especiales.

También están los perros de asistencia, que cumplen funciones muy diferentes, debido a que ayudan a personas con limitaciones físicas a realizar cosas que no podrían hacer sin ayuda. Los perros destinados a esta noble función, reciben un adiestramiento excepcional y cumplen funciones de lazarillo, apoyo a personas sordas, ayuda a parapléjicos o ciegos, entre otras problemáticas. En algunos países, los perros de asistencia están amparados por las leyes, para acompañar a sus propietarios e ingresar con ellos a cualquier parte. En cambio los perros de terapia brindan su apoyo principalmente a través de su presencia y el afecto que entregan. Sin embargo éstos no tienen reconocimientos especiales para ir a cualquier parte, ya que sus propietarios no los necesitan para desenvolverse normalmente.

En general la terapia con animales puede ayudar a mejorar distintas problemáticas como por ejemplo a desarrollar empatía. Los pacientes suelen tener mayor facilidad para desarrollar empatía hacia el perro que hacia el terapeuta. En el mediano plazo, esto ayuda a mejorar la capacidad de comunicación.

Los perros favorecen la relación con el entorno, sobre todo en los casos en los que las personas tienen dificultades para relacionarse, o rechazan cualquier relación. Los perros de terapia y en este caso también los de visita, sirven como un puente inicial para mejorar o desarrollar una relación. Esto suele ocurrir con personas muy introvertidas, con depresión y con determinadas patologías neurológicas. La presencia de los perros hace que la terapia se perciba como una actividad menos formal y más relajada y ayuda a reducir la resistencia a la terapia que puede surgir cuando el ambiente es muy formal, según indican los especialistas.

En general, la mayoría de las personas sienten poca o ninguna presión social al interactuar con perros, porque saben que los animales no emiten juicios de valor según la apariencia, color de piel, estado financiero o civil. Por lo tanto, es frecuente que los pacientes se relajen y desinhiban al interactuar con los perros u otros animales presentes durante la terapia.

Además las terapias con animales ayudan a romper la rutina. Esto ocurre más cuando se trata de perros de visita que de terapia. Cuando la gente no tiene mucha actividad en su vida diaria, como en el caso de las personas que viven en algunos geriátricos, la presencia ocasional de un perro puede ayudar a romper la rutina y a entretenerlos, además de brindarle contacto físico, que es importante para el bienestar emocional.

TIPS
-Alimentos balanceados. Los alimentos balanceados poseen proteínas, vitaminas, minerales, lípidos e hidratos de carbono que evitan diarreas, favorecen la digestión y fortalecen los músculos y el pelo.

-¿No quieren sorpresas? A los felinos no les gusta ser sorprendidos, por lo que chistar, aplaudir, o decir que no, detendrá el comportamiento. Aunque es algo que funciona si la persona está al lado.

-Los perros que babean mucho, como la mayoría de los boxer, o que pierden mucho pelo, como los husky siberianos, pueden causar alergias y por eso no ser aptos para visitar hospitales o residencias geriátricas.


Las razas que mejor se adaptan para hacer esta tarea

Es importante reconocer que los perros promueven la socialización entre las personas. Es mucho más fácil que dos desconocidos empiecen a hablar si al menos uno de ellos tiene un perro. Además, está comprobado que la presencia y el contacto con perros ayuda a reducir la presión arterial y el estrés y estimulan la motivación.

Cualquier raza puede desempeñarse bien como perro de terapia, y según el carácter de cada perro, dependerá si es apto para que sea de terapia o de visita.

Por ejemplo, las razas muy activas y nerviosas pueden resultar problemáticas porque la gente a la que visitan no puede seguir el ritmo veloz y alocado de los perros. Es así que el border collie, el pastor belga malinois, el doberman o los galgos no se ven con mucha frecuencia como perros de terapia. Sin embargo, algunos perros de caza, como el golden retriever y el perro labrador, pueden dar buenos resultados después de haber superado la adolescencia. Por otra parte, hay que tener en cuenta que algunas razas de perros de trabajo pueden causar miedo a las personas que debieran ayudar. Por ejemplo, el mastin napolitano, el rottweiler o el perro pitbull pueden asustar a la gente. Aun cuando existen perros de esas razas que cumplen funciones de perros de terapia, no son muy comunes porque la gente se asusta, no porque sean perros peligrosos, sino por su apariencia intimidante. Y finalmente, algunos perros pueden ser muy amigables, estar muy bien entrenados y ser adorables, y sin embargo no ser aptos como perros de terapia o de visita.

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