lunes 5.12.2016 - Actualizado hace
Fútbol
11 | 12 | 2015
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El orgullo de Huracán

Eduardo Verona
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Por Eduardo Verona


Perdió en definición por penales en la final de la Copa Sudamericana, pero el duelo por la caída que es intransferible, no puede ocultar todo lo bueno que expresó Huracán a pesar de la suma de adversidades y urgencias que siempre lo acosaron. El equipo siempre dio respuestas. Supo crecer. Y aún sin abrazar la gloria en la altura de Bogotá, su aporte quedará en el recuerdo.

El orgullo de Huracán
Foto: AP / Fernando Vergara
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   La Copa Sudamericana quedó en las manos y en las vitrinas de Independiente Santa Fe. Y Huracán regresó a la Argentina con la inevitable sensación que acompaña a las grandes tristezas. No decepción; tristeza. El duelo deportivo no se puede correr del escenario por decreto. Está ahí. Y va a seguir estando. La medida y la intensidad de ese duelo depende de cada uno y es intransferible.

   ¿Qué le quedó y que dejó Huracán en su recorrido por la Copa? Lo que muy pocos esperaban: la presencia de un equipo que se negó a ser un partenaire de alguien. Huracán fue un protagonista en serio. Aún con sus limitaciones. Aún con sus urgencias para no desatender su marcha en el campeonato doméstico, presionado por un promedio que lo tuvo en jaque hasta la última fecha.

   No ganó Huracán lo que quería ganar. Se quedó en la orilla. Cayendo en la quinielera definición por penales en El Campín de Bogotá. Pero ganó igual, aunque no lo parezca. Desmintiendo una vez más aquella frase desafortunada y falsa de Carlos Bilardo cuando afirmó que "de los segundos no se acuerda nadie".

   Es probable que Bilardo se haya olvidado del subcampeonato que Argentina logró en Italia 90, cuando la épica inigualable de Diego Maradona se resistió a entregarle la Copa del Mundo a Alemania, benefactora de un penal inventado que el árbitro uruguayo (nacionalizado mexicano) Edgardo Codesal les regaló. Pero la gente sigue recordando y tributando a la memoria de aquella Selección nacional que llegó a la instancia final agarrada con alfileres y con las manos mágicas de Sergio Goycochea en la ruleta de los penales.

   De este Huracán humilde y modesto en todas sus estructuras que lideró en el rol de entrenador el ex compañero del plantel, Eduardo Domínguez, nadie se va a olvidar. No porque brindara un fútbol espectacular. No porque contara en el equipo con un talento impresionante de la talla del Hueso Houseman. O de Miguel Brindisi. O del Inglés Carlos Babington. O del Flaco Menotti sentado en el banco construyendo el mensaje futbolero e ideológico que siempre lo distinguió e identificó.

   Aquel Huracán extraordinario y crepuscular de 1973 se instaló como la suma de todas las excelencias futbolísticas, hasta concluir en la conquista de un campeonato que  reivindicó ideales. Aquel otro Huracán estupendo que dirigió Angel Cappa durante el Clausura de 2009 vio frustrado su sueño cuando en la última fecha frente a Vélez le metieron la mano en el bolsillo y debió resignarse al segundo puesto. Esas dos versiones (una más lejana, otra mucho más próxima) siguen operando con una perseverancia notable en la memoria colectiva de los hinchas de Huracán y de otros hinchas que no le cierran los ojos ni la sensibilidad al buen fútbol.

   Huracán cosecha 2014-2015, atrapó la Copa Argentina del año anterior venciendo a Rosario Central y la Supercopa argentina ante River. Esos episodios también explican el último capítulo que protagonizó el Globo en la Copa Sudamericana, más allá del resultado final. Explican las búsquedas y la convicción del equipo. Su temple. Su orgullo. Su fortaleza anímica. Su actitud de cara a las adversidades de todo tipo. Es cierto, parecen lugares comunes. O frases hechas extraídas del folklore del fútbol de todos los tiempos. Pero no lo son. Por lo menos en este caso. Sin esos atributos esenciales para interpretar y leer su realidad, Huracán se hubiera manifestado como un plantel a la deriva a merced de cualquiera.

   En los bordes o en la inminencia de algún abismo, el equipo supo reconstruirse sobre la misma marcha de los acontecimientos. Supo crecer, en definitiva. Por eso la caída en la altura de Bogotá no ofreció ningún flanco para que se perfilara una crítica por lo que pudo haber hecho y no hizo. Hizo lo que pudo hacer. Es verdad, no abrazó la gloria. No trajo la Copa en el vuelo de regreso. Pero derrotó los límites que les pusieron todos.

   Y esto, precisamente, denunció la grandeza de Huracán. Y despertó el reconocimiento de los fieles y de los que tienen tatuada en la piel otra camiseta.    
  
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